Pindapoy, del esplendor al olvido

Martes 15 de enero de 2013
(enviados Especiales). El barrio Pindapoy (anzuelo chico en Guaraní), donde se encuentra la estación de trenes de esta localidad, vive días de olvidos y penas. Supo ser el motor de esta localidad cuando la empresa Pindapoy SA cosechaba y empaquetaba los cítricos de la zona que eran procesados en Concordia, Entre Ríos.
Pero desde que la firma entrerriana cayó en desgracia en la década del 80 y el tren dejó de pasar, Pindapoy vive días de agonía.
Fue tan grande el movimiento que los vecinos todavía recuerdan cuando salían dos o tres trenes de carga por día, cuando era la época de cosecha (ver aparte).
El edificio de la estación se levantó en 1930 y hoy solo queda una pequeña estructura abandonada, destruída por los vándalos y solo es utilizada por los jóvenes para enamorarse y tener intimidad.
Marcelo Alfonso (37) lamentó que “la gente se robó todo lo que había acá en la estación. Era hermosa pero la gente no cuida, es una lástima”. Marcelo vive de changas y de la tarefa.
El viejo aserradero, donde se hacían los cajones, tampoco funciona y se encuentra paralizado. Un empresario misionero, se la compró a los herederos de Pindapoy SA, pero hoy no funciona.  Solamente la vieja fábrica, donde empaquetaban los cítricos, volvió a funcionar desde que la adquirió una importante firma de Apóstoles, que se dedica a la yerba mate, ganadería y la piscicultura. Esa es la única fuente de empleo que moviliza a este popular barrio ubicado a unos 10 kilómetros de San José.
La mayoría de los jóvenes de Pindapoy se capacitan en la escuela nocturna y tienen ingresos gracias a los planes sociales. Trabajo genuino no hay, solo planes sociales.
Los más viejos lamentan las oportunidades que se dejaron pasar para recuperar la estación, el abandono que hizo la empresa ALL de la vías y la época dorada cuando “había trabajo para todos”.
Demetrio Meteche (86) empezó a trabajar en la estación en 1947 como peón y llegó a ser jefe de estación. Él fue el que despidió el último tren que salió de Pindapoy.
“Acá se cargaban dos o tres trenes por días en época de cosecha. Se iba a Posadas a pesar, porque acá no había balanza y después a Entre Ríos”, recordó Demetrio.
“Hoy no queda nada, cada vez que voy a ver la estación lloro porque ese lugar era un lugar de trabajo, hoy no quedó nada”, reflexionó quien también fue cocinero y daba de comer a los empleados de la fábrica.
Los pocos jóvenes que se quedan no tienen trabajo, aunque se capacitan en la nocturna en repostería o en la escuela técnica. “Hay changas para carpir o jardinería pero no hay trabajo”, contó Silvio Orlando González (22).
“Hay poco trabajo, solo en la época de yerba. Eso, más el plan que cobra mi señora nos arreglamos”, dijo Cristóbal Ramírez (40) quien vive en un viejo galpón de la estación. “Yo vine cuando tenía 12 años y llegué a trabajar en Pindapoy. Acá salían trenes llenos de cítricos todos los días, pero todo se murió cuando se fue el tren”, recordó.

Orgulloso de Pindapoy
Quien vivió la mejor época de la estación fue Anastacio “El Negro” Quevedo (75). Él trabajó 44 años en la compañía y pasó por todas las partes de la empresa: cargador, empaquetador en la fábrica y sereno.
“Yo vivía en San Isidro y cobraba 33 pesos al mes y cuando vine acá en una noche gané 600 pesos, sabe lo que era eso en aquella época. No me fui más de acá”, recordó quien también fue presidente de la Cooperativa de Servicios.
“Era una época hermosa el establecimiento tenía luz y agua propia. En el aserradero trabajaban 150 personas, en la fábrica de empaquetado otras 200, más los que estaban en el campo. Este lugar tenía vida”, relató.
Pese a los problemas de hoy El Negro Quevedo decidió quedarse: “yo estoy orgulloso de vivir en Pindapoy, me dio todo, trabajo, una familia, toda mi vida se hizo acá y acá voy a morir”.
Según datos del último censo, en Pindapoy viven unas 1500 personas y uno de los mayores problemas que tienen es la inseguridad.
Debido a esto, el intendente de San José Carlos Rodríguez, anunció que “en los próximos días comenzará la construcción de un destacamento para que los vecinos estén tranquilos. Tenía que empezar en diciembre pero se atrasó”. Además, a través del Iprodha, van a construir un barrio de viviendas y un Centro Comunitario para dotar de instalaciones al barrio.
Además trabajan para que ALL levante los vagones que están abandonados hasta Apóstoles y poder recuperar el tren.
Pindapoy se resiste a morir y sus vecinos sueñan con que los buenos tiempos regresen, y quieren que retorne el tren para volver a vivir.


Una empresa que dejó su sello
Los hermanos Carmelo y Próspero Bovino se instalaron en San José en la década del 40 debido a que la cosecha de cítricos comenzaba un mes antes que en Concordia y se prolongaba hasta diciembre.
Muchos creen que fue la empresa la que dio nombre al lugar, pero fue todo lo contrario. La empresa se llamaba Bovino SRL y luego tomó el nombre del barrio de San José y su jugo fue muy famoso hasta los 80.
Pindapoy S.A. fue una empresa citrícola, de capital nacional y origen familiar, que nació en Concordia en la década de 1930 y cayó en desgracia en la década del 80 hasta que se disolvió en 1991 producto de distintas dificultades financieras.
Pindapoy SA llegó a ser en la década del 70 y 80 el mejor cliente del Ferrocarril Urquiza que hacía la línea mesopotámica. En San José llegó a tener 500 hectáreas de plantaciones de cítricos y dio trabajo a 500 personas.


Opiniones
“Hoy no queda nada, cada vez que voy a ver la estación lloro porque ese lugar era un lugar de trabajo, hoy no quedó nada”.
Demetrio Meteche (86)
Ex jefe de estación y vecino de Pindapoy

“Hay changas para carpir o jardinería pero no hay trabajo”.
Silvio Orlando González (22)
vecino de Pindapoy

“Yo viene cuando tenía 12 años y llegue a trabajar en Pindapoy. Acá salían trenes llenos de cítricos todos los días, pero todo se murió cuando se fue el tren”
Cristóbal Ramírez (40)
vecino de Pindapoy

“Yo estoy orgulloso de vivir en Pindapoy. No importan los problemas. Este pueblo me dio todo, trabajo, una familia, toda mi vida se hizo acá y acá voy a morir”.

Anastacio “El Negro” Quevedo (75)
vecino de Pindapoy

Por Pablo Lizarraga
interior@elterritorio.com.ar