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La escuela Caballeriza, de Oberá, todo a pulmón

El club de barrio que alivia las carencias y los peligros cotidianos

“Algunos chicos vienen descalzos y a veces improvisamos canilleras con cartón, pero tratamos de inculcar valores y respeto”, expresó el profesor Emiliano López

domingo 07 de enero de 2024 | 6:05hs.
El club de barrio que alivia las carencias y los peligros cotidianos
Los chicos se acercan a una cancha que se levantó con ayuda de la Municipalidad obereña. Fotos: Luciano Ferreyra
Los chicos se acercan a una cancha que se levantó con ayuda de la Municipalidad obereña. Fotos: Luciano Ferreyra

No es la mejor cancha y tienen una sola pelota para 50 chicos, pero la alegría, las risas y los abrazos compensan cualquier falencia de estructura o equipamiento. Y no es una pintura que queda bien, es lo que se percibe en la calurosa tarde de enero, con sol a pleno y un montón de gurisada jugando.

Un lugar de pertenencia, una familia afuera de la casa, un espacio que sirve de refugio de un montón de carencias y peligros cotidianos. Un par de horas que contienen y entretienen, enseñan, alivian y sientan buenas bases.

Disciplina, compañerismo, respeto. Conceptos que sirven para el equipo y la vida misma, cosas que quedan sin son bien sembradas.

Ese es el camino que transita la Escuela de Fútbol Deportivo Caballeriza, de Oberá, un club de barrio todavía sin sede propia que ya acumula cinco años de trayectoria.

Una iniciativa de Emiliano López (34), apasionado del fútbol que un día empezó a entrenar a su hijo Thiago y su sobrino Diego en la canchita de la Escuela 688. Pero cada semana se sumaban más chicos, por lo que tuvo que incrementar los días y horarios de prácticas.

“Mandé a nivelar la canchita porque había muchas piedras y la Municipalidad nos puso los arcos. Con el tiempo ese espacio nos quedó chico y nos mudamos a la cancha actual, frente al Hogar de Día, que en realidad se ocupa como plaza, pero no sabemos si es un espacio público o privado”, contó López.

Lo cierto es que hasta el momento nunca nadie les impidió usar el predio. Al contrario, todos los vecinos destacan la labor de la escuela de fútbol en la contención de los chicos. 

Realidad y orgullo

López trabaja como inspector de Tránsito municipal y por la tarde se dedica de lleno a su pasión por entrenar. Jugó en Olimpia, al igual que sus hermanos, por lo que tiene buenas bases. Y el gusto por lo que hace es tal, que apenas se tomó un par de semanas de vacaciones y el último miércoles ya retomó los entrenamientos.

“Ahora en verano empezamos a las cinco de la tarde, pero tipo cuatro y media varios vienen para casa y me esperan para ir a la cancha. Los chicos esperan con ansias los días de entrenamiento. Les gusta, disfrutan y eso me hace feliz”, remarcó el profe. Entrenan tres veces por semana, desde 5 a 14 años, tanto varones como nenas.

“Antes venían chicos más grandes, pero era complicado porque peleaban mucho y se hacía difícil controlarlos. Hay chicos que vienen de familias con problemas y necesidades, entonces hay que tener mucho tacto”, reflexionó.

El lugar está abierto para todos los chicos que buscan divertirse.

En tal sentido, mencionó el caso de una niña que terminaba el entrenamiento y no quería volver a su casa. Resulta que el padre tomaba mucho, con todo abanico de situaciones negativas que ello implica para una criatura.

Pero también hay casos de superación que sirven de espejo para los demás, como dos nenes que fueron seleccionados por Independiente de Avellaneda.

“Con las nenas jugamos el torneo de la Liga Obereña femenina sub10 y sub12 y nos va muy bien. Incluso ya les ganamos a las Decanas (Atlético Oberá), que tienen muy buena estructura”, subrayó satisfecho.

En tal sentido, consideró que “nuestras nenas entrenan con los varones y creo que eso les da un plus a la hora de competir”.

A pulmón

Por el momento sólo las categorías femeninas compiten en la Liga, ya que no reúnen los requisitos para intervenir en masculinos, como tener cancha propia.

En tal sentido, López indicó que “muchos de nuestros chicos entrenan acá y los fines de semana juegan en clubes, como Aemo, donde tampoco les cobran nada”.

Es que en tiempos de cuotas y aranceles, las instituciones que no exigen ningún pago van camino a la extinción.

“Acá no se les cobra nada a nadie y la gran mayoría son chicos del barrio, pero también vienen de otros lugares porque les gusta cómo entrenamos”, agregó orgulloso. 

Siempre a pulmón y con apoyo de algunas empresas y particulares, van adquiriendo indumentaria y todos los años festejan el Día del Niño.

Además, suman su apoyo a causas solidarias, como la reciente organización de un torneo que permitió recaudar fondos a favor de Alexis Horodeski, jugador de Olimpia que padeció fractura de tibia y peroné.

“No nos sobra nada. Incluso, algunos chicos vienen descalzos y a veces improvisamos canilleras con cartón, pero tratamos de inculcar valores, compañerismo y respeto. A todos nos gusta ganar, pero al rival siempre se respeta y se saluda, por ejemplo”, indicó López. 

Días atrás tuvieron la visita del obereño Patricio Ostachuk, exjugador de Independiente que en la próxima temporada defenderá los colores del Deportivo Maipú, lo que entusiasmó a los chicos.

Sobre los proyectos, el profe destacó “el sueño de la cancha de once y, algún día, poder jugar en la Liga Obereña. Pero si los chicos prefieren estar acá y no en la calle, el objetivo está cumplido”.


Una tragedia y el ejemplo de Agustín Da Silva

Lucas Rivero tenía 18 años y la vida por delante. El 4 de junio del 2016 fue asesinado en la antigua cancha del barrio Caballeriza, al lado del arroyo, donde lo apuñalaron en pleno partido de fútbol.

Tiempo después los culpables fueron sentenciados y los padres de Lucas cerraron el capítulo más triste de sus vidas. Pero el dolor persiste.

Casi en paralelo a la condena se estrenó ‘Correr para ser libre’, del francés Mathieu Orcel, un documental que cuenta la vida del atleta Agustín Da Silva. Así, el destino (caprichoso como pocos) trazó una última pincelada para unir a dos amigos: Lucas y Agustín.

“Yo era amigo de Lucas, siempre tomábamos tereré y jugábamos al fútbol. Ese sábado que lo mataron yo estaba por ir a la cancha para entrenar, para correr en el pasto. Pero al final fui a otro lado. Si no, no sé qué hubiera pasado”, reflexionó Agustín. 
La vieja canchita del barrio se convirtió en capuera, ya no gritan goles y sobresale una tumba que recuerda a Lucas, sepultado en el lugar.

Agustín, su amigo, corre cada vez mejor y su historia de superación inspira. Por eso “es el ídolo de Caballeriza”, como dijo el profe Emiliano López, quien también instruye a los chicos para pruebas pedestres.  

 

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