Entre las consecuencias de la batalla

La formación del ejército y la consolidación de los pueblos

Tras Mbororé, se establecieron milicias permanentes con infantería y caballería, y las reducciones pudieron asentarse en cercanías de los ríos Paraná y Uruguay
domingo 15 de marzo de 2026 | 6:05hs.

Por Liliana Rojas
Historiadora

Instalada la Provincia Jesuítica del Paraguay en 1607, comenzó la fundación de reducciones de guaraníes en las regiones del Paraná, Guaira, Uruguay, Tape e Itatín. Estos pueblos tropezaron con varios escollos, siendo el más peligroso los ataques bandeirantes provenientes de San Pablo que cazaban a los indígenas para venderlos como mano de obra en Brasil. Los ataques se produjeron cuando las coronas de España y Portugal estaban unidas bajo un mismo rey, Felipe IV.

Los bandeirantes -portugueses y tupí- destruyeron las reducciones del Guaira y del Itatín. Al Tape se dirigieron tres bandeiras dirigidas por Raposo Tavarez, A. Fernández y P. Leite Pais; varios pueblos fueron destruidos y otros se retiraron hacia el río Uruguay. Misioneros y guaraníes organizaron fuerzas militares y derrotaron al enemigo en Caazapa-miní y Caazapaguazú (1639), dando tiempo a los pueblos a transmigrar.

Ante la necesidad de contar con autorización para el uso de armas de fuego en la defensa de las reducciones, los jesuitas decidieron enviar como procuradores ante las cortes papal y real a los PP. Francisco Díaz Taño y Antonio Ruiz de Montoya. El primero obtuvo del Papa la condena de los ataques, mientras Montoya, de sus gestiones ante el rey, obtuvo Cédulas Reales que ratificaron la libertad del indígena. Mientras Montoya continuaba sus gestiones para obtener la autorización para el uso de armas de fuego en las reducciones, el P. Díaz Taño regresó con los primeros documentos que fueron dados a conocer en Río de Janeiro, San Pablo, Santos y San Vicente. Esto provocó la indignación de los portugueses que decidieron organizar una gran bandeira dirigida por Jerónimo Pedroso de Barros y Manuel Péres, integrada por 450 bandeirantes, 2.500 flecheros tupi y unas 300 canoas. En este contexto se produjo en 1640 la Guerra da Restauração que culminó con la independencia de Portugal, pero no impidió la organización de la bandeira que partió a fines de 1640 hacia la reducción de Asunción del Acaraguá, que fuera abandonada anteriormente.

Instrucción militar

Los guaraníes recibieron instrucción militar por parte de los hermanos Juan Cárdenas y Antonio Bernal supervisados por el hermano Domingo Torres; los jefes de ataque fueron los caciques Ignacio Abiarú y Nicolás Ñeenguirú. El supervisor de guerra P. Pedro Romero y asistentes los PP. Ruyer, Altamirano, Mola y Domenech. El ejército guaraní-misionero contó con 4.200 indios de guerra, 300 fusiles, alfanjes, buena cantidad de arcos y flechas, macanas, hondas con piedras, un cañoncito y cañoncitos de cañas de tacuaruzú revestidas de cuero vacuno.

La batalla y sus consecuencias

Por medio de una artimaña los guaraníes atrajeron al enemigo hasta la desembocadura del arroyo Mbororé; la lucha comenzó el 11 de marzo de 1641, duró ocho días y se luchó en tierra y agua. Los bandeirantes fueron derrotados y perseguidos; retornaron a fines de 1641 pero fueron derrotados nuevamente. Hubo otros intentos posteriores, en 1647, 1651 y 1656, pero la defensa guaraní fue férrea porque ya se contaba con ejército; las autorizaciones de 1640 y 1642 para el uso de las armas de fuego tuvieron inmediata aplicación.

Cada pueblo contaba con fuerzas militares compuestas de compañías de soldados, de caballería y de infantería, con sus jefes, cajas y pífanos, clarines de guerra y otros menesteres. Las armas eran guardadas en la armería del pueblo y en la estancia había un puesto donde se cuidaban los caballos de guerra. Junto a la elección y proclamación anual del Cabildo, se verificaba la de los oficiales que ejercerían los cargos en la milicia, y cuando los cabildantes tomaban sus varas, los militares tomaban sus insignias. El corregidor indio era también el capitán de la reducción. Los ejercicios militares eran semanales y los soldados eran vestidos por el pueblo.

Los pueblos constituían cuatro grupos, dos grupos correspondían a los pueblos del Paraná y dos a los del Uruguay; cada uno tenía su Superintendente de Guerra, asistido por consultores; duraban tres años en sus funciones y vigilaban todo lo concerniente a la práctica militar y las cuestiones de guerra.

El ejército guaraní fue convocado muchas veces por los gobernadores de Buenos Aires y de Paraguay para acciones bélicas en Colonia del Sacramento, en Asunción, luchas con otros grupos indígenas; pero también acudieron a tareas civiles como construcciones y reparaciones de fuertes y defensas. Los que iban a caballo llevaban lanzas, adargas, macanas, capacetes y espuelas; los de a pie flechas, arcos, piedras, macanas, machetes y rodelas; los flecheros dos arcos, cuerdas y 30 flechas; los pedreros, 30 piedras, una docena de hondas, macana y cuchillo. De cada 100 indios de a pie se formaba una Compañía; la Compañía de a caballo tenía 50 soldados. Cada pueblo concurría con el alimento necesario de maíz y trigo tostado hecho de harina y en grano también, carne, yerba, bizcochos y medicamentos para los enfermos y enfermeros. Sus acciones nunca fueron remuneradas y abundaban los elogios por su comportamiento.

Respecto a las consecuencias de Mbororé, la primera fue el nacimiento del ejército; sostiene R. Jackson que “La organización militar en las reducciones fue un elemento importante y única en la historia de la estructura política de las misiones”. La conformación de fuerzas militares permanentes modificó las relaciones internas de la vida reduccional y fue una herramienta importante en las relaciones con las autoridades coloniales. Así el ejército “fue un factor de poder que a la larga repercutió negativamente acelerando la disolución de la obra jesuítica”, sostiene María A. Amable.

También permitió el asentamiento definitivo de los pueblos en las proximidades de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay.

Según Moacyr Flores, el ciclo bandeirista dejó un reguero de sangre. La separación de Portugal en 1640 y la derrota en Mbororé, provocaron que el bandeirismo fuera desviado hacia otros objetivos, como la lucha contra los holandeses en Brasil. 

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