La solidaridad como estandarte de los proyectos tecnológicos

Domingo 21 de abril de 2019
La Epet 18 de Puerto Esperanza tiene tan sólo diez años y es uno de los establecimientos que más aportó a la sociedad con sus proyectos de desarrollo tecnológico.
Los trabajos comenzaron en 2016 con la mirada puesta en las necesidades de los que menos tienen y son los alumnos los encargados de identificar los problemas para luego trabajar en clase con sus compañeros en proyectos que demandan tiempo y dedicación.
El año pasado, el grupo realizó dos manos ortopédicas, un pie ortopédico y diversos materiales en braille que facilitaron el aprendizaje de un niño de cuarto grado de la localidad de Wanda, quien actualmente asiste a una escuela de aprendizaje convencional.
Los alumnos trabajan principalmente con impresoras 3D y los proyectos que llevan adelante junto con el profesor Edgardo Doberstein -además del aprendizaje y la experiencia- tienen el objetivo de fomentar la solidaridad, ya que siempre buscan beneficiar a alguien brindándole una solución práctica poniendo en acción sus conocimientos.
Los alumnos de sexto año que participaron en el proyecto y que son los encargados de transmitir el legado a los alumnos de quinto dialogaron con El Territorio: “Nosotros trabajamos en todas las etapas del proyecto, desde el trabajo social a conocer las necesidades de la persona que vamos a ayudar. En el caso del nene no vidente, primero tuvimos que aprender braille para poder escribir y que él pueda leer correctamente”.
Los jóvenes realizaron mapas que el niño utilizó en geografía y elementos para matemáticas como escuadras y reglas, entre otros elementos.
“Fue muy gratificante ver y saber que gracias a nuestro trabajo, el nene podía aprender normalmente como todos sus compañeros, para nosotros fue increíble”, relataron.
Los 37 alumnos de quinto año están ansiosos por el trabajo que llevarán adelante este año, ya que el profesor Doberstein anticipó a los jóvenes que trabajarán en la confección de manos para un niño de 5 años, a quien aún no conocen pero en pocos días comenzarán a estudiar el caso para ver cómo lo asisten.
“No logramos ayudar a muchas persona todavía porque el proceso es largo y todos los chicos deben trabajar y experimentar; tenemos mucha pérdida de material porque es prueba y error, además todos los chicos deben probar y trabajar, pero el proyecto sobre todo tiene un objetivo social”, remarcó Doberstein.
Respecto a los materiales, el profesor comentó que la mayoría de los insumos son donaciones de las empresas que aportan en el marco de la Responsabilidad Social Empresarial, aunque confesó que en varias oportunidades tanto él como sus alumnos pusieron dinero de sus bolsillos para terminar los trabajos comenzados.

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