martes 19 de octubre de 2021
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El proceso hasta la aceptación

“Mi anhelo es que la sociedad la entienda y la acepte”

Daniela Ruiz (19) fue diagnosticada con TEA a los 3 años y con tratamiento pudo avanzar notoriamente en varios aspectos

domingo 10 de octubre de 2021 | 6:05hs.
“Mi anhelo es que la sociedad la entienda y la acepte”
Daniela, de rojo, es la menor del clan familiar Ruiz-Domínguez. Foto: Natalia Guerrero
Daniela, de rojo, es la menor del clan familiar Ruiz-Domínguez. Foto: Natalia Guerrero

La familia es la primera en identificar que algo anda mal con sus pequeños, no pasar por alto estas señales de alerta es importante al momento de llegar a un diagnóstico temprano. Fue lo que les sucedió a Blanca Domínguez (54) y Héctor Ruiz (55) cuando llevaron al pediatra a Daniela (hoy de 19 años), hace ya muchos años.

“Me empecé dar cuenta porque a los 2 años no hablaba como las hermanas, no decía palabras y me señalaba lo que quería. El pediatra no me derivó enseguida porque pensó que pasaba eso porque era la más chica y era mimada. Fue una decisión familiar sacar el turno con el neurólogo sin derivación porque veíamos que algo no estaba bien, en los cumpleaños no se integraba y se quedaba sola en un rincón”, contó Blanca, que recibió a El Territorio en su hogar para contar la historia familiar que tiene como protagonista a Daniela.

“Cuando era chiquita no hablaba y nosotros pensamos que era sorda, era muy callada y se movía mucho, saltaba como los pingüinos y balbuceaba. A los 3 años le diagnosticaron”, agregó Héctor.

Daniela es la menor de tres hermanas, tiene diagnóstico de TGD no especificado, que no es severo. Fue un tiempo a la escuela tradicional, pero ahora asiste al Centro de Formación y Asistencia Psicopedagógica (Cefap) y al Centro Educativo Terapéutico (CET).

La joven ya no tiene dificultad en el habla, sí en la pronunciación de algunas palabras, pero es conversadora y curiosa de la vida de las personas que recién conoce. En ocasiones se expresa hablando de sí misma en tercera persona, es memoriosa y detallista.

Lo que más le apasiona es andar en colectivo (siempre acompañada) y usar la Sube, le gustan las empanadas y hacer el jugo de naranjas exprimido todos los mediodías. Tiene un apego especial por su hermana Vanesa (29), con la que desayuna todos los días a las 6 de la mañana, antes de que ésta se vaya a trabajar.

A principios de este año, producto en parte de las restricciones que le impedían seguir su rutina, tuvo una crisis que la puso violenta y hasta se escapaba de su casa, por lo que tuvo que ser medicada. Sin embargo, los episodios duraron sólo dos meses y antes de eso no se habían manifestado.

“Nos costó mucho, antes esto no era conocido, no sabíamos y tampoco se hablaba. Cuando el doctor me dijo su diagnóstico pensé que con tratamiento se podía curar, no aceptaba que el doctor me dijera que es un trastorno para toda la vida”, reconoció Blanca.

“Mi anhelo es que cuando ya no estemos, ella pueda salir y ser una persona a la que la sociedad entienda y acepte. Con esta experiencia nosotros queremos ayudar a las personas que tienen un hijo con TEA a que lo acepten y que lo lleve a los centros, porque la detección temprana es muy importante; cuanto más temprano es el diagnóstico, más ellos pueden mejorar”, cerró la mamá de la joven que tiene medallas por su desempeño en el básquet y el tenis.

 

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