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Ramón Ayala: Una guitarra, un sombrero, la anécdota con el Che y la misión de identidad

Karoso Zuetta, Músico y compositor, se refirió a la muerte de Ramón Ayala y recordó algunas anécdotas

sábado 09 de diciembre de 2023 | 15:00hs.
Ramón Ayala: Una guitarra, un sombrero, la anécdota con el Che y la misión de identidad

Por Karoso Zuetta

Músico y compositor

Como todos los misioneros me enteré de la noticia de la partida de Ramón Ayala en la madrugada del viernes y se me pasaron tantas cosas por la cabeza, tantos recuerdos. Algunas cosas las guardo para mí, en mi corazón para siempre. Con Ramón entablé contacto personal en el año 1987 y mantuvimos una relación fluida hasta hace cuatro años cuando vino a Posadas por última vez y luego de eso le enviaba mensajes y nos comunicábamos por medio de su esposa María Teresa.

Ramón es la principal referencia que tuve en la dirección de las cosas que compuse, la música que hice. Fueron muchos bellos momentos, una relación casi de parientes, para mí y para mi familia. Él está presente en nuestra casa, en nuestro estudio está su cuadro; cada vez que ensayamos con Nerina y Eva Luna siempre hay una canción de él que repasamos y estamos siempre mirando y trabajando sobre su obra. Nerina desde chica seguía la obra de Ramón y Eva Luna aunque es muy joven canta sus canciones. Para nosotros él no se muere porque siempre estuvo y va a estar.

En los últimos tiempos, nosotros visitamos siempre las escuelas con la música, y cuando nos encontrábamos con que los estudiantes estaban trabajando sobre alguna canción suya yo le armaba un video y le pasaba, le gustaba saber que las nuevas generaciones conocían su arte. Ramón era un hombre muy motivado por la identidad cultural. Eso era el norte de su vida y lo llevaba a estar muy atento a todo lo que florecía en el campo de la cultura.

Lo conocí a Ramón a través de otro referente muy querido que es Teodoro Cuenca. En ese momento, él me entregó una serie de partituras porque no tenía discos disponibles para compartir. Y yo estudié sus partituras y sus canciones y así comencé a conocerlo. Una madrugada estábamos actuando en un pub musical que había por Tres de Febrero y Bolívar, y Ramón se asomó a la puerta, era como las 3 de la mañana y, lo llamamos y vino y empezó a cantar. Así fue creciendo una relación de amistad y yo soy un agradecido de haberlo escuchado y de conocer su interés y su solidaridad para enseñarnos sus canciones y la valoración que le daba él a nuestros intentos de cantar también a Misiones.

Después de eso siguió un hecho muy importante para mi trayectoria y que habla de su generosidad. Ramón me invitó a ser su telonero en una presentación en Posadas. Y de esa presentación me traje la primera guitarra electroacústica que tuve. Él me dejó una guitarra, una guitarra nacional Avalon, se dio cuenta que yo la necesitaba y esa fue mi primera guitarra electroacústica.

Siempre fue muy atento, muy generoso, muy analítico, muy interesado en el detalle de lo que estábamos buscando desde el arte, de lo que queríamos decir, de lo que queríamos escribir y también muy estricto en cuanto a señalar el camino de la identidad.

Ramón estuvo presente en shows que hicimos en Buenos Aires y desde el público hacía su intervención. Una vez al terminar un concierto me dice que yo por la música que hacía tenía que usar sombrero y me dio una extensa explicación. Desde ese momento uso sombreros para cantar y fui armando mi propia colección de sombreros. Tuvimos muchas charlas, el contenido me lo reservo, pero puedo hablar de la humanidad, la solidaridad de Ramón y su compromiso con la cultura misionera.

A mí me quedó muy grabada toda su prédica, en el año 91 con Ramón y con su hermano Vicente Cidade giramos por varias localidades de Misiones y, la prédica de Vicente fue también muy importante para reforzar todo lo que Ramón tenía como principio cultural y artístico y la función que cumple el arte y la cultura en el contexto de los intereses de una comunidad. Y yo formé ese concepto a partir de ellos, de Ramón y después de Vicente. Y en lo personal también resaltó la ternura que él siempre tuvo con nuestra hija Eva Luna, en general Ramón tenía un cariño especial por los niños.

Tenía también un sentido del humor muy permanente. En las situaciones de tensión o en las situaciones difíciles, él siempre salía con buen humor y con algún chiste, algo que hacía reír y relajaba todo. Tenía una técnica de humor instantánea, repentina, y eso generó un libro de anécdotas. Y en el terreno de las anécdotas, puedo contar una sorprendente. Junto con él tuvimos la experiencia de encontrarnos en la presentación de la película ‘Hasta la victoria siempre’, con el elenco, con la hija del Che Guevara y con el director Juan Carlos Desanzo. Y en esas circunstancias confirmamos algo que él me había contado, que conoció al Che. Y Desanzo nos dijo que en la agenda del Che, en su bitácora donde anotaba todo, ahí estaba la letra de ‘El Mensú’. Y después nos enteramos que colegas de el Che contaban que el Che tocaba más o menos la guitarra y cantaba, y que cantaba ‘El Mensú’. Justamente para esta presentación, Ramón improvisó una canción para el Che, porque él tenía esa capacidad de improvisar muy linda pero cuando llegó la hora de cantar en el escenario se olvidó y salió del paso con otra canción.

De esas más de dos décadas que estuvimos en permanente relación queda de mi parte mucha admiración, mucho aprendizaje, siempre que nos encontrábamos él tenía tiempo para el diálogo, para el consejo, para proyectar algo y también cuando íbamos nosotros a Buenos Aires nos encontrábamos.

Hay que decir que Ramón, así como tuvo momentos de mucho apoyo y mucho reconocimiento, también tuvo momentos en su carrera de mucho ninguneo y de que nadie le reconocía prácticamente nada, y también períodos en los que fue atacado duramente por su obra, sobre todo por el gualambao y nosotros siempre tuvimos claro su enorme obra. Este tránsito de su materialidad -aunque duela- es inevitable en el tiempo y en la realidad de la existencia, pero hay seres humanos que logran trascender este límite y Ramón es uno de ellos.

Sobre el Gualambao
Ya adentrándonos en la creación de Ramón, su obra es inmensa y hasta nos dio un ritmo misionero: el gualambao, que sintetiza toda su inquietud de plasmar en una forma musical y poética el perfil de Misiones, sin copiar, porque él decía “nosotros no necesitamos ser copiones, nosotros tenemos que ser nosotros mismos”.

El gualambao le da una textura rítmica y armónica a la palabra del misionero. A finales de los 80 tuve la oportunidad de que él nos transmitiera personalmente el ritmo, cómo se podía tocar, y lo venimos practicando desde entonces con sus canciones y con canciones que fuimos generando en el tiempo en este ritmo que permite una serie de libertades en la línea melódica y en lo poético y permite la policromía, que es una forma de combinar las armonías de manera siempre novedosa y creativa, es un ritmo que nunca pierde ese sabor nuestro misionero.

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