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Dilemas

domingo 06 de marzo de 2022 | 6:00hs.
Dilemas

abalgando angustiada entre sus ansias y sus logros transcurre la vida de Delia. El tono dominante es el gris, con algunas pinceladas de colores más amables.

Anheló formar una pareja. Sin embargo, no se hizo cargo nunca de egoísmos propios y de exigencias desmesuradas. No era fácil abandonar la calidez y comodidad de la casa paterna.

Ansió, desde las profundidades de sus entrañas y de su alma, tener un hijo. Sus propios miedos, sumados a la intransigencia de su madre,  frustraron ese deseo. Eran épocas en que ser madre soltera constituía una mancha indeleble a la moral burguesa.

Cuando su hermana se casó, se llevó con ella el vínculo fraternal, bastante sólido hasta entonces. Y, sobre todo, se llevó a Ricardo que -al optar por Elisa- la despojó de su postrera ilusión de construir una familia.

Elisa se atrincheró con sus hijos y Ricardo. Las dos hermanas se distanciaron para siempre. La sospecha de que su esposo continuaba pensando en Delia instaló el odio en Elisa y ese sentimiento no la abandona, aún hoy.

Delia anheló crecer económicamente. Su negocio de modas evolucionaba de manera notoria y hubiera trepado a grandes alturas. Los cinco robos que padeció la fueron doblegando, el último terminó venciéndola definitivamente.

Soñó con tejer una red de amigas, compañeras de aventuras cotidianas y de viajes esporádicos, dispuestas a descubrir la belleza de las diversidades étnicas, paisajísticas, culturales. Se diría que iba en la dirección correcta. Sin embargo, rivalidades y otras humanas flaquezas fueron socavando, lenta pero inexorablemente, al grupo.

Muerta su madre y a los pocos meses su padre, se encontró sola para afrontar un desafío fenomenal: hacerse cargo de su hermano discapacitado, siete años menor que ella. En poco tiempo debió aprender todo, desde las pautas elementales para seguir viviendo hasta cómo sepultar sus propios requerimientos de afecto y atención. En la misma tumba enterró definitivamente sus sueños.

César continúa existiendo gracias a ella. Sola absolutamente, lo alimenta, lo abriga, lo cura. También le rezonga, intermitente. Pero lo ama, ¿quién puede dudarlo?

Hace dos días recibió una cédula del Juzgado Civil notificándola de la resolución: “…Dada la avanzada edad de la curadora y su precario estado de salud, se aconseja internar a César Damonte en un instituto especializado…” La estrujó primero, la destrozó después y se juramentó que mientras viva cuidará de su hermano.

Al borde de los setenta y cinco años, su cumpleaños la hallará con uno de sus dilemas resuelto. Entre tanto, su llanto apenas se percibe.

César silba una vieja canción, la única que conoce, la que una y otra vez repite. Y sonríe.

Gasparini es abogada y docente. Este cuento pertenece a su nuevo libro “Cuento con vos” (recargado)

Marta Stella de Gasparini

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