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Facultad de Veterinaria, 103 años de vida

miércoles 13 de septiembre de 2023 | 6:00hs.
Facultad de Veterinaria, 103 años de vida

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l sábado 9 de septiembre pasado, la querida Facultad de Veterinaria de Corrientes, perteneciente a la UNNE cumplió 103 años de existencia. Su historia comienza en el año 1920 cuando la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, hija directa de la Reforma Universitaria de 1918, decidió la creación con sede en Corrientes de la Facultad de Agronomía, Ganadería e Industrias Afines “FAGIA”. Desde ese momento se desarrolló de forma sostenida aún en medio de vicisitudes, sin embargo, a partir del año 1934 permaneció cerrada por casi 10 años. En ese período siguió funcionando la ERAGIA, la Escuela Regional de Agricultura, Ganadería, Industria y Afines creada el 13 de septiembre de 1920 con dependencia de la FAGIA. Quien esto escribe se recibió de Perito Agrónomo en esa casa de estudio. Se puede deducir entonces que, la ERAGIA, constituyó el sostén para que la FAGIA vuelva a reabrir sus puertas en marzo de 1943. Se mantuvo así hasta el año 1952, para luego denominarse Facultad de Agronomía y Veterinaria. Después, con la creación de la flamante Universidad Nacional del Nordeste en 1956, pasó a depender de ese rectorado.

En el año 1974 se produjo el desdoblamiento de ambas instituciones, identificándose individualmente como Facultad de Ciencias Agrarias y en Facultad de Ciencias Veterinarias, con administraciones independientes.

En ese día del sábado, en la Facultad, se recordó la fecha con un almuerzo de agasajo a colegas veterinarios de antiguas promociones, asistiendo profesionales locales y los que llegaron desde distintas ciudades del país.

El 6 de agosto es el Día del Veterinario y del Ingeniero Agrónomo. Se impuso tal fecha porque en ese día se inauguró en 1883 el Instituto Agronómico y Veterinario en Santa Catalina, provincia de Buenos Aires. Constituyó la primera escuela de estudios superiores de esas especialidades en el país, cuyo mentor fue Dardo Rocha, el constructor de la ciudad de La Plata.

En l890 cobró vuelo al ser trasladada de Santa Catalina a la Plata con el rango de Facultad de Agronomía y Veterinaria. Desde ese momento se erigió en el primer eslabón de otras tantas casas de altos estudios creadas a lo largo y ancho del país, ya sea en Universidades del Estado o en las privadas, como manera de responder con ofertas de profesionales la necesidad de atender, no solamente las cuestiones sanitarias del país, también la infinidad de ramificaciones conexas de la producción agropecuaria primaria y su transformación en el proceso industrial de la cadena alimentaria. Esto es así, porque no existe una planificación de la rama agropecuaria, la madre de todas las producciones, sin el concurso de ambas.

¿Y qué es el Veterinario? Según la Real Academia Española es la persona que se halla legalmente autorizada para profesar y ejercer la Veterinaria. El origen de la palabra proviene del latín veterinarius. Según Catón, el escritor (234/149 adC), era el sujeto conocedor de la veterinae o veterina, es decir las bestias de carga. El nombre de estos animales provenía de vetus (viejo) porque se trataría de animales envejecidos y, por ende, no aptos para las carreras ni carros de guerra y solo útiles para el transporte. Otros afirman que veterina procede del verbo veho, vehere, de donde deriva vehículo, que significa precisamente transporte.

En el año 2013 escribí un artículo sobre el veterinario y las enfermedades tropicales. Lo recuerdo: “El compromiso del veterinario ante estas enfermedades nace desde las cátedras de la Facultad. Para situarnos en el contexto actual, debo evocar las clases que toda una pléyade de alumnos de Veterinaria recibimos en la Facultad de la UNNE, precisamente, en las cátedras de Zoología (del primer año) y Parasitología (del tercero), dictadas por el Profesor doctor Oscar Jacinto Lombardero. Quien nos hacía repetir una y cien veces la clasificación de los proto y metazoarios como forma de ubicar con mayor precisión los parásitos de interés veterinario que, en el tiempo de nuestro ejercicio profesional “donde muchas cosas se olvidan” -decía-, el solo repaso de la lectura específica bastará para recordar cualquiera de las materias bien estudiadas y bien aprendidas.

Fue así que en aquel entonces nos obligaba a meternos de lleno a escudriñar las taxonomías, que hoy nos sirve para reconocer a estas  enfermedades que trastornan a los Misioneros, por ejemplo la rutilante leishmania causante de la leishmaniasis visceral en humanos.

A la leishmaniasis la volvimos a ver como al pasar en Patología Infecciosa con el doctor Aucar, el Turco, nuestro apelativo cariñoso.

-Doctor. ¿Para que estudiamos estas enfermedades desconocidas que nunca la veremos? Preguntábamos con la inocente intención de atemperar los rigores del futuro examen.

-Yo no las veré, ustedes sí. Nos contestaba con su especial bonhomía.

-Además, el año que viene la verán y muy bien con el doctor Mayer-. A sabiendas que para este exigente profesor eran tan importante las zoonosis comunes en nuestro país,  brucelosis, mal de Chagas o Carbunclo, como las exóticas fiebre del Valle del Rift, la Tularemia o la enfermedad del sueño, provocado por el Tripanosoma brucei.

El doctor Horacio Fermín Mayer estaba al frente de la cátedra de Patología Comparada y Salud Pública en quinto año. Nosotros la simplificamos con el genérico nombre de zoonosis.

Él la creó en 1959 y fue la primera Facultad en el mundo con tan notable programa de estudio y, a la vez, tan abarcativo. Más adelante la crearon en la Plata y luego en Buenos Aires. Otras facultades de otros países la adoptaron después.

Con el doctor Mayer todas las enfermedades por exóticas que fueran debían dominarse. Y advertía, -éstas, con más razón, puesto que si llegan a presentarse no los agarre con la guardia baja del desconocimiento.

Y al decir esto afirmaba orgulloso: “El veterinario es un profesional indispensable en el mundo de la sanidad y como tal debe integrar los programas de salud”.

  “La OMS destaca que el veterinario tiene un lugar ganado en el área sanitaria por conocer la epidemiología de las enfermedades, de su ciclo, del ciclo evolutivo de los insectos vectores, de los animales reservorios y de los transmisores en general; armas fundamentales del conocimiento para prevenir enfermedades”.

Recuerdo cuando el doctor Mayer, a mediados de los 60, rindiendo examen oral del concurso para ocupar la cátedra que él mismo creara, y ante eminentes profesores de otras facultades de Veterinaria del país, dijera: “Las enfermedades consideradas exóticas de los climas tropicales, alguna vez estarán entre nosotros. Debemos estar preparados. Les atrae la humedad, el calor tórrido, la deforestación, la basura, las aguas estancadas y el elevado crecimiento y hacinamiento promiscuo de la población humana y animal”.

Estaba en lo cierto. Han pasado más de 50 años, nada en la historia de la humanidad, y las profecías de aquellos sabios, entre ellos el doctor Mayer, se están haciendo realidad. Entonces se entiende, el lugar que debe ocupar el veterinario sanitarista, en el entramado interdisciplinario para tratar estas enfermedades.

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