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Azul, la perra fugitiva

domingo 31 de marzo de 2024 | 3:52hs.
Azul, la perra fugitiva

Era un frío día del mes de agosto, cuando Paula se levantó a desayunar, preparó un mate cocido con leche y una tostada. Antes de sentarse en la mesa, le sirvió un plato de alimento y leche tibia a su perra Azul.

Azul era una pincher super divertida, saltaba en la cama elástica, se subía en el auto apenas se abría la puerta y no quería separarse de Paula, pero Paula tenía que ir a la facultad de arte.

Entonces después del rico desayuno, puso sus libros en su mochila, le dio un beso a Azul y emprendió camino a estudiar. Como rutina de todos los días Azul quedó ladrando por largo tiempo, siendo sus ladridos el despertador de las mañanas de sus vecinos.

Cuando Paula volvía, Azul la miraba por la ventana hasta que ponía la llave en el cerrojo de la puerta, de ahí saltaba a la alfombra de la entrada para recibir a su dueña.

A Azul le esperaban días de soledad, Paula estaba estudiando mucho y salía pocas veces a pasear a la plaza en la que Azul hacía sus fechorías corriendo a las palomas y comiendo todas las migas de pan que eran para ellas. Por suerte tenía una amiga llamada Gatica que trepaba al techo y bajaba por el muro solo para ver a su amiga, pasaban las tardes jugando con la pelota y a veces tomaban sol juntas. Azul no entendía que Paula estudiaba, solo veía que salía mucho y pasaba mucho tiempo con una alfombra blanca, rara y con manchas, las miraba todo el día.

Fue así que sintiéndose sola, quería ir hacia la plaza, le siguió a Gatica, pero no pudo saltar el muro, fue cuando se le ocurrió la brillante idea de subir la escalera del tanque de agua que daba a la terraza, saltando de techo en techo. Pensaba volver pronto, pero su vida cambiaría.

Estaban juntas con Gatica, cuando resbaló a la casa del vecino, se escondió debajo del auto y salió corriendo apenas se abrió el portón. No reconocía donde estaba, y empezó a caminar por la calle hasta que vio un globo de arcoíris y lo siguió, en la plaza siempre había globos, hasta que el globo se trabo por un banco que estaba en la calle, esa fue la primer parada donde fue vista Azul, varias personas se le acercaban, hasta que un señor la alzó y la llevó en su auto hasta un enorme patio lleno de rosas y árboles.

Se volvió a esconder, debajo de un banco que estaba cerca de un árbol, al ver una salida por el portón que se abría de esa casa, salió despacio sin ser vista. Ya habían pasado varias horas y no encontraba la plaza y no sabía cómo volver a su casa.

Paula estaba desesperada ante la desaparición de Azul, estaba pasando un día entero fuera de casa. Dio aviso a la policía y a los bomberos, salió a recorrer las calles y pegar fotos. Esperando una llamada para ir al rescate, se acordó de las cámaras de seguridad que debió ver en primer momento, dándose cuenta de la hazaña de Azul al subir por la escalera del tanque. Atemorizada de que se encontrara en el techo, subió para ver, pero no estaba.

Mientras Azul camino un largo trayecto, tenía mucha sed y se detuvo en un arroyo, después de tomar agua, se acurruco por las flores que la abrazaban.

Despertando con los rayos del sol y mucha hambre, ve un chico con globos caminado, lo sigue ilusionada de volver a la calle donde estaba el globo de color arcoiris, al menos pensaba que si volvía sobre sus pasos encontraría su casa. El chico ingresó en un shopping y la perra quedó afuera, siendo la segunda parada en ser vista. Convencida de que los globos serían su guía, Azul espero a que salga el chico de los globos y fue detrás de él.

Su dueña recorría la ciudad y cada vez más preocupada pide ayuda de la Fundación Mascotas Perdidas, es así que se empapeló las calles con el rostro de Azul y una leyenda que decía Azul, la perra fugitiva.

Posteriormente recibió una llamada tras otra, acerca de las dos paradas en la que vieron a su perra, partió hacia los lugares, pero Azul no estaba.

Paula seguía en la búsqueda de su amada mascota, cuando tropieza con un chico que vendía globos y se le escapa uno, el chico corrió para alcanzarlo y Azul detrás del chico, cuando el globo fue bajando hacia el piso, donde explotó ¡plash! y al levantar la mirada Azul vio a Paula y Paula vio a Azul, y corrieron al reencuentro.

Desde ese momento Paula entendió que debía respetar el tiempo con Azul, a la facultad no podía llevarla, pero si acariciarla mientras estudiaba, si pasearla mientras descansaba, así mutuamente se daban compañía ya que una mascota es familia.

Y Azul nunca más volvió a ser la perra fugitiva.

 

Tatiana Yanina Cabaña

 

Inédito. Cabaña integra la Sociedad de Escritores filial Misiones, es Presidenta del Capítulo Argentina Norte del Consejo Internacional Todas las Sangres sede Perú.

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