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Aquí hay olor a ajo...

domingo 02 de enero de 2022 | 6:00hs.
Aquí hay olor a ajo...

Después de los comicios realizados en el Huerto de Jacobo los miembros del Tribunal Electoral de Primera Instancia tenían un cúmulo de tareas por delante, razón por la cual el escrito de impugnación de las elecciones presentado por los Puerros no pudo ser tratado hasta un mes después de la fecha de recepción en mesa de entrada, cuando las autoridades gubernamentales electas ya habían sido oficializadas y tomado posesión de los cargos.

En la sala de situación del tribunal todo estaba preparado para el avocamiento de Sus Señorías, Dras. Pala (presidente del tribunal) Azada y Guadaña. Sobre la larga y lustrosa mesa de trabajo aguardaban dos carpetas en cuyas etiquetas se leía “RECURSO DE QUEJA POR EXCLUSIÓN EN PADRÓN DE ELECTORES” e “IMPUGNACIÓN DE ACTO ELECCIONARIO”, lapiceras, ordenadores y botellas de agua mineral sin rótulo. En una repisa aledaña  (porque se sabía de la afición al mate de una de las juezas) un juego de esa infusión compuesto de termo, mate, bombilla y yerba, debidamente dispuesto.

El día de sesión las magistradas hicieron entrada en la sala vestidas a la usanza judicial, rigurosas  casacas negras sobre camisas blancas con detalles de puntillas en cuellos y puños y polleras también negras, tacones altos y anteojos importantes. Llamativamente, las tres dejaban ver, saliendo de los cuellos de las camisas, cadenas doradas con medallones alegóricos a algún rito pasado practicado en la plantación y relojes con incrustaciones varias.

 Se sentaron rápidamente tras lo cual la presidente agitó una campañilla para llamar a su ayudante, el Dr. Rastrillo, quien procedió a leer el Recurso de Queja presentado antes de la elección. El escrito era conciso y breve y relataba que, si bien los Puerros habían figurado normalmente en el padrón provisorio, del definitivo habían desaparecido lo que les impediría sufragar, por ello demandaban enmendar el error en forma urgente. Firmaba la nota un tal Ajoporro, supuestamente  líder de esa comunidad. 

Luego de un breve intercambio de opiniones respecto de la nota, se ordenó traer a la sesión ejemplares de ambos padrones para ser cotejados. Del procedimiento surgió que el planteo de los puerros tenía bases ciertas por lo que ordenaron una investigación inmediata, autorizando al Dr. Rastrillo a tomar todos los recaudos del caso, efectuar presentaciones, instruir sumarios, conducir indagatorias, ordenar arrestos, etc. hasta esclarecer totalmente el hecho acaecido y determinar las responsabilidades emergentes.

El paso siguiente fue dar lectura al escrito “IMPUGNACIÓN DE ACTO ELECCIONARIO” suscripto por los convencionales asistentes a la CONVENCIÓN DE LOS PUERROS, cuyo sello de  mesa de entrada remitía a treinta días atrás. Consistía en un planteo de nulidad de las elecciones basado en el hecho de la exclusión de los puerros del acto comicial, siendo que la comunidad “era una de las más antiguas del Huerto de Jacobo y sin ninguna duda la más “aristocrática de todas” se argumentaba en la presentación.

La impugnación no dejaba entrever sospechas de culpabilidad pero sí abundaba en conceptos relativos a la competencia del Tribunal para llevar a cabo la investigación,  determinar responsabilidades, establecer sanciones y otras medidas como anulación de los comicios, publicación de nuevos padrones, fijación de calendario electoral y convocatoria a presentación de listas de candidatos. En otro apartado se dejaba entreabierta una puerta de indemnización a la comunidad para el caso de no ser posible lo peticionado.

Luego de la lectura del escrito las magistradas decidieron posponer la decisión sobre el petitorio hasta tanto se contara con los resultados de la investigación preliminar que llevaría adelante el Dr. Rastrillo y fijaron un plazo de treinta días para la producción de la prueba al cabo del cual emitirían el fallo. Sin nada más que tratar levantaron la cesión a media hora de iniciada. 

En el Huerto de Jacobo la vida siguió normal (cada hortaliza en su bancal) menos el Dr. Rastrillo quien dio inicio a un rastrillaje por todo el sembradío para ubicar y traer a derecho a los redactores de los padrones. A poco de iniciada la investigación realizó un sorprendente descubrimiento relativo a las tensiones y forcejeos que habían tenido lugar durante la preparación de los registros de votación. La confusión (en apariencia) había surgido de una conversación mantenida por sus redactores Pepino (de la familia de los  Cucurbitaceae) Rábano (de los Brassicaceae) y Ajo (de los Amaryllidaceae) durante la confección del listado definitivo.

Al parecer, en algún momento de la mañana el rábano  comentó  a sus compañeros que cuando le tocó censar a  la población de los puerros, un tal Ajoporro se presentó como líder de esa comunidad refiriéndose a la misma como la de mayor abolengo de todas las especies del sembradío, que todos sus miembros eran cultos, fomentaban las artes y por ello habían sido reconocidos y galardonados  por  filósofos  y emperadores destacados.

“Pobres piojos resucitados” habría exclamado tímidamente el Ajo (sin advertir el dejo malicioso del comentario  de quien no quería ni a su ocasional interlocutor ni al resto de la familia y se proponía introducir una cuña en esa comunidad) molesto por tener que escuchar otra vez habladurías acerca del empeño de sus parientes en sobresalir a como diera lugar. Sabiéndolo ofuscado el Rábano dio continuidad a la intriga dirigiéndose al Pepino para preguntarle si en la suya existían historias como esas y si reinaba armonía en la especie.

“La verdad, nos importa un comino el abolengo” (habría contestado el Pepino sin reparar en que por esa frase podría ser llevado a rendir cuentas ante la oficina Antidiscriminación) y dando rienda suelta a su asumida condición  de rústico “…el arte y la cultura nos tienen sin cuidado, descendemos de Pipino el Breve, mayordomo de oficio y con serlo, el más poderoso de la comunidad de los francos. La ilustración la dejamos para los tontos….  no la necesitamos”.

 Tal respuesta significó una nueva humillación para el Ajo, que a  estas alturas no sabía si quería ser ilustre como sus primos o bruto como el pepino, solo anhelaba largar el trabajo e ir a rumiar su indignación en la perfumada quietud de su aldea. Casi volando se retiró cuando lo hicieron todos, pero el resto del día no pudo descansar ni olvidar el atrevimiento de sus parientes. Pensó que alguien tendría que hacerles morder el freno y que él estaba llamado a ser ese alguien.

Meditó toda la noche acerca de la lección que les prepararía y se encomendó a la Virgen de los Buenos Propósitos rogándole que el nuevo día de trabajo le proporcionara la oportunidad de llevar a cabo lo que se le había ocurrido ya bien entrada la madrugada.  Necesitaría unos diez minutos solo frente a los ordenadores y el plan funcionaría. A media mañana los otros dos escribientes fueron enviados a censar en dos comunidades que pasaron inadvertidas en el provisorio (Cominos y Habas) y el temerario Ajo tuvo el resto de la jornada y las máquinas para sí solo. Los Puerros ya podían darse por desaparecidos.

Todo esto lo averiguó el Dr. Rastrillo al entrevistar, uno por uno, a los redactores del padrón. Primero interrogó al Rábano quien se mostró relajado a la hora de las preguntas. Aseguró no conocer las causas que dieron origen a la desaparición de los puerros, que él y sus compañeros habían trabajado a la par en la elaboración de las listas y que él, particularmente, había censado a la comunidad y asentado los datos de todos los que se encontraban en condiciones de sufragar, que podían dar testimonio de ello el Pepino y el Ajo. El interrogatorio terminó pero algo en la declaración del Rábano puso en alerta la intuición del Interrogador: Un parpadeo inexpresivo de su ojo izquierdo al pronunciar el segundo nombre.

Quien seguidamente acudió a la cita con el Dr. Rastrillo fue el Ajo y si bien se mostró calmado y colaborador a la hora de las preguntas, un titubeo al responder respecto de si conocía los asientos realizados en los padrones por el Pepino con los nombres de los Puerros, le dejaron entrever que algo escondía y que tenía directa relación con lo sucedido. El Pepino siguió después y a la pregunta de si sabía algo de lo ocurrido con la comunidad de los Puerros, refirió la conversación que había tenido lugar y se explayó sobre las afirmaciones del Rábano y la indisimulada molestia del Ajo al escucharlas. A la pregunta de cómo había transcurrido la jornada posterior al día de la conversación, contó que él y el Rábano habían tenido que trasladarse a censar dos comunidades faltantes y que solo el Ajo había permanecido en la oficina de los asientos. El círculo comenzaba a cerrarse.

Nuevamente el Ajo se vio sentado frente al inexpugnable Dr. Rastrillo quien empezó, pacientemente a desmoronar la integridad del interrogado. ¿Cuál fue su tarea el día que se ausentaron sus compañeros? ¿Vio ingresar a alguien más durante esa jornada a la sala de cómputos de datos? ¿En algún momento se retiró dejando abierta la puerta de la sala? Durante las lecturas realizadas sobre los datos volcados a los padrones, ¿figuraban o no los Puerros...?  y de golpe dejó caer como un latigazo sobre la ya dolorida espalda del entrevistado, la pregunta que lo dejó sin aliento:  ¿Por qué borró a sus parientes de la lista? El Ajo se derrumbó.

-Mire- le ofreció sagaz el Dr. Rastrillo, -Si confiesa no levantaré cargos contra usted, propondré a Sus Señorías la realización de una Probation donde no irá a prisión pero sí tendrá que realizar alguna tarea comunitaria en compensación por el daño causado. La pena será en suspenso y una vez cumplido el tiempo de la misma será exonerado, eso sí, al estado tendrá que devolverle peso por peso  lo que invierta en indemnizar a los Puerros por el incalificable hecho que cometió. Por último–continuó el Secretario del Tribunal- deberá formular un público pedido de perdón a sus parientes-.

 El Ajo apretó los dientes, se cerró sobre sí mismo y no formuló palabra. Desde entonces, quienes conocen su corazón no lo juzgan, los chismosos le sacan lascas pero en el fondo se regocijan del sosegate a los Puerros y éstos  siguen esperando un pedido de perdón que nunca llega mientras lo ven ir y venir acarreando -en una pequeña carretilla- los cientos de kilos de estiércol que recibieron como justa reparación.

Sus Señorías mandaron a archivar la causa no sin antes pasar vista de las actuaciones  al Tribunal de alzada, en tanto que, durante sus idas y venidas por los pasillos de los canteros, el Ajo se entusiasma con la segura próxima lección que le dará a un tal Rábano, ni bien termine de apilar el compostado de los Puerros.

Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

Norma Nielsen

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