2026-08-02

Exhibe sus prendas en la feria permanente de Puerto Iguazú

Se enamoró del tejido, fue su hobby y hoy es su oficio

Samantha comenzó a tejer de niña, luego se perfeccionó en distintas técnicas, ahora comercializa sus creaciones y proyecta recorrer ferias de la provincia

Aprendió a tejer de niña mirando revistas en portugués sin saber el idioma, su abuela la guió y después perfeccionó la técnica con capacitaciones. Hoy comercializa sus productos en ferias de artesanías.

Samantha Maireno es oriunda de Lomas de Zamora, vivió en Puerto Iguazú muchos años y la profesión de su esposo la llevó establecerse de forma temporal en diferentes puntos del país, donde no solamente pudo perfeccionar la técnica del tejido, sino también aprender a hilar la lana con técnicas de escarmenado y cardado cuando realizó un curso de tejidos mapuches.

Casi todas las tardes, en la feria permanente de artesanos de Iguazú, se la puede encontrar a Samantha (53), que irradia una actitud positiva, siempre con su tejido en mano atiende a visitantes que detienen su paseo para apreciar las prendas que expone en su stand.

La mujer, que nació en Buenos Aires pero que eligió Iguazú como su segunda casa, expone lo que comenzó como un hobby y se transformó en un ingreso de dinero. Un camino de aprendizaje que compartió en esta entrevista.

“Yo iba a Foz de Iguazú desde chiquita y admiraba los tejidos que había siempre en la terminal, comencé a tejer sola, después de que me compré revistas brasileñas sin saber portugués. Con el tiempo me compre revistas argentinas y mi abuela me guiaba, aunque no tenía mucha paciencia”, recordó sobre esos primeros pasos.

A sus 10 años volvió a Buenos Aires y a los 21 regresó y conformó su familia en Iguazú, la profesión de su esposo la llevo a vivir en diferentes puntos del país. Durante toda su vida hizo crochet, pero fue durante la pandemia, cuando vivía en la Patagonia, que supo que podía transformar su pasatiempo en un ingreso económico. “Tenia una vecina que siempre me decía ‘vos tejé, en algún momento lo vas a vender, porque esto no es un producto que tenga fecha de vencimiento’. Entonces compramos mucha lana con ella y nos dedicamos a hacer prendas”

El año pasado, cuando residía en Rosario, fue la primera vez que participó de una feria. “Mi hija Malena, que realiza trabajos con bordados, me dijo para ir a una feria, me animé, fuimos y me encantó, allá íbamos a las ferias dos veces al mes porque es por turno”.

De todos sus aprendizajes, Samantha destaca la posibilidad de aprender a trabajar con telar mapuche. Emocionada, explicó lo difícil y lo gratificante que fue hacer el curso: “Cuando empecé, lo primero que me preguntaron era qué quería aprender, dije desde el principio y me trajeron la lana desinfectada y me enseñaron a preparar la lana de oveja, a escarmenarla a mano y cardar las fibras. Es un proceso difícil, Salí con los dedos lastimados por las espinas o ramas que tenía, pero me fui feliz. Volví la clase siguiente y seguí aprendiendo”.

Actualmente teje piezas a pedido y tiene como meta comenzar a recorrer las ferias de Misiones para mostrar sus trabajos que son hechos con materiales de excelente calidad y totalmente de forma artesanal.

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