El enfrentamiento frenó el avance de los portugueses

Una carta de supuesta rendición rechazada y una acción victoriosa que trajo la paz por años

domingo 15 de marzo de 2026 | 6:05hs.

Por Ricardo Argañaraz*
elterritoriosociedad@gmail.com 

Luego del descubrimiento de América en 1492, los reinos de España y Portugal tuvieron dificultades para fijar con precisión los límites geográficos de sus territorios. El papa Alejandro VI en 1.494 en una Bula terminó estableciendo lo acordado entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal sobre los límites geográficos, en el Tratado de Tordesillas, que en realidad nunca se cumplió. España con poca presencia institucional y sin generar actividad económica en la frontera, facilitó a Portugal que mostraba vocación permanente de extender sus dominios hacia el occidente del límite establecido en Tordesillas. De este modo las Reducciones Jesuíticas constituyeron los principales asentamientos dependientes del imperio español en las regiones fronterizas.

En el siglo XVI la actividad económica relevante en nuestro continente, eran la minería y la producción de azúcar. La corona española intentó generar humanidad en la actividad económica, sobre todo en la minería en el alto Perú, con la Mita, el Yanaconazgo y la Encomienda, con poca eficacia. Los cañaverales y los ingenios demandaban mucha mano de obra, que en un principio fueron cubierta con la esclavitud africana, negocio que era monopolizado por los holandeses y de algún modo por los portugueses, con dificultades y disputas, que hicieron que los lusitanos se dedicaran a esclavizar a los aborígenes. Portugal a finales de ese siglo era el gran productor de azúcar, y exportaba a toda Europa. En la Real Cédula citada por el historiador Padre Guillermo Furlong SJ, más de trescientos mil aborígenes fueron esclavizados por los portugueses en ese siglo.

Los colonos y hacendados portugueses, con la anuencia solapada y negada por las autoridades coloniales portuguesas, crearon las bandeiras, verdaderos batallones de cazadores de aborígenes. Preferían a los que vivían en las reducciones jesuíticas, por estar culturizados y con hábitos laborales. Luego de cazarlos los subastaban en San Pablo.

Se organizó en San Pablo una importante Bandeira, para cazar y esclavizar a los aborígenes de las reducciones jesuíticas establecidas a orillas de los ríos Uruguay y Paraná; fijaron el rumbo de su marcha bajando por el río Uruguay.

La Bandeira compuesta por más de tres mil hombres en embarcaciones y canoas, y mil tupí guaraní al servicio de los bandeirantes que marchaban por tierra, se aproximaron en los primeros días de marzo de 1641 por el río Uruguay, hasta lo que hoy es territorio de la Provincia de Misiones.

Los jesuitas y los guaraníes de las reducciones linderas, que habían sido advertidos por jesuitas desde San Pablo, se concentraron para esperarlos, estaban preparados para dar batalla y resistir al ataque esclavista. Los violentos combates que duraron siete días, se produjeron en aguas del río Uruguay entre las actuales localidades de Panambí y San Javier, luego de pasar los rápidos del Roncador, principalmente en la desembocadura del arroyo Mbororé, hoy llamado arroyo Once Vueltas.

Quien había organizado la defensa, el Padre Claudio Ruyer, sufrió una grave indisposición días antes de la llegada de los bandeirantes y fue trasladado para su recuperación física hasta le reducción de San Nicolás, y el Padre Pedro Romero, ex militar, asumió el mando.

Los guaraníes tuvieron decisiva participación en la batalla, y fueron conducidos por los caciques: Nicolás Ñeenguirú (comunicado con el espíritu superior) de la reducción de Concepción, como Capitán General; Ignacio Abiarú (el más importante de los zorzales) de la reducción del Acaraguá, Capitán; Arazay (valiente árbol chico) de la reducción de San Javier, Capitán; y Francisco Mbayroba (espíritu fuerte) de la reducción San Nicolás, Capitán.

Cuando los jefes bandeirantes, Manoel Peres y Jerónimo Pedroso de Barros tuvieron la evidencia de la derrota y el riesgo cierto que corrían sus vidas, enviaron al campamento de Mbororé una Carta firmada por Manoel Peres, fechada el 13 de marzo de 1641, solicitando el cese de las acciones, donde se escondía la rendición, con argumentos falaces, afirmando que llegaban a la región en son de paz, buscando a portugueses que se habían perdido en la selva, luego de enfrentarse con tribus belicosas que no querían escuchar las palabras del evangelio, y otras consideraciones del mismo tenor.

La carta fue llevada por dos ancianos en una canoa, que portaban banderas blancas. Fue recibida en el campamento, donde fue leída en voz alta, voceada en castellano y en guaraní, luego de las deliberaciones la rechazaron al interpretarse como una pretendida engañifa absolutamente inaceptable.

Cuando edité el libro ‘Batalla Naval de Mbororé’, El Territorio Digital publicó un reportaje donde expliqué el contenido del mismo y las consecuencias históricas y políticas de la batalla de Mbororé, hasta nuestro tiempo. A los días recibí un correo electrónico desde Ouro Preto, estado de Minas Gerais, Brasil, donde Juliano Gustavo dos Santos Ozga, de la Editora Aere Ret, que había leído mi reportaje en el Territorio Digital, me manifestó que estaban en la tarea de publicar un libro sobre la batalla, y con quien generamos intercambio de información sobre la cuestión.

Me envió las copias del informe de la batalla, desarrollado por el Padre Claudio Ruyer por pedido el Padre Provincial Diego de Boroa, desde Asunción. El informe titulado ‘Relación de la guerra y victoria alcanzada contra los portugueses del Brasil’, redactado en la reducción de San Nicolás el 6 de abril de 1.641, cuyo original es preservado en la biblioteca Nacional en Río de Janeiro; también accedí a copia de la carta de rendición.

Tan importante fueron las consecuencias de la batalla que por más de cien años las bandeiras dejaron de ser la principal preocupación en la región de las misiones jesuíticas, no obstante, continuaron cazando aborígenes en la inmensa selva virgen e incrementaron el tráfico de esclavos africanos, tanto para producción de azúcar como en la minería. En lo que atañe a nuestra región, puso límites a las pretensiones territoriales del Imperio portugués de seguir avanzando hacia occidente. Desde la batalla naval de Mbororé los asentamientos institucionales y militares portugueses, no traspasaron el río Uruguay.

El historiador Félix Luna en su libro Conflictos y Armonías en la Historia Argentina, la catalogó como la más importante batalla en el territorio de los que hoy es nuestro país, al impedir que la Mesopotamia argentina sea parte del Imperio de Portugal, y hoy no sería territorio argentino. El historiador Padre Guillermo Furlong SJ, quien fue presidente de la Academia Nacional de Historia, concluyó, “La gran batalla naval de Mbororé, fue la primera de los fastos navales argentinos”. z

Autor del libro
Batalla Naval de Mbororé

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