domingo 25 de febrero de 2024
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La trayectoria de un artista multifacético

Ramón, alma sensible que eterniza el Litoral

Con poesía, música, pintura, el mayor referente de la cultura misionera deja un legado de muchísimo arte que no sólo refleja una época nostálgica sino que se mantiene vigente siemreo

sábado 09 de diciembre de 2023 | 6:04hs.
Ramón, alma sensible que eterniza el Litoral

Nacido como Ramón Gumercindo Cidade, el misionero se destacó desde sus primeros años con una simple mirada. No sólo atravesó distintas disciplinas artísticas con soltura sino como si le fueran naturales y parte de la cotidianeidad. Además, sus amigos y más cercanos destacan algo inequívoco de su personalidad embriagadora: siempre vivía en el presente, aunque fuera, desde chico, un visionario. Es uno de los máximos representantes de la música del Litoral y con 96 años, tuvo una de las trayectorias más extensas en el mundo artístico sudamericano.

En plena pandemia, y ya alejado de los escenarios, decidió recopilar material inédito, editar un nuevo disco y sacar a relucir sus perlitas más misteriosas. Más de 60 canciones inéditas, algunas que no estaban ni escritas afloraron de repente entre fotos, discos de vinilo que comenzó a reeditar y mucha más información para analizar de la que hasta el Conicet quiso ser parte.

Ramón Ayala es reflejo del monte, el río, la Bajada Vieja y mucho más. Por eso es eterno y siempre vigente.

Las letras que delineó en los años 50, las causas que defendió siguen siendo actuales y su muerte sólo glorificará aún más sus hazañas en la larga y prodigiosa vida que cosechó. Compuso centenares de canciones populares.

Tal como reveló Télam al anunciar la noticia de su partida, más allá de los datos biográficos duros sobresalen al menos dos méritos: en un ambiente folclórico en el que irrumpieron en un momento Los Chalchaleros, Los Fronterizos, y tantas formaciones copiadas en espejo hasta el hartazgo, Ayala trabajó en otra línea, más cuidadosa. Así como en Salta y Tucumán se levantaron Eduardo Falú o el Dúo Salteño, en el Litoral, Ramón forjó su propia tradición.

Habrá que computarle, además, que irrumpió en una escena dominada, en el Litoral, por la música correntina y allí también se las arregló para construir un camino propio.

Una vida dedicada al arte
Nació en 1927 en Garupá, frente al río Paraná y en la frontera con Paraguay. Fue el mayor de cinco hermanos.

En la adolescencia, tras la muerte de su padre, se trasladó a Buenos Aires con su madre y se inició, de manera intuitiva, en el aprendizaje de la guitarra.

Acompañó al cantor cuyano Félix Dardo Palorma y, alentado por el maestro Herminio Giménez, comenzó a trabajar el repertorio litoraleño.

A lo largo de los años 50, Ramón formó parte del trío Sánchez-Monjes-Ayala (junto a Arturo Sánchez y Amadeo Monjes), con el que recorrió una amplia variedad de canciones, de las guaraníes a las más porteñas, sin descuidar los boleros.

El surgimiento del gualambao
Hacia 1960 creó el gualambao con la idea de darle un estilo propio y único a su provincia que le significó una lucha constante en defensa de este hito. Una de las más recordadas en este caso fue el contrapunto de ideas que se hizo público en 2009, en el marco del Simposio del Festival del Litoral, con el Chango Spasiuk. Fervientes defensores de la identidad misionera, ambos músicos se debaten en qué consiste en realidad esa identidad. Una idea compleja y siempre en construcción hasta la actualidad.

Para los sensibles como Ramón, el gualambao es el lenguaje del monte, es la traducción de esa selva sonora que late en cada punto de Misiones.

En cuanto a la técnica, el gualambao está formado por dos ritmos de polca encadenados por una permanente síncopa que le confiere una fisonomía particular. Se escribe en compás de 12/8 (doce octavos), es decir que cada compás posee 12 corcheas distribuidas entre 4 tiempos.

En 1962 viajó a Cuba, invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Allí pudo conocer al revolucionario Ernesto “Che” Guevara y comprobar que su canción El mensú había sido cantada en los fogones revolucionarios de la Sierra Maestra durante la Revolución Cubana.

“En 1963 compuse El cosechero, que fue un éxito enorme. Y El jangadero, que Mercedes Sosa cantó como nadie. Desde entonces no paré de componer”, contaba el propio Ayala.

Escribió el periodista Sergio Pujol: “Digamos que ‘El cosechero’ es la metonimia de Ayala: todo su ser está ahí, perfectamente aludido. Están su barroco cuasi tropical, su instinto pictórico, su nervio rítmico, su talento para la melodía. Están el paisaje encarnado, y el hombre vuelto paisaje. Están la libertad del que canta y la condena del que trabaja: Rumbo a la cosecha, cosechero yo seré…”.

Ramón, creador de más de 300 composiciones, grabó en 1976 su primer disco solista, La vuelta de Ramón Ayala El Mensú. Posadeña linda, El río vuelve, Mi pequeño amor, Zambita de la oración, son otras de sus reconocidas obras.

Mucho más que música
Poeta, pintor, Ramón extendió su arte a distintas disciplinas y todos los ámbitos de su vida.

Publicó casi una decena de libros, Cuentos de tierra roja y Canciones, poemas y dibujos, publicados por la Unam (Universidad Nacional de Misiones), Desde la selva y el río, Canciones para curar el alma (poemario inédito), Las historias de la abuela o la Guerra Grande, Juan de los Caminos; Confesiones a partir de una casa asombrada; Génesis del gualambao, entre otros.

Además, desplegó su faceta como artista plástico y con ese ímpetu pintó, dibujó y expuso en múltiples galerías de Argentina, Sudamérica, Europa y Asia.

Incluso su andar por esta tierra quedó documentado en un audiovisual que fue parte destacada del Bafici en 2013.

El documental Ramón Ayala, dirigido por el conocido artista Marcos López seguía a El Mensú por Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Misiones y Paraguay mostrando su carácter y ocurrencias. Es una especie de road movie con elementos de ficción que según explicaron en su momento buscaba contrastar estéticamente la ciudad con el imaginario del creador de Posadeña Linda e incluye testimonios de artistas como Liliana Herrero, el Tata Cedrón, Juan Falú y Charo Bogarín.

Ese mismo año, en una entrevista profunda con este matutino, Ramón destacaba la importancia de conocerse primero antes que conocer el mundo. Según el Mensú, es necesario que “las nuevas generaciones de niños y jóvenes misioneros aprendan primero su propia historia y que luego se lancen a conocer otras galaxias. Porque creo que uno de los principales defectos de nuestra educación es que siempre te enseñan primero quién es el otro y nunca quién sos vos. Se enseña literatura, historia de todo el mundo y muy poco de la nuestra. Hay que invertir ese orden. Primero lo nuestro, lo que tenemos a mano, lo que vemos todos los días en nuestros barrios, y después habrá tiempo para lo de afuera”.

En esa línea, Ramón aclaró: “Con esto no quiero decir que nos encerremos en nuestra casa mirándonos el ombligo y aislándonos de lo que pasa afuera. Por el contrario, en una sociedad mundial tan interconectada, hay que saber aprovechar todo el conocimiento que nos ofrece la actualidad. Pero primero hay que conocer el propio nido. Saber de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos. Si no, nos transformamos en veletas que van para donde corre el viento”.

Sinfónico, versátil y eterno
Con ese mismo espíritu, hace poco más de un año, artistas misioneros decidieron emprender un homenaje en vida a Ramón y cumplirse un anhelado sueño: traducir su música a formato sinfónico.

“Recibo este maravilloso homenaje en mi tierra roja, con todo el afecto y el entusiasmo de seguir celebrando el gualambao. Poder disfrutar de los gualambaos sinfónicos es un deseo que traigo hace años, estoy feliz de poder trabajar junto con este maravilloso equipo de artistas para que se haga realidad”, expresó Ramón Ayala a través de sus redes sociales, en la previa de la presentación del espectáculo que tuvo su eje en el Teatro Lírico y previamente se replicó en el Centro Cultural Kirchner, con un emocionado Ramón presente.

Ya las circunstancias de su frágil salud, a pesar de mostrarse con altiva vitalidad, no permitieron que el disfrute de este sueño fuera en vivo en su tierra.

Una potente orquesta dirigida por el maestro Nicolás Albornoz, y con los arreglos de Juan de Dios Rivas y Gonzalo Bobadilla Oliva, el foco del concierto estuvo puesto netamente en nueve gualambaos elegidos especialmente por Ramón para la ocasión. Su socio artístico de más de cuatro décadas, Cacho Bernal, percusionista creador del método percutivo para el gualambao, se sumó al homenaje.

‘‘Concretamente se trata de cumplirle el sueño a Ramón y que esto también le redunde en beneficios económicos que necesita, teniendo en cuenta que siempre fue un gran trabajador y que en estos últimos tiempos por pandemia y salud no se está pudiendo desarrollar’’, había explicado entonces Joselo Schuap, músico y funcionario, a quien Ramón le encomendó esa tarea.

En total más de 30 músicos en escena coordinaron en tiempo récord, para poder hacer este sueño realidad que hoy es una joya que se puede seguir disfrutando en las redes y seguir replicando a futuro en teatros del mundo.

Premiaciones en vida
Con todo este bagaje artístico el músico misionero recibió innumerables reconocimientos a lo largo de su trayectoria entre los que se destacan ser Ciudadano Ilustre de varias ciudades, el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de Misiones (2013), Premio Unesco para el Desarrollo de la Cultura (1990), premio Música Popular Argentina, otorgado por la Biblioteca Nacional en Buenos Aires (1997), Gran Premio Sadaic (1997), Premio Konex de Platino al mejor cantante de folclore de la década en Argentina (2015). El premio Mensú de Oro, del Festival Folclórico del Litoral en el 96, La Manzana de Oro (Manzana de las Luces, Buenos Aires.1996), el Unicornio de Oro (UPCN La Plata, 2000) y otros tantos.

Incluso El Territorio no quiso quedarse afuera de la lista y le otorgó en 2017 el Misionero del Año, en un agasajo especialmente organizado en torno a Ramón. “La música me ha llevado por casi todos los continentes y en cada lugar al que fui dejé siempre una semilla del arte misionero”, expresó en aquel entonces.

Según Ramón Ayala, “en París, en China, en Uganda o en Buenos Aires, lo importante es no perder de vista nuestras raíces y tener conciencia de nuestro rol en esta vida. Yo siempre me sentí ligado a mi tierra misionera y también sentí que mi función era contar cómo es esa tierra y su gente. Eso es lo que hice en todas mis obras”, insistió sobre la marcada identidad de su tierra.

Sin dudas un legado que se extenderá por los siglos y engrandecerá a medida que siga pasando el tiempo. Desde el vinilo, cassettes a la digitalización de su música y su arte, Ramón siempre se mantuvo vigente a lo que ocurría a su alrededor, mientras eternizó imágenes de una Posadas que ya no está, una Misiones nostálgica y pujante.

Ramón Ayala-1927-2023
Ramón Ayala-1927-2023
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Ramón Ayala-1927-2023
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En 2017, El Territorio otorgó a El Mensú el galardón El Misionero del Año, por su aporte invaluable a la cultura. Foto: Natalia Guerrero

Poética del Litoral, alma de artista noble

Hábil con la palabra así como con la música, el artista era un creador de poesía andante. Cual payador, la oralidad era su fuerte y podía desandar metáforas espontáneamente todo el tiempo. Las figuras retóricas son constantes en su obra. Por ejemplo para ensalzar lo sinuoso del río diría: ‘Uruguay, gigantesca curiyú’.

Siempre enfocado en su roja tierra, el creador del gualambao era un artista cercano, asequible y que hasta sus últimos años se brindó al público. Recién al trascender la línea de los 90 años dejó de hacer su bajada épica por las escalinatas del Manuel Antonio Ramírez para el Festival del Litoral. Humilde y grande, manifestaba que si algo aprendió con los años es que “todos somos solamente una minúscula parte de vida entre millones y millones de seres. Por eso no hay que creerse más de lo que uno es y tampoco desmerecerse. Simplemente saber que somos seres únicos e irrepetibles que pasamos por este mundo tan sólo un momento y que vale la pena hacerlo con amor”.

La canción eterna del poeta del monte El adiós de los artistas al bastión de esta Tierra Colorada El deber argentino de rendir homenaje a Ramón Ayala

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