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Tras las pistas de Schaerer en Misiones

El joven correntino Christian Schaerer fue secuestrado en el año 2003. Su familia pagó un millonario rescate pero nunca apareció. Ahora, la detención en Portugal de los supuestos cabecillas de la banda abre la esperanza de saber qué pasó con él y si está vivo o muerto.

domingo 10 de diciembre de 2017 | 6:00hs.
Caso Schaerer  un misterio sin resolver.
El joven correntino Christian Schaerer fue secuestrado en el año 2003. Su familia pagó un millonario rescate pero nunca apareció. Ahora, la detención en Portugal de los supuestos cabecillas de la banda abre la esperanza de saber qué pasó con él y si está vivo o muerto.
El joven correntino Christian Schaerer fue secuestrado en el año 2003. Su familia pagó un millonario rescate pero nunca apareció. Ahora, la detención en Portugal de los supuestos cabecillas de la banda abre la esperanza de saber qué pasó con él y si está vivo o muerto.
“Por favor, por favor, entregá la plata, quiero vivir, quiero vivir de mi profesión aunque tenga que vivir en la miseria. Me voy a morir, tengo 21 años, tengo proyectos, lo hablé con Adriana y vamos a casarnos en dos años. En dos años me recibo, quiero ser padre, quiero tener una familia”.
Esos eran los sueños que Christian Schaerer (21) aún se permitía augurar mientras estaba cautivo en algún lugar que él nunca pudo saber. Las palabras se corresponden a una de las pocas cartas o grabaciones que pudo enviarle a su familia como prueba de vida mientras estuvo en manos de una perversa banda criminal.
Era un 21 de septiembre de 2003 a las 23.30 cuando Schaerer llegó a su casa del barrio Las Tejas de la ciudad de Corrientes a bordo de su auto Mercedes Benz y justo antes de ingresar al garaje fue interceptado por cuatro desconocidos fuertemente armados que, a potencia de intimidaciones y golpes, lo metieron en un Fiat Duna blanco.
Sin saberlo, allí había comenzado un calvario que hasta hoy, más de catorce años después, continúa a flor piel. Perversidad, crueldad y violencia demencial del lado de los delincuentes e impotencia, angustia y tristeza infinita del lado de los familiares, son las aristas que se entremezclan en torno al secuestro extorsivo más extenso de la historia criminal argentina.
Tras la captura de Rodolfo José “Ruso” Lorhman y José Horacio “Potrillo” Maidana, dos de los principales acusados, el caso Schaerer volvió a la retina de todos y El Territorio decidió reabrir su archivo para volver a narrar el rapto.
La pista misionera del secuestro, el protagonismo de algunos coterráneos en el hecho, los antecedentes de la banda en esta provincia y datos exclusivos que suman más misterio en torno al caso, se presentan en este informe de domingo.

Catorce años de oscuridad

El oscuro periplo de Schaerer en cautiverio fue esclarecido hasta una parte, de acuerdo a las sentencias impartidas por la Justicia Federal de Corrientes a doce condenados.
Del barrio Las Tejas, Schaerer fue conducido hasta un galpón de la localidad de Saladas, a unos 110 kilómetros de la capital correntina. Allí se estima que el joven estuvo entre los días 22 y 23 de septiembre, hasta que la banda decidió llevarlo a una chacra de Paso de los Libres, donde permaneció aproximadamente quince días.
El cautiverio del estudiante correntino traspasó la frontera, porque luego fue cruzado por el río Uruguay hacia la ciudad brasileña de Uruguayana, donde estuvo otros quince días privado de su libertad en dos inmuebles distintos.
Justamente, promediando octubre fue la última prueba de vida que hubo de Schaerer. En una grabación enviada a su madre y hermano, el muchacho decía: “Estoy todo destruido, estoy todo quebrado, todo lastimado, todo ensangrentado. Estoy sin comer, estoy sin tomar agua, si no pagan en pocos días me voy a morir. Estoy golpeado, estoy ensangrentado. Tengo la pierna rota, la rodilla rota, tengo la cabeza lastimada, tengo todo el cuerpo mutilado, tengo diez kilos menos y me falta un diente. Me faltan varios dientes, si me llegan a ver no me van a reconocer”.
Fue la última vez que su familia escuchó su voz.
El 6 de noviembre, siguiendo las instrucciones de los secuestradores, la madre de Schaerer viajó primero a Encarnación y luego a Ciudad del Este, donde la hicieron recoger varias postas con indicaciones hasta dejar los 277.000 dólares del rescate en el lugar elegido.
Sin embargo, a Christian nunca lo liberaron.
De acuerdo a lo declarado por uno de los condenados, el 9 de noviembre de ese año Schaerer nuevamente fue cruzado a Paso de los Libres y desde ese punto no se pudo volver a reconstruir a ciencia cierta sus próximos destinos.
A mediados de 2004 apareció la denominada “pista misionera”, a partir de la cual se cree que la víctima también estuvo cautiva en una casa quinta de Garupá y en un aserradero de Santa Ana. Desde allí, se sospecha que el muchacho fue nuevamente sacado del país, esta vez a Paraguay, donde habría quedado en manos de otras bandas narcocriminales. Una testigo y el propio padre de Schaerer están convecidos que el último rastro del muchacho quedó en Edelira, Paraguay, frente a Puerto Rico.
El cuerpo de Schaerer nunca apareció, por lo que el caso se transformó en un completo misterio y en una herida que aún no cierra en la historia policial del país.
Pero la caída de Lorhman y Maidana en cierta forma significó un nuevo aluvión de esperanzas en saber la verdad.
Los dos sujetos eran los criminales más buscados del país hasta febrero, cuando desde Portugal reportaron sus respectivas detenciones (concretadas en noviembre del año pasado pero difundidas en febrero último). La extradición de ambos aún está en trámite y la verdad bajo un candado del que sólo ellos parecen tener la llave.
El Ruso y Potrillo son dos de los cabecillas que perpetraron el secuestro de Schaerer, pero además de eso ambos cuentan con antecedentes por asaltos comandos cometidos en Misiones a fines de los 90.

Roles y condenas
Según la investigación del caso Schaerer, el grupo encargado del secuestro tenía una primera y una segunda línea, en orden de mandos.
Esa primera línea era conformada por Maidana, Lorhman y Cristian Carro Córdoba. El primero de ellos habría sido el cerebro del plan, mientras que los otros dos ejecutaron el rapto.
Pero en la ejecución no estuvieron solos, ya que contaron con el apoyo de Gonzalo Adrián “Paragüita” Acosta, lugarteniente de Carro Córdoba en Entre Ríos, y Claudio “Jaimito” Cornelli Belén, quienes conformaban la denominada segunda línea de la banda.
Cuando Schaerer fue llevado a Paso de los Libres, allí entró en acción el clan Los Caniches, liderado por Raúl Nemesio “Caniche” Salgán (fallecido) e integrado por sus familiares directos.
El clan aportó propiedades para ocultar al joven, mientras que Acosta y Cornelli se turnaron su vigilancia. Cuando el muchacho fue cruzado a Brasil, el misionero Néstor Horacio Barzuck fue el relevo de Paragüita, quien había regresado a Entre Ríos.
Los investigadores aseguran que las dos líneas de la banda principal se reunieron junto a representantes del clan Los Caniches en Curitiba, Brasil, para repartirse el botín.
Luego de eso, uno a uno fueron cayendo, excepto Lorhman y Maidana, que lograron mantenerse catorce años al tope del listado de criminales argentinos más buscados.
Por el caso hubo dos juicios. En el primero de ellos, realizado en 2007, fueron condenados el misionero Barzuck (25 años de prisión), el abogado Ángel Barbieri, quien habría prestado información de la víctima y logística a la banda (25 años) y Yudith Alvarenga (8 años).
En 2009 se celebró el segundo juicio, el cual culminó con varias absoluciones, pero el fallo fue revisado y en 2013 la Cámara Federal de Casación Penal, Sala III, decidió condenar a Carro Córdoba y a Caniche Salgán a 25 años de prisión.
También recibieron condena Paragüita Acosta (20 años), Miguel Ángel “El Patrón” Ramírez, ex sargento de la PFA que alertó de allanamientos a la banda de Paso de los Libres (18 años), los hermanos Sergio y Oscar Salgán, hijos de Caniche (17 años), María Esther Sudo (17 años), a su hijo, Jorge Sudo (11 años) y Cornelli Belén (12 años).


Pruebas de vida, relatos de horror No somos invulnerables.
“Esta es la última vez que me van a escuchar en la vida, el último recuerdo que van a tener de mí… Paguen la plata, paguen, paguen. No metan a la Policía, no persigan a los secuestradores, no los molesten, no los molesten, ellos pueden regresar. Nosotros no somos invulnerables, no somos invencibles...”

No hagas trampa.
“El día del rescate, si todo sale bien, no lleves a la Policía. No hagas trampa. No hagas nada porque me van a matar. No trates de capturar a quienes son los secuestradores. Dejá todo en vano porque ellos nos pueden hacer daño posteriormente, nos pueden dar un tiro, no son ninguna gente estúpida, son gente preparada. Por favor pagá el rescate”


Por Jorge Posdeley
fojacero@elterritorio.com.ar

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