El aprendizaje concebido como bien social en barrios de San Pedro
domingo 21 de abril de 2019 | 6:00hs.
Lengua y matemáticas, las materias más requeridas.
El Centro de Educación Polimodal (CEP) 34 para jóvenes y adultos de San Pedro lleva adelante un proyecto de Escuela Solidaria que tiene como fin reforzar la educación en los sectores más vulnerables de la localidad.
Es así que alumnos dedican su tiempo una vez por semana para brindar clases de apoyo a niños en edad escolar en uno de los barrios más carenciados de la Capital de la Araucaria. La iniciativa resulta muy fructífera tanto para quienes la reciben, pero aún más para quienes la llevan adelante, quienes se sienten realizados por pregonar la bandera de la solidaridad y el interés por el otro, tanto a sus familias como a los demás compañeros de grado.
La profesora a cargo de la propuesta es Rosmerie Quintana, quien recibe el apoyo de los demás docentes y directivos, quienes de forma mancomunada planifican cada una de las clases que los alumnos llevarán adelante en barrio San Miguel. Mediante un diagnóstico realizado en el primer encuentro obtuvieron información sobre cuáles son las áreas específicas que presentan mayores dificultades para los menores que asisten al espacio.
En un primer momento se reunían bajo la sombra de los árboles y para la fecha debajo de un precario quincho, que se torna pequeño ante la cantidad de asistentes que aumenta de forma paulatina, sumando un número de 50 niños desde nivel inicial hasta séptimo grado, número que es regular desde que iniciaron el proyecto a mediados de agosto del 2018.
Pese a las necesidades y la falta de un edificio que reúna las condiciones mínimas para llevar adelante la actividad, los estudiantes del tercer año del CEP 34 no miden esfuerzos para enseñar a los niños haciéndose valer de la creatividad para aplicar los conocimientos de cada área, principalmente en Lengua y Matemática.
“Sabemos que esto no es resolver todas sus necesidades, venimos para mejorar el aprendizaje para que les sirva el día de mañana; es algo que nos llena de orgullo, ponemos mucho esfuerzo, los profesores nos ayudan a planificar las clases para que reforcemos los contenidos acordes al grado, sobre todo necesitan mucho apoyo en Lengua y Matemáticas”, señaló a El Territorio Dani Lory (43), alumno de 3º A.
Las actividades educativas son organizadas durante la semana en la escuela, donde también se planifica que alimento servirán en la merienda que comparten al cierre de la clase. El grupo no solamente atiende la carencia en el ámbito educativo, sino que se involucra y busca de alguna manera resolver algunas de las tantas carencias del asentamiento. Es así que consiguen donaciones de ropas, calzados y a principios del ciclo lectivo repartieron útiles escolares.
“Es un barrio con muchas necesidades, al venir y estar acá no podemos mirar a un costado, las familias se acercan y nos cuentan sus realidades; en la medida que logramos que personas solidarias realicen donaciones, hacemos entrega de ropas y calzados, estamos muy entusiasmados porque tanto los alumnos de la escuela como la comisión vecinal muestran gran interés para juntos solucionar otro tipo de problemáticas, es darnos las manos entre todos”, explicó la profesora Quintana.
El aporte que genera en los niños que reciben este tipo de contención es valorado por las familias, que acompañan y se muestran muy agradecidas de que algunas personas se tomen su tiempo para dedicarles a sus hijos.
“Para nosotros es muy valioso lo que hacen, representa un verdadero compromiso social, porque son adultos que trabajan, tienen familias, pero dedican su tiempo para trabajar de forma unificada por nuestros hijos y con las familias que pasan por muchas necesidades. Estamos muy agradecidas porque nuestros hijos tienen más ganas de estudiar”, reconocieron Eliana Cuadras y Yanet De Almeida, madres que estaban presentes en una de las jornadas de la que fue testigo este medio.
Rendimiento académico
Desde la escuela mantienen contacto con las maestras de los niños, quienes manifestaron la mejora que van evidenciando.
La actividad también fortalece a los alumnos -en este caso de tercer año- en varios aspectos. Por un lado les permite poner en práctica los conocimientos adquiridos, mantener contacto con los niños, lo que es favorable porque les hace reflexionar sobre alguna futura profesión, y además los motiva a seguir adelante pese a las dificultades por las que muchas veces deben atravesar.
La fuerza de voluntad y el estímulo de los estudiantes del mencionado establecimiento para dedicar parte de su vida a llevar adelante esta actividad lo encuentran en los resultados y el cariño con el que son esperados y recibidos en el humilde barrio.
“Ellos van mejorando cada semana, tienen muchas ganas de aprender, hacen la tarea. Hay chicos que están en sexto grado y les cuesta mucho la suma, la lectura, y averiguando con las maestras nos dicen que hay cambios, que muestran mayor integración; nos motiva mucho eso, nuestros hijos por ahí tienen una realidad mejor, pero que esto le sirva a ellos nos llena de orgullo, vemos la felicidad tanto en ellos y en las madres”, reconoció María Damas (22), una de las voluntarias.
Siguiendo esta línea, expresaron: “Es también enseñar a nuestros hijos que lo poco que podemos brindar a los demás nos trae algo mucho más gratificante, se siente muy bien ver el compromiso de nuestros compañeros por esta causa”.
Para reunir los materiales necesarios reciben un fondo desde Nación que debe ser destinado tanto para la compra como para remunerar al docente que está a cargo del proyecto, pero en este caso todo el dinero que reciben es utilizado para que los participantes reciban lo mejor.
Es así que la profesora destina su porcentaje para cubrir todo lo que implica desarrollar la actividad, tornándose una tarea doblemente solidaria que da fe del compromiso social del CEP 34.
Es así que alumnos dedican su tiempo una vez por semana para brindar clases de apoyo a niños en edad escolar en uno de los barrios más carenciados de la Capital de la Araucaria. La iniciativa resulta muy fructífera tanto para quienes la reciben, pero aún más para quienes la llevan adelante, quienes se sienten realizados por pregonar la bandera de la solidaridad y el interés por el otro, tanto a sus familias como a los demás compañeros de grado.
La profesora a cargo de la propuesta es Rosmerie Quintana, quien recibe el apoyo de los demás docentes y directivos, quienes de forma mancomunada planifican cada una de las clases que los alumnos llevarán adelante en barrio San Miguel. Mediante un diagnóstico realizado en el primer encuentro obtuvieron información sobre cuáles son las áreas específicas que presentan mayores dificultades para los menores que asisten al espacio.
En un primer momento se reunían bajo la sombra de los árboles y para la fecha debajo de un precario quincho, que se torna pequeño ante la cantidad de asistentes que aumenta de forma paulatina, sumando un número de 50 niños desde nivel inicial hasta séptimo grado, número que es regular desde que iniciaron el proyecto a mediados de agosto del 2018.
Pese a las necesidades y la falta de un edificio que reúna las condiciones mínimas para llevar adelante la actividad, los estudiantes del tercer año del CEP 34 no miden esfuerzos para enseñar a los niños haciéndose valer de la creatividad para aplicar los conocimientos de cada área, principalmente en Lengua y Matemática.
“Sabemos que esto no es resolver todas sus necesidades, venimos para mejorar el aprendizaje para que les sirva el día de mañana; es algo que nos llena de orgullo, ponemos mucho esfuerzo, los profesores nos ayudan a planificar las clases para que reforcemos los contenidos acordes al grado, sobre todo necesitan mucho apoyo en Lengua y Matemáticas”, señaló a El Territorio Dani Lory (43), alumno de 3º A.
Las actividades educativas son organizadas durante la semana en la escuela, donde también se planifica que alimento servirán en la merienda que comparten al cierre de la clase. El grupo no solamente atiende la carencia en el ámbito educativo, sino que se involucra y busca de alguna manera resolver algunas de las tantas carencias del asentamiento. Es así que consiguen donaciones de ropas, calzados y a principios del ciclo lectivo repartieron útiles escolares.
“Es un barrio con muchas necesidades, al venir y estar acá no podemos mirar a un costado, las familias se acercan y nos cuentan sus realidades; en la medida que logramos que personas solidarias realicen donaciones, hacemos entrega de ropas y calzados, estamos muy entusiasmados porque tanto los alumnos de la escuela como la comisión vecinal muestran gran interés para juntos solucionar otro tipo de problemáticas, es darnos las manos entre todos”, explicó la profesora Quintana.
El aporte que genera en los niños que reciben este tipo de contención es valorado por las familias, que acompañan y se muestran muy agradecidas de que algunas personas se tomen su tiempo para dedicarles a sus hijos.
“Para nosotros es muy valioso lo que hacen, representa un verdadero compromiso social, porque son adultos que trabajan, tienen familias, pero dedican su tiempo para trabajar de forma unificada por nuestros hijos y con las familias que pasan por muchas necesidades. Estamos muy agradecidas porque nuestros hijos tienen más ganas de estudiar”, reconocieron Eliana Cuadras y Yanet De Almeida, madres que estaban presentes en una de las jornadas de la que fue testigo este medio.
Rendimiento académico
Desde la escuela mantienen contacto con las maestras de los niños, quienes manifestaron la mejora que van evidenciando.
La actividad también fortalece a los alumnos -en este caso de tercer año- en varios aspectos. Por un lado les permite poner en práctica los conocimientos adquiridos, mantener contacto con los niños, lo que es favorable porque les hace reflexionar sobre alguna futura profesión, y además los motiva a seguir adelante pese a las dificultades por las que muchas veces deben atravesar.
La fuerza de voluntad y el estímulo de los estudiantes del mencionado establecimiento para dedicar parte de su vida a llevar adelante esta actividad lo encuentran en los resultados y el cariño con el que son esperados y recibidos en el humilde barrio.
“Ellos van mejorando cada semana, tienen muchas ganas de aprender, hacen la tarea. Hay chicos que están en sexto grado y les cuesta mucho la suma, la lectura, y averiguando con las maestras nos dicen que hay cambios, que muestran mayor integración; nos motiva mucho eso, nuestros hijos por ahí tienen una realidad mejor, pero que esto le sirva a ellos nos llena de orgullo, vemos la felicidad tanto en ellos y en las madres”, reconoció María Damas (22), una de las voluntarias.
Siguiendo esta línea, expresaron: “Es también enseñar a nuestros hijos que lo poco que podemos brindar a los demás nos trae algo mucho más gratificante, se siente muy bien ver el compromiso de nuestros compañeros por esta causa”.
Para reunir los materiales necesarios reciben un fondo desde Nación que debe ser destinado tanto para la compra como para remunerar al docente que está a cargo del proyecto, pero en este caso todo el dinero que reciben es utilizado para que los participantes reciban lo mejor.
Es así que la profesora destina su porcentaje para cubrir todo lo que implica desarrollar la actividad, tornándose una tarea doblemente solidaria que da fe del compromiso social del CEP 34.
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