2026-08-02

Aprendieron este arte de su madre

Son gemelas y tienen la misma pasión por el tejido

Nina y Lita Soto tienen una gran conexión que traspasa cualquier barrera. Ambas son docentes jubiladas y tejedoras

La búsqueda nos lleva a Jardín América, donde residen Olinda Elizabeth ‘Nina’ Soto y Clara Elizabeth ‘Lita’ Soto, ambas de 65 años. Oriundas de San Ignacio pero radicadas en suelo jardinense desde la juventud, formaron sus respectivas familias y no sólo abrazaron la misma profesión con la docencia, sino también el gusto por tejer ya que lo aprendieron de niñas.

“De toda la vida hacemos tejido, veíamos a mamá cómo lo hacía a dos agujas y crochet y ella nos enseñó, fue nuestra primera maestra, la que nos inculcó este oficio”, precisó Lita. Mientras, su gemela detalló que pospandemia decidieron hacer cursos, perfeccionarse y aprender más sobre telar desde 2021 y siempre juntas.

Las hermanas comentaron que en todos lados se confunden, más aún en los cursos que asistieron o en lugares que fueron por primera vez. “En Jardín América ya nos conocen un poco más, pero cuando vamos caminando, a veces coincide que tenemos hasta el mismo color de la ropa y se presta a la confusión de quién es quién”, dijo entre risas Lita.

Incluso cuando daban clases como maestras en el mismo turno y mismo establecimiento educativo tanto los alumnos como los colegas se confundían. Solía pasar que un niño le contaba algo a su maestra, pero en realidad era la hermana quien estaba a cargo del curso. Por lo tanto, tienen muchas anécdotas en la profesionales de la educación. Se jubilaron exactamente el mismo día, el 1 de abril del 2023.

Cada una tiene su telar en la casa, cuando se reúnen hacen trabajos en conjunto e idean productos nuevos para sacar a la venta. Pero, por más que a veces se hace la confección por separado, tienen el mismo emprendimiento, venden a la par cada uno de los artículos y dividen los gastos a la hora de comprar la materia prima para la realización. Incluso, practican e incrementan conocimiento de lo que aprenden en el curso, cuando algo no le sale a una de ellas, está la hermana para acompañar.

Hace 65 años sus padres ya tenían un varón en la familia y querían una nena, no se esperaban que vinieran dos. Su mamá les contó la anécdota de que resultó una sorpresa, ya que no había ecografía en esa época y cuando el papá vio que la enfermera tenía dos bebitas, una en cada brazo, se subió a la bicicleta y contó a todo el pueblo en San Ignacio del acontecimiento por la alegría que tenía.

Siempre juntas, cada una se apoya y se convierte en una conexión única. Con una simple palabra a través de una llamada telefónica ya saben si algo malo o triste le sucede a una de ellas. Incluso, Lita tuvo cáncer de mama, sufrió distintas secuelas debido a ello, Nina estuvo de viaje junto a sus alumnos en ese momento, pero algo sentía que le pasaba a su hermana sin saber lo que realmente sucedía.

Es tan fuerte la unión que tienen que abrazaron durante toda una vida la misma pasión por la docencia y ahora ambas son tejedoras, un camino nuevo que comenzaron a la par y que les sirve como pasatiempo pero también una fuente de ingresos. Si bien a veces se vende poco, ven lo positivo, ya que es otro motivo para reunirse el emprendimiento que iniciaron.

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