Descripciones desde el alma:

“Al rojo vivo…”

domingo 11 de octubre de 2026 | 6:00hs.

Por Mercedes Griselda Romero Docente, licenciada en Inglés

Progresivamente, con el curso del tiempo, voy incorporando múltiples aprendizajes, a fuego encarnizado, en muchas instancias. El devenir de cada día, a veces, muy reiterativo, determina saturación de hechos, momentos, instancias que desgastan y tornan la convivencia sumamente difícil, poco saludable y amarga. Es que nosotros los terrestres humanizados, en ocasiones no somos capaces de expresar con absoluta franqueza, las acciones de los otros que nos rasgan o molestan. Así, ellas se van acumulando y dichos cúmulos, en algún momento, estallan muy agresivamente en la mayoría de los casos. ¡Es que, uno elegiría vivir en armonía eterna! Pero dejamos escurrir nuestra paz interior como agua entre los dedos, tan repetidamente. ¡Es vertiginoso! Apenas nos damos cuenta… ¡y desaparece!

A nuestra edad, alta sexagenaria, la claridad es un capital que atesoramos. Sin embargo, no lo resguardamos convenientemente. Somos tan frágiles, que con absoluta irresponsabilidad, tiramos nuestra claridad por la borda y naufragamos.

Los otros hacen, nosotros permitimos, nosotros hacemos, los otros permiten… Y no siempre esto ocurre en un contexto de claridad y sentido común. Luego, naturalmente, la vida nos pasa factura.

Obviamente, en este pase, caro por cierto, nuestra fragilidad duele y resuena, se desarman los esquemas y reina la confusión.

Padecemos un caos emocional intenso. Y para purgar y reiniciar el sistema, es menester el aislamiento temporal y el silencio. Para recuperar nuestra sanidad emocional requerimos tiempo, desconocido, el que sea. En armonía con nosotros mismos, de a poco, fumigando nuestros demonios y volviendo a reconfigurarnos, reconociendo nuestro eje, en equilibrio y aceptación. ¡Proceso nada simple!

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