lunes 26 de octubre de 2020
Lluvia moderada 21.2ºc | Posadas

Lo que son los yerbales

domingo 06 de septiembre de 2020 | 0:30hs.
Lo que son los yerbales

Rafael Barret*

En el Paraguay no es necesario aguardar como en la India, á que el hambre ó la peste abarate la acémila humana. El raccoleur de la Industrial examina la presa, la mide y la cata, calculando el vigor de sus músculos y el tiempo que resistirá. La engaña -cosa fácil- la seduce. Pinta el infierno en colores de El Dorado. Ajusta el anticipo, pagadero a veces en mercadería acaparada por la empresa, estafándose así al peón antes de contratarle. Por fin el trato se cierra. El enterrador ha conquistado á su cliente.

Y todo con las formalidades de un ingreso en presidio. El juez asesora la esclavitud. Véanse los formularios impresos de la Industrial y de la Matte Larangeira. En Posadas y Villa Encarnación, importantes mercados de blancos, hay instaladas oficinas antropométricas al servicio de los empresarios, como si la selva no fuera suficiente para aniquilar toda esperanza de fuga.

Pero durante algunas horas todavía, la víctima es rica y libre ¡Mañana el trabajo forzado, la infinita fatiga, la fiebre, el tormento, la desesperación que no acaba sino con la muerte! Hoy la fortuna, los placeres, la libertad! Hoy vivir, vivir por primera y última vez! Y el niño enfermo sobre el cual vá á cerrarse la verde inmensidad del bosque, donde será para siempre la más hostigada de las bestias, reparte su tesoro entre las chinas que pasan, compra por docenas frascos de perfume que tira sin vaciar, adquiere una tienda entera para dispersarla á los cuatro vientos, grita, ríe, baila  -¡ay frenesí funerario!- se abraza con rameras tan infelices como él, se embriaga en un supremo afán de olvido, se enloquece. Alcohol asqueroso á 10 pesos el litro, hembra roída por la sífilis, he aquí la postrera sonrisa del mundo á los condenados á los yerbales. (…)



(…) La selva! La milenaria capa de humus, bañada en la transpiración acre de la tierra; el móstruo inextricable, inmóvil, hecho de millones de plantas atadas en un solo nudo infinito; la húmeda soledad donde acecha la muerte y donde el horror gotea como en las grutas… La selva! La rama serpiente y la elástica zarpa y el devorar silencioso de los insectos invisibles… Vosotros los que os apagáis en un calabozo, no envidiéis al prisioneiro  (sic) de la selva. A vosotros os es posible todavía acostaros en un rincón para esperar el fin. A él no, porque su lecho es de espinas ponzoñosas; mandíbulas innumerable y minúsculas, engendradas por una fermentación infatigable, le disecarán vivo si no marcha. A vosotros os separa de la libertad un muro solamente, a él le separa la inmensa distancia, y los muros de un laberinto que no se acaba nunca. Medio desnudo, desamparado, el obrero del yerbal es un perpétuo vagabundo de su propia cárcel. Tiene que caminar sin reposo, y el camino es una lucha; tiene que avanzar á sablazos, y la senda que abre con el machete, torna a cerrarse detrás de él como una estela en el mar! (…)

Escudriñad bajo la selva: descubriréis un fardo que camina. Mirad bajo el fardo: descubriréis una criatura agobiada en que se van borrando los rasgos de su especie. Aquello no es ya un hombre; es todavía un peón yerbatero. Hay quizás en él rebelión y lágrimas. Se ha visto á mineros llorar con el raido a cuestas. Otros, impotentes para el suicidio, sueñan con la evasión. Pensad que muchos de ellos apenas son adolescentes.

Su salario es ilusorio. Los criminales pueden ganar dinero en algunos presidios. Ellos no. Tienen que comprar á la empresa lo que comen y los trapos que se visten. (Los precios) son tan exorbitantes que el peón, aunque se mate trabajando, no tiene posibilidad de saldar la deuda. Cada año la esclavitud y la miseria se afirman más irremediablemente en una maldición sola. El 90% de los peones del Alto Paraná son explotados sin otra remuneración que la comida. Su suerte es idéntica á la de los esclavos de hace dos siglos.

Y que comida! Por lo común se reduce a yopará, mezcla de maíz, porotos, charque (carne vieja) y sebo. Yopará por la mañana y por la noche, toda la semana, todo el mes, todo el año. Alimento tan ruin y tan exclusivo bastaría por sí a dañar profundamente el organismo más robusto. Pero además se trata, sobre todo en el Alto Paraná, donde los horrores que cuento llegan a lo inaudito, de alimentos medio podridos. El charque elaborado en el sud- paraguayo contiene tierra y gusanos. El maíz y los porotos son de la peor calidad y transportados á largas distancias se acaban por corromper. Esta es la mercadería reservada especialmente á la gleba de los yerbales, y pasada de contrabando de una república á otra por los honorables bandoleros de la alta banca. Así se come en la mina; ninguna labradora civilizada consentirá en cebar con semejante bazofia á sus puercos.

La habitación del obrero del yerbal es un toldito para muchos, cubierto de rama de pindó. Vivir allí es vivir a la intemperie; se duerme en el suelo, sobre plantas muertas, como hacen los animales. La lluvia lo empapa todo. El vaho, mortífero de la selva penetra hasta los huesos.

Al hambre y á la fatiga se añade la enfermedad. Esta horda de alcohólicos y de sifilíticos tiembla continuamente de fiebre. Es el chucho de los trópicos. La tercera parte se vuelven tísicos bajo la carga de mulo que les echan encima.

Ay! ¿Y las delicias menudas? El yarará, víbora rapidísima y mortal; las escalopendras y los alacranes que caen del techo; el cuí, pique imperceptible que abrasa la epidermis; el yatehí pytá, garrapata colorada que produce llagas incurables; la ura de los yerbales, mosca grande y velluda, cuyos huevos, abandonados sobre las ropa, se desarrollan en el sudor y crían bajo la piel, vermes enormes que devoran el músculo; la legión terrible de los mosquitos, desde el ñatihú-cabayú al mbarigüí y al mbigüí microscópico que se levanta en nubes de los charcos y provoca accesos de locura en los infelices privados hasta del leve bálsamo del sueño…

 Tormento y Asesinato
“Aquí no hay más Dios que yo” dice al nuevo peón una vez por todas el capataz. Y si no bastara el rebenque para demostrarlo, lo demostraría el revólver del mayordomo. En el yerbal no se habla, se pega.

Cuando en plena capital la policía tortura a los presos por “amor al arte”, ¿creéis posible que no se torture al esclavo en la selva, donde no hay otro testigo que la naturaleza idiota, y donde las autoridades nacionales ofician de verdugos, puestas como están al servicio de la codicia más vil y desenfrenada?

¡Camina, trajina, suda y sangra, carne maldita! ¿Qué importa que caigas extenuada y mueras como la vieja res á orillas del pantano? Eres barata y se te encuentra en todas partes. ¡Ay de ti si te rebelas, si te yergues en un espasmo de protesta! ¡Ay del asno que olvida en un momento de ser asno!

Entonces el hambre, á la fatiga, á la fiebre, al mortal desaliento se añadirá el azote, la tortura con su complicado y siniestro material. Conocíais la inquisición política y la inquisición religiosa. Conoced ahora la más infame, la inquisición del oro.

¿A qué mencionar los grillos y el cepo? Son clásicos en el Paraguay, y no se porque no constituyen el emblema de la justicia, en vez de la inepta matrona de la espada de cartón y de la balanza falsa. En Yaguatirica se admira el célebre cepo de la empresa M.S. Un cepo menos costoso es el de lazo. También se usa mucho estirar á los peones, es decir atarles de los cuatro miembros muy abiertos. O bien se los cuelga de los pies á un árbol. El estaqueamiento es interesante: consiste en amarrar a la víctima de los tobillos y de las muñecas, ó cuatro estacas, con correas de cuero crudo, al sol. El cuero se encoje y corta el músculo; el cuerpo se descoyunta. Se ha llegado á estaquear los peones sobre tacurús (nidos de termitas blanca) á los que se ha prendido fuego. (…)

Raro es que intente un peón escaparse. Esto exige una energía que están muy lejos de tener los degenerados del yerbal. Si el caso ocurre, los habilitados arman comisiones en las compañías (soldados de la nación) y cazan al fugitivo. Unos habilitados avisan a otros. La consigna es: “traerlo vivo o muerto”

Ah ¡La alegre cacería humana en la selva! ¡Los chasques llevados á órdenes á los puestos vecinos! “Anoche se me fugaron dos. Si salen por estos rumbos, métanle bala” (Textual). El año pasado, en las Misiones argentinas, asesinaron a siete obreros, uno de los cuales era un niño.



* Se ha respetado la grafía original.

*Rafael Barrett llegó al Paraguay en los primeros años del siglo XX Con estilo propio de la época deja un desgarrado testimonio del trabajo en los yerbales del Alto Paraná y de la terrible explotación a la que eran sometidos los mensú de esa época. De: Misiones Mágica y Trágica- Compiladores Capaccio y Escalada Salvo

Te puede interesar
Ultimas noticias