Relato en primera persona de unas vacaciones atípicas

Lunes 30 de marzo de 2020
Son muchos los casos de personas que quedaron atrapadas en medio del conflicto que generó el coronavirus durante las últimas semanas en esta región.
Algunos desoyeron la advertencia del presidente Alberto Fernández cuando decretó la emergencia sanitaria el pasado 12 de marzo en horas de la noche, pero a otros el anuncio los agarró en plenas vacaciones, como le sucedió a esta pareja de posadeños que había programado su descanso laboral en noviembre y que viajaron a Río de Janeiro el 9 de marzo, el mismo día que comenzaron las clases en Misiones, una clara muestra de que hasta ese momento todo aún transcurría dentro de los parámetros “normales”, a pesar de que el coronavirus ya era una noticia conocida a nivel mundial.
A través de una carta que enviaron a este medio, esta pareja de lectores, Chela y Tucho, que hoy está comenzando su segunda semana de aislamiento total (no se pueden mover de su casa debido a que llegaron de un país de riesgo y son controlados por personal del Ministerio de Salud) le contó a El Territorio cómo vivió esta situación nunca imaginada.


Sólo una experiencia más en la vida

Después de mucho leer y pensar escribo esto. Leo cientos de comentarios de personas juzgando a los que se fueron de vacaciones y en estos días volvieron a Misiones, a la Argentina, nuestro país.
Si no hubiese existido a partir del 12 de marzo la explosión y necesidad de quedarnos en casa, nadie o muy pocos sabrían cuántos fueron los que dejaron para marzo las vacaciones. En marzo todo es más barato y más tranquilo, los vuelos, los alquileres, todo.
Nosotros, particularmente, pagamos nuestras vacaciones en el mes de noviembre y la fecha de estadía era del 10 al 23 de marzo. Nuestro primer viaje a Río de Janeiro. Mi marido tiene 70 años y es jubilado. Trabajó durante 40 años y hoy puede hacer con su tiempo y su vida lo que decida hacer. 70 años, con salud y ganas de vivir. Por suerte puede disfrutar de su jubilación (tiempo de júbilo). Premio por la labor cumplida.
Yo aún sigo en actividad. Seguí trabajando los primeros meses de este año, mientras algunos estaban de vacaciones, para acumular días y poder ir a este viaje. El día martes 10 de marzo a las 16 llegamos al departamento que alquilamos en la zona de Copacabana. Nuestra inquilina fue una señora llamada Viviane, un ser maravilloso que nos recibió, nos entregó la llave y se fue.
El jueves de esa semana ella nos invitó para ir a ver un documental el día sábado, a una cuadra del departamento. Pero ese sábado nos envió un mensaje avisando que, ante la epidemia de Covid-19, el evento no salía. Somos personas en riesgo por la edad y a partir de ese momento comenzamos a cuidarnos.
El domingo 15 hicimos el único viaje al centro, pero estaba todo cerrado. Ese día las playas aún tuvieron mucha concurrencia. Nosotros fuimos a la tardecita a tomar unos mates y después ya no salimos. Sólo fuimos al aeropuerto para intentar adelantar el vuelo, que logramos cambiar.
Pudimos regresar el 21 de marzo, tres días antes de lo previsto. Nos tomaron la temperatura a la salida del aeropuerto de Foz de Iguazú, tomamos un Uber y pasamos la frontera.
Nos recibieron dos chicos totalmente protegidos de pies a cabeza. Nos tomaron la temperatura y nos dieron alcohol en gel para las manos. Después hicimos la declaración jurada, en la que dejamos un registro completo de cada uno de nosotros. Nos adelantamos y en la aduana, mientras hacíamos el ingreso, nos cruzamos con una señora que parecía un ‘ángel’. Así la llamamos a partir de ese momento. Nos preguntó si queríamos ir hasta Posadas y se ofreció a traernos. No podemos dejar de destacar a las personas que trabajan en la aduana, el personal de salud, son todos unos genios que nos brindaron un trato muy humanitario.
La dueña del vehículo que nos trajo gestionó ante el personal de salud y la Policía un salvoconducto. En el trayecto nos pararon varias veces y nos pidieron la documentación. Una seriedad total.
Durante el viaje coordinamos con nuestras familias lo que íbamos a necesitar para pasar la cuarentena. Los celulares estuvieron a full, celebrado el regreso con cada uno de nuestros seres queridos. Los que nos alojaron en Brasil nos preguntaban cómo habíamos llegado. Se terminó generando una red inimaginaria de amor.
Quedamos como amigos y seguro la vida nos dará la oportunidad de darnos el abrazo que sentimos en el alma y que no pudimos darnos. Nos conocimos mucho más que con otros que decimos ser amigos.
Fueron seis horas de viaje compartiendo historias de vida detrás del amado barbijo. Hace muchos años aprendimos que no hay que juzgar porque nunca sabés qué historia hay detrás. Hoy, en el séptimo día de cuarentena obligatoria, nos encontramos celebrando el hecho de poder haber vivido una experiencia más.

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