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Pinceladas de historia

Los pueblos jesuíticos

domingo 26 de junio de 2022 | 6:00hs.
Los pueblos jesuíticos

En general hay distintas versiones acerca de cuál fue el modelo inspirador de la planificación urbana de los pueblos de las Misiones Jesuíticas. Se han invocado, por ejemplo obras clásicas renacentistas como la ‘Utopía’, de Tomás Moro (1516), o ‘La ciudad del sol’, de Campanella(1623). En tiempos actuales, historiadores del arte jesuítico-guaraní como Darko Sustersic ven la inspiración de la estructura urbana de los pueblos en las propias aldeas guaraníes, los “tekohá”. Pero lo cierto es que la legislación de la época, los escritos y órdenes emanadas desde la propia administración de la Compañía de Jesús, en Roma, brindaron los elementos esenciales para el diseño de estos pueblos.

Las leyes de Indias, por ejemplo, dictaron normas sobre el funcionamiento de las misiones a través de la formación de reducciones. El primer Padre Provincial de los Jesuitas, Diego de Torres escribió unas instrucciones con indicaciones precisas para la construcción de estas misiones.

Hay que tener presente que los pueblos guaraníes en un principio no se hicieron de una vez y para siempre. Sufrieron traslados, cambiaron sus materiales constructivos y se fueron adaptando a las culturas indígenas del lugar. Recién a fines del siglo XVII comenzó una estabilidad en el afianzamiento de los pueblos. Por eso las ruinas que conocemos hoy son el resultado de experiencias e ideas que fueron progresando a través de varias décadas en el inicio de la experiencia religiosa.

El esquema urbano de una reducción presenta muchas similitudes. Una gran plaza de forma cuadrangular (que también la tenían los tekohá para las celebraciones tribales) se constituía en el centro. Un espacio religioso, dominado por una gran Iglesia (comparable a muchas catedrales europeas por su monumentalidad, sus fachadas ornamentadas, sus pórticos, según han manifestado muchos historiadores) de tres y aún cinco naves. Adosado a ella habían dos patios: el colegio o residencia de los misioneros y un segundo patio para los talleres donde se construían los principales materiales del pueblo. Del otro lado de la iglesia se hallaba el cementerio.

En los restantes tres lados de la plaza se hallaban las viviendas familiares alargadas (como también existían en las aldeas guaraníes prejesuíticas), con galerías techadas al frente y separaciones interiores para cada familia. Habían también edificios como el cabildo, la residencia para mujeres solas, cárcel, etcétera.

En la parte de atrás del espacio religioso se hallaba una gran puerta, con plantaciones frutales, plantas medicinales, corrales para los animales de consumo, legumbres, etcétera.

Los pueblos en su mayoría se hallaban edificados en lugares altos y cercanos a ríos y arroyos. Una gran estancia donde se criaban animales de todo tipo para labores y consumo, plantaciones de yerba, naranjales, algodonales, etcétera, formaba parte del pueblo y hacia allí se dirigían todos los días a sus actividades cotidianas los habitantes del pueblo. En las zonas más alejadas existían los puestos de estancias, donde vivía la familia que cuidaba de los animales y las plantaciones y además servía como posta en el camino que iba uniendo los diferentes pueblos de la provincia religiosa. Un modelo de este tipo de postas y puestos de estancias, cuyas ruinas han sobrevivido a las forestaciones actuales, es el de San Alonso, a pocos kilómetros de la ciudad de Gobernador Virasoro. Es uno de los pocos ejemplos de este tipo de viviendas rurales que pueden verse en toda la región guaraní-misionera.

La vida cotidiana de los pueblos se centraba en especial en el ámbito religioso. Así se celebraban continuamente fiestas, devociones, catequesis, Misas. Generalmente se les daba un tono festivo, a gusto de los indios, como ejercicios militares, fiestas patronales, juegos, danzas, convites.

El resto de los días cada uno, en general en grupos o cuadrillas se dirigían a sus respectivas labores en el caso de los mayores, mientras los niños asistían a la escuela después de participar en las celebraciones religiosas de las iglesias. Algunos iban a la escuela de primeras letras, otros a la de danzas y música, otros a aprender los oficios de tejedores, pintores, artesanos.

En cuanto a la subordinación política, estos pueblos dependían del Rey, Consejo de Indias, audiencias y virreyes. Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767, el sistema se modificó dejando de ser una provincia religiosa y pasando a la dependencia de la gobernación de Buenos Aires.

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