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Proteger la memoria y tradición

Rastros jesuitas en el norte cordobés

Jesús María alberga historia argentina. Una de las estancias que se encuentran en esta ciudad es la de Santa Catalina, una de las obras de arquitectura más valiosas del país

domingo 29 de agosto de 2021 | 6:00hs.
Rastros jesuitas en el norte cordobés
La estancia Santa Catalina está integrado por una iglesia, galerías, patios, talleres, huertas y demás espacios.
La estancia Santa Catalina está integrado por una iglesia, galerías, patios, talleres, huertas y demás espacios.

Jesús María es una hermosa ciudad de la provincia de Córdoba, ubicada a 50 kilómetros de la capital. Atrae a sus visitantes por el resguardo de la tradición y el significativo cuidado de las costumbres que hacen a la cultura nacional. Lo maravilloso de sus paisajes y la amabilidad de sus habitantes invitan a los turistas a disfrutar de una estadía placentera.

Abraza huellas de la historia que dieron nacimiento a nuestro país y que rememoran el pasado indígena. En medio del trayecto de las estancias jesuíticas, las edificaciones quedaron marcadas por el paso de la evangelización. La Estancia Jesús María, el Paseo de los Artesanos, las plazas Pío León y San Martín, la Sala de Exposiciones, un pequeño teatro y la Torre Céspedes son algunos de los sitios para visitar en esta tranquila localidad. Pero además, muy cerca, propone recorrer otros espacios que forman parte del conocido Camino de la Historia dispuesto en el norte de la provincia.

La obra evangelizadora en la región tuvo un importante avance cuando en 1599 la Compañía de Jesús se asentó en la ciudad de Córdoba, en el espacio que hoy es conocido como la Manzana Jesuítica. Allí se erigieron la principal Iglesia de la Compañía, el Colegio Máximo y el Convictorio, a partir de los cuales se comenzaría a desarrollar la labor espiritual y, sobre todo, educativa, dando origen a la Universidad Nacional de Córdoba y al Colegio Nacional de Monserrat.

Para poder llevar adelante esta destacable misión, los jesuitas necesitaban generar sus propios recursos. Y entre los siglos XVII y XVIII encontraron el modo de conseguirlo mediante la adquisición y construcción de establecimientos agroganaderos en el interior del territorio provincial.

Seis estancias, todas emplazadas en la zona serrana: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1683) y San Ignacio (1725), conformaron la unidad de trabajo que, a través de la cría de ganado, la labor en la huerta, el cultivo de cereales, y otras tantas actividades secundarias, supieron procurar el sustento económico.

Estancia Santa Catalina
La Estancia Jesuítica Santa Catalina es un conjunto edilicio integrado por una iglesia, claustros, galerías, patios, talleres, tajamar, huertas y rancherías, que constituyen una de las más valiosas obras de la arquitectura colonial conservadas en Argentina. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1941 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000. Está localizado en un paraje rural en el que se conservó el entorno natural, a 20 kilómetros al oeste de la ciudad de Jesús María y a 70 km al norte de Córdoba capital.

Las tierras de Calabalumba la Vieja, donde fue erigida la estancia de Santa Catalina, fueron otorgadas en 1584 en merced a Miguel de Ardiles, quien había acompañado a Jerónimo Luis de Cabrera en la fundación de Córdoba. Tras su muerte, su hijo vendió el predio al herrero Luis Frassón, otro miembro de la expedición fundadora.

Finalmente, en 1622 la Compañía de Jesús adquirió el complejo que, por ese entonces, comprendía algunas precarias construcciones y muchas cabezas de ganado, y comenzó las obras de construcción de la estancia y el noviciado.

Al momento de la expulsión de los jesuitas, la estancia se encontraba en pleno auge y funcionamiento. En principio, se encargó de su administración la Junta de Temporalidades, hasta que en octubre de 1774 fue vendida a Francisco Antonio Díaz, alcalde de la ciudad capital, cuyos herederos aún son propietarios del complejo.

La estancia es reconocida especialmente por su imponente iglesia, ejemplo del barroco colonial en Argentina, visiblemente influenciado por la arquitectura centroeuropea de ese estilo. Su fachada, flanqueada por dos torres y un portal en curva, es de líneas y ornamentos simples, con pilares de base rectangular adosados a los muros y frontones curvos sobre las aberturas.

Junto a la iglesia se encuentra el pequeño cementerio, donde descansan los restos de Domenico Zipoli, precedido por un portal, que repite características de la fachada del templo, y la residencia con sus tres patios, locales anexos y huerta. Separados del cuerpo principal de la estancia, se hallan el noviciado, la ranchería, el sistema hidráulico y restos de hornos.

Para llegar desde la ciudad de Córdoba, se puede ir hasta Jesús María por la RN 9. Desde allí, hay que tomar el camino que va hacia Ascochinga durante unos 8 kilómetros, tras los cuales se encuentra un desvío a mano derecha, que conduce a Santa Catalina.

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