Entrevista al escritor Rubén “Tito” García

“La batalla ganada en Mbororé fue una verdadera hazaña”

Autor de obras sobre el período jesuítico guaraní desde la historia y la ficción, relató que descubrió su grandeza hablando con el obispo Kemerer y siguió investigando
domingo 15 de marzo de 2026 | 6:05hs.
Rubén “Tito” García.
Rubén “Tito” García.

El escritor e investigador de la historia misionera Rubén Emilio “Tito” García, colaborador de esta redacción, tuvo la idea y la compartió con el equipo de El Territorio: “Hagamos algo especial por este aniversario de la Batalla de Mbororé, algo que ayude a que se difunda cada vez más, porque a la historia nuestra tenemos que conocerla”.

Autor de la novela histórica Misiones, la República Utópica de los Jesuitas (2014) y de La Batalla de Mbororé (2017), que tienen reconocimiento provincial y nacional y de varios artículos relacionados al pasado jesuítico guaraní, contó cómo se acercó a este período de la historia regional.

“Siendo profesor del Instituto Montoya, mantenía conversaciones con el rector, monseñor Jorge Kemerer. En una ocasión le pregunté el por qué eligió bautizar a la institución con el nombre del jesuita peruano Antonio Ruiz de Montoya, siendo él de la congregación verbita”. “Contestó: Es el verdadero héroe misionero; pues si no hubiese intervenido personalmente para armar a los indios del Guarán en defensa del terruño ante el rey de España, y hasta el mismo Papa, la Mesopotamia, Paraguay, La Banda Oriental y el Potosí hubieran pasado a manos lusitanas”.

“Y la batalla ganada en Mbororé fue una verdadera hazaña”, resaltó.

Escribió una novela histórica. ¿Cuánto hay de dato histórico y cuánto de ficción?

Interesado en el tema leí obras y consulté bibliotecas. De inestimable ayuda fue la insigne bibliotecaria del Montoya, Carmen Herminia “Camucha” Acuña de Núñez. Sin embargo, al intimar en la  obra fue tal mi impresión, infiriendo desconocida por la mayoría de los misioneros, me inspiró a escribir una historia novelada que resultara agradable para el lector: Misiones. La República Utópica de los Jesuitas, cuyas realidades se nutren de ficción. El borrador, tras años de investigar, llevé al jesuita padre Chichizola, que, al leerlo, sugirió enviarlo a la profesora Liliana Rojas, quien leyó, corrigió y opinó. Fue impreso en 2013 y, el libro, vía Curia Apostólica, remití al reciente ungido papa Francisco, contestando agradecimiento por la misma vía. También recibí buenas devoluciones de la historiadora Rojas, de Olga Zamboni, Rosita Escalada Salvo, Alfredo Poenitz, entre otros.  

¿Dónde sucedió el enfrentamiento?

Bien frente al cerro Mbororé,  donde colocaron el cañón y el río hace un recodo obligando a las pesadas balsas morigerar sus movimientos. Los curas guerreros emplearon la misma táctica de Temístocles cuando venció a los persas del rey Jerjes en la batalla de Salamina en el 480 a.C.

¿Considera que los misioneros valoramos este legado?

Algunos sí. La mayoría es una incógnita.

¿Podría describir la batalla?

Consta de tres partes  La primera comienza con la llegada de jóvenes curas conducidos por Ruiz de Montoya allende las Cataratas, donde comienzan su labor. Pero, asediados por hordas bandeirantes en busca de esclavos, debieron, sin medios de defensa, huir en éxodo obligado. El Chamán renunció al éxodo. Y se quedó con los ancianos -que no podrían soportar el largo viaje en curso. 

¿La segunda etapa?

Es la Batalla y en síntesis poética la describo así:

Y ante la amenaza de la nueva arremetida- de bandeirantes en busca de su presa- en simbiosis con los curas aguerridos- nos preparamos en defender a la Nación.

¡Ay Dios! de vencer estábamos seguros- nos salíamos de la vaina en dar combate- después que el cura guerrero en su homilía- con su arenga nos llenara de coraje: ¡Hermanos, Solamente debemos temer a Dios y a nadie más!

…Por lo demás, la quietud del paisaje se presentaba en la más equilibrada expresión, y nada hacía presagiar el desenlace fatal en lugar tan bello, que aportaba el escenario indiferente a la actividad del hombre.

El Padre Ruyer, francés de origen, en lo alto del cerro donde fijaron el cañón, fue el primero en avistar las primeras embarcaciones en la curva donde el río se estrecha. Pronto asomaron las que venían a la retaguardia y el horizonte se cubrió de balsas y canoas que revestían la totalidad del ancho del cauce. Verdaderamente daba miedo la poderosa armada bandeirante que arrogante y segura de sí misma avanzaba confiada. El Padre Torres captó la seña de Ruyer y reenvió el aviso al puesto de información.

Nerviosos permanecían cuando la primera balsa cruzó la desembocadura del arroyo Mbororé y la bala de cañón disparada desde lo alto del cerro dio en el centro de la embarcación haciéndola añicos. Inmediatamente al estruendo, el silbido de miles de flechas surcó el cielo desde ambas orillas, y los disparos de los arcabuces y mosquetes llenaron de ruido a pura espoleta. Mortíferas bolas de fuego escupían las catapultas reafirmando el poder de ataque.

Por fin la cuadrilla emboscada en el arroyo salió de su encierro y abriéndose en abanico arremetió por el centro con inusual potencia a la desprevenida armada atacante, que encajonada y sin posibilidad de maniobra quedó rodeada con fatales consecuencias. 

En menos tiempo de lo que se esperaba los bandeirantes quedaron destrozados debido al doble ataque fluvial y terrestre. Cientos de cadáveres flotando y solitarias embarcaciones vacías se deslizaban blandamente río abajo(...)

La tercera etapa jesuítica: Termina al derrumbarse la Nación misionera y guaraní con la expulsión de los jesuitas y la fatal batalla de Caibaté. Nación socialista como no hubo otra en la historia de la humanidad, y nos legó la herencia la moral cristiana(...). 

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