Sostuvo que el hecho casi no aparece en la historia nacional

“Los guaraníes defendieron su territorio, su modo de ser, de vida”

Para el historiador Esteban Snihur, el triunfo trajo la definición territorial de las Misiones, sentó un precedente geopolíticamente y calificó al hecho de “fundamental para el país”. Remarcó el legado histórico que dejó el episodio
domingo 15 de marzo de 2026 | 6:05hs.
El historiador repasa de memoria los textos jesuíticos. Foto: Joaquín Galiano
El historiador repasa de memoria los textos jesuíticos. Foto: Joaquín Galiano

La memoria de Esteban Snihur pareciera que se traslada 335 años atrás y en ese recorrido minucioso hay relatos, detalles, nombres, sitios geográficos que el historiador conoce al dedillo. Incluso de memoria resume los textos jesuíticos de esa época una vez concluida la Batalla de Mbororé, a la cual calificó como un hecho “fundamental para el país”. En su hogar en Apóstoles, el historiador compartió su mirada con El Territorio, en la cual subrayó que los guaraníes defendieron su vínculo ancestral con el lugar que habitaban e instó a conservar el patrimonio histórico, el legado que quedó.

Para Snihur “hay un valor histórico que trasciende al hecho mismo de las Misiones Jesuíticas, lo trasciende porque tiene un alcance en la relación de esos dos imperios de esa época, España y Portugal, que eran las dos potencias de ese momento y la disputa que había en América sobre esos territorios”.

Monolito que recuerda la Batalla de Mbororé en la cima del Peñón Mbororé. Fotos: Jorge Acosta

 

En esa línea, repasó que a partir de ese momento (con el triunfo), las Misiones Jesuíticas se van a extender desde la Cuenca del Plata, Bolivia y llegan hasta el Orinoco. “Si uno mira el mapa, el Brasil llegó hasta las Misiones Jesuíticas. Después avanzaron, la Guerra del Paraguay, se quedaron con la mitad de la provincia de Misiones en 1880. O sea, Portugal y Brasil, como herencia, siempre tuvieron esa política expansiva. Pero ese es el valor de la batalla que por ahí no se menciona, el hecho puntual de la batalla trasciende a la batalla en sí mismo”.

Consideró que “hay varios aspectos que marcar: uno el aspecto geopolítico, como una forma de afianzar el territorio en esta región. Uno podría hacerse la pregunta sobre qué hubiese pasado si las Misiones Jesuíticas no se hubiesen preparado y las bandeiras hubiesen avanzado. Probablemente lo que sucedió con el Guairá y El Tapé (NdeR: territorios conquistados por los bandeirantes en lo que hoy es Brasil, al norte de Misiones), hubiesen avanzado hacia este lado del río Uruguay”.

Vista panorámica del río Uruguay desde el cerro Mbororé en Panambí.  

 

Hay que ubicarse en el tiempo: no existían Argentina y Brasil, sino territorios que pertenecían a coronas europeas; o sea, no había un contexto de identidad nacional, pero “en el caso de los guaraníes había un componente clave, porque ese guaraní que dio batalla en Mbororé, persiguió y derrotó a los bandeirantes, quizás no tenía un concepto de Estado, pero sí de vínculo ancestral con el territorio. Era su territorio el que defendía. Hablando en términos guaraníes, defendía su tekoá, su modo de ser, su modo de vida en un territorio que era de ellos, de sus ancestros. Para los guaraníes era una cuestión personal, quizás no comprendían mucho qué era la corona española o portuguesa, pero en el fondo defendían su modo de ser, su territorio, su vida”.

Snihur mencionó que los jesuitas respetaron y mantuvieron la institución del cacicazgo, que tenía un territorio, les correspondía. “Pongo un caso, (el capitán Ignacio) Abiarú, que fue un héroe de la batalla, aparece como miembro del cabildo de la reducción de Mbororé del Acaraguá y ya aparece como un cacique de la región del Acaraguá. O sea, cuando Abiarú pelea con su gente, pelea por su tierra, su territorio, su historia”.

Hubo otro componente: muchos de los que participaron de esa batalla, todos esos indígenas, eran sobrevivientes de las invasiones bandeirantes de la otra región; había una carga de tomarse venganza. El padre (Claudio) Ruyer (NdeR: testigo directo de la batalla) en su informe da a entender que los jesuitas -en esta persecución- desde la doctrina de la Iglesia de alguna manera les exoneraron de lo que pudieran hacer sobre los bandeirantes y los tupíes… ¿qué significa?, se preguntó Snihur. “Que les dieron vía libre a hacer todas las barbaridades que quisieran para inculcar el terror sobre el enemigo. Eso muestra también que para el guaraní fue una gran batalla de revancha por todo lo que había pasado”.

Después de la Batalla de Mbororé, cuando para la corona no quedaban dudas de que los guaraníes eran la barrera contra los portugueses, el gobernador del Río de la Plata, Jacinto de Laris, personalmente concretó una visita a todos los pueblos de las Misiones. ¿Cuál era la función? Ir pueblo por pueblo y dejar constituidos los cabildos indígenas. Eso otorgó a las reducciones la jerarquía de pueblos instituidos por España, en donde las autoridades se renovaban anualmente y las autoridades eran guaraníes. “Generalmente las autoridades eran caciques y tenían autoridad real. Ese cabildo organizaba y las reducciones se convirtieron en verdaderos centros urbanos, pero al mismo tiempo en instituciones políticoadministrativas para la corona española. Eso muestra el afianzamiento de los pueblos misioneros después de la batalla de 1641. Y a partir de allí, Misiones comienza con la expansión”.

De forma posterior comenzó el momento de expansión de la región ganadera hasta los Esteros del Iberá, “hay informes que constaban que uno de los problemas era dar de comer a la población y hacia 1690-1700 las Misiones Jesuíticas llegan al zenit de su desarrollo, con prácticamente 150 mil habitantes, con pueblos que llegaban a los 4 mil habitantes. Fue la época de esplendor de las Misiones asegurada por esa victoria, que dio estabilidad, seguridad fronteriza y permitió desarrollo pleno. Y en ese momento, los bandeirantes dieron por cerradas sus entradas, salvo algunos intentos esporádicos”.

La gran pregunta era por qué los bandeirantes venían a las Misiones Jesuíticas: “Porque antes de venir, para cazar indígenas tenían que entrar a la selva y era complicado. En cambio, al atacar a las Misiones, el indígena estaba servido. Además eran indígenas que tenían un alto valor en los mercados de esclavos, sabían cultivar la tierra, tenían oficios, eso los hacía muy apetecibles para los cazadores de esclavos. La que combatió en Mbororé era la “gran bandeira” que terminó en un desastre total, las pérdidas fueron totales.

Entonces, ¿Mbororé sentó un precedente?

Totalmente, geopolíticamente, territorialmente, a nivel corona, para los guaraníes. Permitió la formación militar, una conciencia de territorialidad, les hizo ver a los guaraníes, porque una propaganda que hacían desde Portugal era que los jesuitas concentraban a los guaraníes para que sean llevados por los bandeirantes o los encomenderos de Asunción. Pero la Batalla de Mbororé le demostró al guaraní que los jesuitas estaban comprometidos con la protección de su población, tanto de las amenazas portuguesas como de los encomenderos de Asunción y Corrientes; y la corona española de algún modo protegió al indígena y siguió el criterio de la Compañía de Jesús, en el sentido de que les dijo a los encomenderos ‘ustedes tengan las encomiendas, pero los indígenas no se tocan. Son de las Misiones’.

Y a nivel país, ¿se dimensiona lo que ocurrió en Mbororé?

No, en realidad quizás hace unos años se está exponiendo. Pero si uno toma los libros de historia, nunca vi la Batalla de Mbororé. No aparece en los libros de historia argentina y es un hecho fundamental en la historia de nuestro país, es tan fundamental como ciertos episodios de nuestras Islas Malvinas, la defensa de Malvinas en la época colonial. Pero la Batalla de Mbororé no y hay que ponerla de alguna manera, fue importantísima. Si uno tiene que proyectar imaginariamente, una derrota misionera en Mbororé hubiese significado lo que los portugueses siempre planteaban: que el río Paraná era el límite natural del Imperio de Portugal, y el río de la Plata y el Paraná eran los límites naturales.

Y después está la otra faceta: hoy en nuestro presente, el compromiso que tienen que tener los misioneros de rescatar y preservar todo el patrimonio histórico que hay en esa zona y que no se pierda. Hoy se rescata como símbolo el peñón de Mbororé, que es algo simbólico. Pero hasta el día de hoy no está puesto en valor dónde estuvo el campamento de los misioneros en la Vuelta de Mbororé; en el lugar donde está la vuelta en el río, donde fue el combate naval, hoy en día no hay ningún monolito que indique que fue la batalla. Está el mirador en la ruta 2 con una placa, está lindo porque se ve la vuelta. Además, el sitio donde estuvieron las reducciones del Acaraguá recién ahora se está investigando, pero no está protegido; el sitio donde estuvo la reducción de Mobororé nunca hubo un trabajo de puesta en valor. Los lugares en los que hubo batallas, en el cruce del Mbororé y del Acaraguá, hasta el día de hoy no se ha puesto en valor y tampoco se declaró lugares históricos.

“¿Por qué no aparece en la historia nacional?”, prosiguió Snihur. “Quizás nosotros somos los primeros que tenemos que poner en valor y mostrar todo eso y también porque se ha maximizado el combate naval, que es muy épico, es una parte. Después hay otros contextos que son importantísimos y van más allá del hecho puntual de que se pelearon en el medio del rio. Duró más de una semana, fue una persecución y una batalla que se libró en plena Semana Santa”.

¿Ese es el legado?

Hay un legado histórico que tiene que ver con la historia en sí misma, con el episodio, el relato en sus distintas facetas: España, Portugal, los guaraníes, las Misiones Jesuíticas, los bandeirantes, la frontera. Hay un gran legado a hacerlo visible, a través de los medios, escuelas, eventos. Por otro lado, hay un legado que tiene que ver con el patrimonio… así como decimos ‘hay un legado que son las reducciones’, tenemos un patrimonio que son San Ignacio Miní, Santa Ana, Loreto, Santa María la Mayor, es un legado histórico, acá ocurre lo mismo. Hay un discurso histórico y por otro lado un patrimonio histórico vinculado a un lugar específico que tenemos que rescatar; esos espacios hacen a la identidad.

Las bandeiras y el negocio

Las bandeiras eran sociedades comerciales, se juntaban inversores con capital y los contratistas tenían sus contactos con pueblos como los tupíes, por lo que actuaban como una empresa. Y el negocio era para los tupíes valerse del saqueo y para los inversores, llevar a los indígenas, recuperar la inversión y obtener la ganancia; en tanto, para la corona, avanzar sobre el territorio.

Pueblos: cercanía y ampliación

Un aspecto a considerar es cómo era el mapa de las Misiones en esa época. En 1641 la distribución de las Misiones era muy distinta: entre el río Paraná y el Uruguay estaban prácticamente concentrados todos los pueblos ante ese contexto de inseguridad. Por ejemplo, entre Concepción y Santa María la Mayor estaba Mártires; entre Santa María la Mayor y San Javier estaban San Nicolás y Apóstoles; entre San Ignacio y Corpus se hallaban San José y San Carlos. La reducción de Mbororé, que va a ser La Cruz después, estaba a orillas del arroyo; esa victoria trajo también la definición territorial de las Misiones.

A partir de ese momento Apóstoles se traslada al lugar en que está hoy, San Nicolás vuelve a Brasil, San Carlos se posiciona en su lugar actual, al igual que San José. Mientras, la reducción de Nuestra Señora del Acaraguá de Mobororé se muda y funda la reducción de La Cruz. Y después que la región queda asegurada vuelven a ocupar la zona oriental el río Uruguay, esto es Río Grande, como territorio español. De todos modos, ese territorio se volverá a perder antes de 1801.

“Pero ese es el ida y vuelta en una zona de fricción fronteriza entre España y Portugal; pero ahí está también el rol de las Misiones Jesuíticas y del valor histórico de esa batalla”, resumió Snihur.

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