2026-05-03

Opinión

Misiones en pie: conciencia y desarrollo

Por  Ingeniero Gerardo Grippo
Integrante del Movimiento Industrial Misionero (MIM)

La actual administración nacional ha erigido equilibrio fiscal, lo que llama “estabilidad” o “plan de estabilización”, como bandera, lo ha hecho a través de un ajuste fiscal de severidad inédita.

El esquema se traduce en recortes de gasto público, disolución de organismos, reducción de transferencias a las provincias y un desplome en inversión social, educativa e infraestructural. Con un tipo de cambio anclado y una política monetaria restrictiva, se obtiene un equilibrio contable que, sin embargo, se sostiene sobre el sacrificio de jubilados, trabajadores y la parálisis industrial, generando una recesión que erosiona el tejido productivo.

Un cierre contable

El problema de fondo es conceptual: el equilibrio fiscal “la estabilidad” no constituye un plan económico integral, sino apenas un cierre contable propio de un plan de negocios.

La “estabilidad”, en rigor, debería ser la consecuencia de un proyecto de desarrollo federal, una meta alcanzada y no un punto de partida. Sin inversión pública, sin política industrial y sin horizonte distributivo, el ajuste se convierte en un fin en sí mismo, derivando en la paradoja de recesión con inflación.

Consecuencias

Las consecuencias son devastadoras: pérdida del salario real, cierre de fábricas, contracción de la capacidad instalada, destrucción de empleo y retroceso tecnológico. El impacto social se manifiesta en la degradación de la clase media, el aumento de la pobreza y la indigencia, y el cierre de unas 25.000 pymes con más de 300.000 despidos, cifras que ilustran la magnitud del deterioro.

En paralelo, ciertos sectores extractivos exhiben resultados superlativos: agro tradicional, petróleo, gas, minería de litio y cobre, y energía. Sin embargo, estas actividades -en manos privadas, concesionadas a grupos nacionales y extranjeros-, con participación de YPF, la petrolera de bandera, no son generadoras de empleo intensivo.

Representan activos que crecen sin distribuir, con inversiones amparadas en regímenes como el Rigi, beneficiadas por ventajas fiscales y cambiarias, pero sin transferencia tecnológica ni creación de empleo.

Por una distribución equitativa

El aporte al Estado es mínimo y los beneficiados son el 20% de la población, mientras la necesidad de divisas para afrontar compromisos externos se vuelve acuciante. La escasez de reservas y la limitación en su generación obligan a recurrir a nuevas deudas o reestructuraciones, incrementando una deuda ya monumental, mientras persisten las asimetrías entre lo que la Nación debe afrontar y lo que las provincias efectivamente reciben. Casos como el de Misiones evidencian la urgencia de una distribución más equitativa de la coparticipación y la liquidación de acreencias pendientes.

Se debilita la industria

En síntesis, el ajuste ha logrado equilibrio fiscal, pero sin un plan de desarrollo federal productivo y distributivo perpetúa el círculo vicioso de recesión e inflación: baja el consumo, cae la recaudación y se debilita la estructura industrial y social del país. La mayoría de la población acusa el impacto en sus ingresos, insuficientes frente al aumento de la canasta básica y los servicios.

Las provincias, con características históricas y estructurales disímiles, sufren los efectos del ajuste de manera exponencial. Los habitantes, portadores de derechos inalienables independientemente de su geografía, no pueden ser relegados a desigualdades extremas. Este principio debe constituir el núcleo de cualquier pacto federal duradero.

Consolidar la identidad provincial

Desde el Movimiento Industrial Misionero (MIM) observamos que la industria, la producción y el comercio atraviesan una dificultad extrema. Por esto, consideramos imprescindible consolidar la identidad provincial, que históricamente ha aportado soluciones en su escala, presente en la medida de sus recursos, evitando acrecentar los efectos y avanzar hacia la creación de activos propios y suficientes, un basamento que permita definir objetivos futuros desde y para Misiones, aportando al desarrollo nacional desde una perspectiva autónoma.

Con el objeto de consolidar un modelo Productivo, consideramos necesario:

1) El Estado: La participación del Estado en la definición de políticas, priorización y asistencia de la producción con metas del crecimiento.

2) La unidad: La convergencia de todos los sectores productivos e industriales con los sectores del trabajo organizado, mediante acuerdos y concertaciones que potencien la eficiencia.

3) El conocimiento: La amalgama virtuosa entre innovación, ciencia, investigación, tecnología y academia -con las universidades de Misiones como eje- para generar sinergias productivas.

4) La comunicación: Una comunicación que permita la participación de todos, para formular propuestas, exponer los conceptos para que toda lo sociedad los reciba, recibir crítica observación, aportes, y generar la reacción en cadena necesaria para sostener el proceso de crecimiento sin interrupciones.

Erguirse y pensar constituye la praxis de una conciencia de conjunto. No se trata de un individuo aislado, de una entidad intermedia iluminada, sino de nosotros: comunidad que reconoce su historicidad y la tensión de sus desafíos. Se trata de Misiones: nuestra provincia que no puede ser reducido a periferia, sino que se afirma como centro de identidad productiva y cultural, sujeto político pleno. La exhortación no es retórica, es ontológica: levantarse implica asumir que el destino provincial no se delega, se forja con densidad propia, con voluntad creadora y con legitimidad histórica. 

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