En 1995 y con Magnano como entrenador, subió a la Liga Nacional
Luz y Fuerza, el primer gran hito de los equipos misioneros
A principios de los 90 Luz y Fuerza se alzó como el estandarte del básquet en Misiones. Tras un breve paso por los Argentinos de Clubes, llegó al ex TNA en 1992 y estuvo un par de temporadas hasta que ascendió a la Liga Nacional. Todo vértigo, nada de proyecto.
A ese Luz y Fuerza de mediados de los 90, con nombres rutilantes como el de Rubén Magnano como entrenador, Donald Jones, Fernando Posetto y Pablo Hoya, todo se le dio rápido y sorprendió en sus primeros partidos en la temporada 1995/96 de la Liga Nacional.
A Misiones llegaron Atenas, Boca, Ferro y otros históricos. Por el polideportivo El Zaimán pasaron los jóvenes Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto y Rubén Wolkowyski, que arrancaban el camino que terminaría con la medalla de oro en Atenas. Desde el banco del Eléctrico los miraba el futuro entrenador campeón de los Juegos Olímpicos.
Pero todo ese vértigo terminó como suelen terminar esas historias: de repente y con un gran dolor. El gobierno de Ramón Puerta decidió no financiar más las aventuras de Luz y Fuerza en la Liga Nacional, la plaza no se vendió, pasó a manos de la Asociación de Clubes y luego a Estudiantes de Olavarría. Misiones se quedó sin Liga Nacional, pero la herida tardó en sanar. Tuvieron que pasar años para que la tierra colorada contara otra vez con un equipo en la elite del básquet argentino.
La llegada de Rubén Magnano a Misiones fue casi una casualidad. El entrenador venía de ser bicampeón sudamericano con Atenas en 1993 y 1994, esos buenos resultados lo llevaron a ser ayudante en la selección argentina, pero al regreso del Mundial de 1994, Magnano no tenía club. En un aeropuerto acordó de palabra su desembarco en Posadas y así fue. Llegó para armar el equipo campeón del TNA 1994/95 y dirigió también la Liga Nacional 1995/96.
“Me preguntaron si me interesaba (venir a Misiones), nos encontramos en el aeropuerto de Buenos Aires y ahí fue Hugo (Falero) a recibirme y pactamos. Así nació el vínculo, un poco de palabra ahí (en Aeroparque), con un elemento preocupante que era el tiempo, porque al equipo lo armamos en 15 días, con lo que iba viendo en el mercado. Íbamos echando mano, con algunos jugadores que habían quedado de la temporada anterior”, contó quien años después se consagró campeón olímpico con Argentina en Atenas 2004.
“El equipo del TNA tuvo un porcentaje de triunfos importante. Tuvimos un récord interesante, porcentualmente hablando. Se hizo una muy buena campaña, se logró el ascenso contra un rival que, a priori en el inicio de la temporada, iba a ser el que iba a ascender, que era Regatas de Mendoza, el gran rival del momento y con el que terminamos jugando la final”, recordó en un mano a mano con El Territorio.
Ese Luz y Fuerza del que se acuerda Magnano jugó 40 partidos en toda la temporada del TNA. Cosechó 10 triunfos en la primera fase y 13 en la segunda (en ambas jugó 14 partidos) y en los playoffs terminó con un récord de 9-3, para cerrar un año con 32 triunfos y solamente ocho derrotas.
Con Magnano en la dirección técnica, Lotterio como asistente y Jones como jugador franquicia, se sumaron otros grandes jugadores como Pablo Hoya y Fernando Posseto, más otros jóvenes que fueron importantes como Lauro Mercado, Gustavo Monella, Matías Tomatis, Miguel Zandomeni, Carlos Fernando Rodríguez, Raúl Tarnowyk y Matías Caramuto.
“En lo profesional siempre pongo de referencia a Luz y Fuerza. Fue un punto de inflexión en mi carrera. La imagen del entrenador cobró una real importancia. Yo no dejé de ser lo que era, sino que estaba un poco minorizada esa imagen de entrenador por los grandes nombres que había tenido en Atenas, pero a mi eso no me afectaba en lo absoluto. Aprendí a convivir con eso, pero en Luz y Fuerza cobró importancia (la imagen del entrenador), incluso en responsabilidad, y para mi fue un crecimiento muy grande que tuve en los dos años que estuve ahí”, analizó Magnano.
La tierra colorada le sentó bien al cordobés, que cuando dejó Misiones ya era visto de otra manera en el mundo del básquet. “Hubo una metamorfosis, un cambio. Cuando yo salgo de Luz y Fuerza, curiosamente me contrata Atenas y yo noté que era otro tipo de entrenador. El trabajo era idéntico, pero la mirada externa, cosa que no me preocupaba, empezó a ser diferente”.
Ascenso y un joven Manu
A medida que fue pasando la temporada 1994/95 del TNA, Luz y Fuerza fue ganando respeto. Las buenas rachas de victorias le permitieron terminar con el mejor récord en la segunda fase y así llegar con la ventaja de la localía a los playoffs.
El Eléctrico venció 3-0 a Libertad de Sunchales en cuartos de final, dejó en el camino a Obras Sanitarias por 3-1 en las semis y llegó el mano a mano por el ascenso ante Mendoza de Regatas, el candidato en el inicio de la temporada.
Pero el final tenía que ser de película. A pocos segundos del final, Fernando Posetto cacheteó un rebote y selló el 83-81 con el que Luz y Fuerza tocó el cielo con las manos el 15 de junio de 1994 en el estadio de Tokio.
El paso de Luz y Fuerza por la Liga Nacional en la 1995/96 dejó muchas historias. De las lindas, de las no tan lindas y los misioneros tuvieron el privilegio de ver jugar a muchos grandes jugadores del momento y de la camada que se venía.
Todavía faltaban largos nueve años para el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El pibe Emanuel Ginóbili había emigrado a Andino de La Rioja para debutar y sumar minutos en la Liga Nacional en aquella temporada. Una de las paradas fue Misiones.
El 12 de noviembre de 1995, el joven de Bahía Blanca tuvo algunos minutos en el polideportivo El Zaimán y no logró anotar tantos para su equipo, que perdió 117-106 ante Luz y Fuerza por la primera fase de ese campeonato.
En ese torneo el conjunto riojano terminó tercero y Ginóbili ganó el premio Revelación de esa temporada. Toda una premonición para lo que vendría a partir de ahí para el escolta bahiense.
Manu pasó gran parte del partido en el banco de suplentes esa noche, a pocos metros de Rubén Magnano, entrenador de Luz y Fuerza. El tiempo los puso cara a cara en la selección argentina y ambos fueron protagonistas de las grandes hazañas de la Generación Dorada.
Tokio y ABE, los otros que ascendieron
El siglo XXI llegó con un festejo para Misiones. Tokio fue uno de los grandes protagonistas del entonces Argentino de Clubes, derrotó en la final a Hindú de Resistencia en Chaco. El Japonés era dirigido por Huevo Bidarra y tenía como uno de sus grandes referentes a Matías Caramuto.
La Alianza de Básquet de Eldorado, ABE, se formó para aprovechar una oportunidad única en 2003 y no lo dejó pasar. Los dos grandes de la Capital del Trabajo, El Coatí y Tirica, se juntaron para afrontar la Liga C.
Villa San Martín fue el rival de la definición.
El primer partido fue derrota en Resistencia, pero el 26 de septiembre ABE igualó el mano a mano como local en Eldorado y el 27 de septiembre de 2003 logró el ascenso a la Liga B.
Después de cuatro temporadas en la Liga B, la Alianza llegó a su fin y Eldorado se quedó sin su representante en el básquet nacional.
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