Representó a Misiones en Córdoba y Rosario
Buscador de oportunidades y de nuevos horizontes
Pablo deja un rato de lado una de sus grandes pasiones, las artesanías, para hablar de otra de las cosas que lo movilizan en la vida: el deporte. Pasó por la natación, anda en bicicleta, hace yoga, pero con el tenis de mesa tiene un vínculo más que especial.
Aprendió de ver a sus hermanos. Pasó de espectador a actor principal y con la paleta recorrió la provincia y el país. Hoy tiene a otros rivales que le disputan un reinado que mantuvo por mucho tiempo, pero eso no le interesa, lo motiva.
Pablo Rodríguez (45) es uno de los integrantes de la Asociación Síndrome de Down de Actividades Inclusivas (Asdai), que con mucho esfuerzo propone opciones para las personas con síndrome de down. Propone la chance de conocer un deporte, de hacer una actividad y de compartir.
“El deporte es muy importante para las personas, para moverse, para estar activas. Yo hice natación, voy a andar en bici a la Costanera y ahora también hago yoga”, contó Pablo.
El deporte, la actividad física, son pilares en su día a día. Gracias al apoyo de su familia, Pablo logró, desde pequeño, manejarse con gran independencia y conocer varios puntos del país. Con la bandera de Misiones en la espalda, representó a la provincia en distintos torneos de tenis de mesa en Córdoba y Rosario.
También le tocó ser anfitrión cuando, por ejemplo, Posadas fue sede el año pasado del torneo Nacional de tenis de mesa para personas con síndrome de Down y también cuando la capital misionera fue sede del Regional hace un par de meses.
Todos los sábados en el club Huracán, Pablo y sus compañeros se juntan a entrenar. Lo deportivo es la excusa para juntarse, para compartir y para jugar. El tenis de mesa es el disparador para muchas otras actividades, para que lo que pasa los sábados se traslade a otros lugares.
Rosy Billerbeck es uno de los pilares fundamentales para que Pablo y sus compañeros tengan la posibilidad de conocer, de generar vínculos que vayan más allá de lo que pasa en un entrenamiento o en un viaje.

Saber medir y dar lugar
Tener un hijo supone tener un montón de anhelos, de inseguridades, de expectativas, de miedos. Supone tener que aprender día a día y prepara a esa persona para un mundo en el que uno no fue criado y que cambia muy rápido.
Como con cualquier chico, los padres tienen que aprender hasta dónde pueden proteger, hasta dónde cada niño debe aprender a valerse por sí mismo y qué herramientas brindarle para andar por un mundo que muchas veces no es tan amigable como los padres quisieran.
Desde temprana edad, Rubén y Zunilda aprendieron que darle autonomía a Pablo era clave. Que tenía que aprende a valerse por sí mismo, con los cuidados necesarios.
Pablo aprendió y tiene claro que eso fue clave en el desarrollo de su vida: “La familia es muy importante. Me gusta poder compartir con ellos y que podamos estar todos juntos”.
Tanto Rubén como Zunilda y todo el grupo familiar que rodea a Pablo está ahí para él, pero en la medida justa para que pueda ser y, a la vez, contenerlo cuando la situación lo amerita.
Una muestra de ello es que Pablo va a un curso de la Ucami para aprender oficios y, junto a sus compañeros, encontraron otro punto en común que los motiva a mejorarse.
Para Pablo y su familia, el deporte significó y significa una parte fundamental de su vida, pero no es la única en la que decidió incursionar. Participó de la Estudiantina con la Comercio Nº 8 y siempre tuvo, quizás sin saberlo, esa misión de ser ejemplo para propios y extraños de que la inclusión no es solamente un concepto abstracto en un discurso, sino una bandera que la lleva orgulloso como estilo de vida.
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