Oberá en Cortos: "Generar comunidad sigue siendo una forma de resistir"
En un escenario actual que describe "marcado por los discursos de odio, la deshumanización y el retroceso de las políticas culturales", Victoria Montenegro reivindicó la cultura y la construcción de comunidad como formas de resistencia. Durante su participación en el Festival Internacional de Cine "Oberá en Cortos", destacó el valor de los espacios "que permiten encontrarse, compartir historias y defender la memoria colectiva" frente a lo que considera una creciente "reivindicación de la violencia de la última dictadura militar".
La nieta que recuperó su identidad después de haber sido apropiada durante el terrorismo de Estado participó de una actividad con alumnos de escuelas primarias en el Cine Teatro de Oberá. Allí se proyectó el cortometraje de "Así soy yo", del canal Pakapaka, que cuenta su historia. La propuesta abrió un intercambio en el que las preguntas de los chicos acercaron el pasado a inquietudes vinculadas con los afectos, el cuidado y la identidad.
A partir de esa experiencia, Montenegro cuestionó el retiro del Estado de las políticas culturales y educativas y destacó la responsabilidad que asumieron señales como Pakapaka y Encuentro en la transmisión de la historia. En su mirada, esos contenidos "ofrecen herramientas didácticas para comprender la importancia de la democracia y respetar a quienes piensan distinto", mientras, en contrapartida "los discursos de odio debilitan esos aprendizajes".
En diálogo con El Territorio, la militante de los derechos humanos también valoró la continuidad del festival obereño y el esfuerzo por sostener espacios culturales en un contexto de enormes dificultades económicas. Señaló que esos encuentros "generan esperanza y fortalecen los vínculos comunitarios".
Desde esa perspectiva, reflexionó sobre el papel de las infancias en la defensa de la memoria y sobre su libro Hasta ser Victoria, donde relata el proceso de restitución de su identidad.

Durante estos días en el Festival apareció con fuerza la palabra "resistencia". ¿Qué significa sostener espacios culturales en este momento?
Estamos en un tiempo de resistencia, mucha crueldad, mucha deshumanización, mucha puesta en valor de esa crueldad. No estamos en un tiempo solo de negacionismo, hay una reivindicación del accionar de la dictadura que, en definitiva, es reivindicar la violencia y la posibilidad de anular a aquel que piensa distinto.
Entonces ahí es donde la historia vuelve a interpelarte y la memoria también. ¿Cuántas veces hoy se anula a una persona porque es un militante, porque forma parte de un sindicato, porque piensa distinto, por su sexualidad, por su edad o por una discapacidad?
Frente a ese escenario, ¿qué lugar ocupa la construcción de comunidad?
Hoy realmente el odio ha logrado penetrar, no solo en la Argentina, sino en el mundo, a estos niveles de la sociedad. Y esto de generar comunidad sigue siendo la forma de resistir, porque lo que surge, vos lo viste con los chicos, es la espontaneidad, la frescura. Recién me reía mucho porque me senté, después de charlar, en el medio de unas nenas y una se da vuelta y me dice: "Vos me caés bien". Es esa frescura de los niños, que es lo más genuino, y uno siempre piensa que hay alguna semillita que planta cuando está cerca de ellos.
En la actividad mencionaste a Pakapaka. ¿Cómo afecta el retiro del Estado de las políticas culturales y educativas?
La verdad que el Estado se ha retirado de todo lo que tiene que ver con la cultura, que es fundamental, porque siempre la batalla es cultural, para que no se repitan esas historias, para entender la importancia de la democracia, para aceptar y respetar a quien piensa distinto.
Son cuestiones que hoy, lamentablemente, vemos que se van degradando. De hecho, el rol de las redes, los celulares y los discursos de odio vienen justamente a anular esto que tiene que ver con el tiempo de formación, de enseñanza, todo el trabajo que había detrás de Pakapaka, del canal Encuentro, la responsabilidad en educar.
¿Qué valor tiene ese trabajo de acercar la historia a las infancias con contenidos pensados para sus edades?
Es una gran responsabilidad sintetizar la historia, traérsela a este tiempo para que ellos la conozcan y no se repita. Tristemente es otro escenario de la Argentina, en plena resistencia, pero acá estamos también reconociendo lo que significó Pakapaka y hoy pudiendo compartir con estas infancias aquel trabajo.
Los chicos tienen mucho interés. Es bueno, porque algo queda en ellos para que este proceso nuestro de memoria les permita ser personas que defiendan los derechos humanos.
¿Cómo se vincula esa historia con sus propias vidas y con el papel que tendrán en la defensa de la memoria?
Siempre lo que surge tiene que ver con sus propias vidas, con la cuestión de los vínculos, los afectos, el cuidado. Y pensar en las Madres y las Abuelas (de Plaza de Mayo), que ya quedan pocas, y en el rol que van a tener las infancias y la juventud en la defensa de una historia que no puede ser olvidada es muy importante. Estos ámbitos son fundamentales.
¿Conocías Oberá en Cortos? ¿Qué significa para vos encontrar una ciudad que sostiene este espacio cultural?
Lo conozco porque es muy reconocido. Sé del trabajo que han tenido, del que continuamente hacen, y poder estar para mí es muy importante.
En la Ciudad de Buenos Aires la cultura popular ya casi no existe, porque está siendo perseguida y coartada, siendo una ciudad que tiene muchos recursos y los pone en la represión. En ese contexto, ver que, en esta ciudad, seguramente con muchas más dificultades económicas, se sigue defendiendo esto nos da mucha esperanza, muchísima esperanza. Compartirlo nos parece hermoso y, en todo encuentro cultural, siempre uno se alimenta y sale fortalecido.
También viniste a presentar Hasta ser Victoria. ¿Qué contás en el libro y qué buscás transmitir con tu historia?
Se llama "Hasta ser Victoria" porque ahí cuento lo que es el proceso de restitución, las complejidades. Principalmente, el objetivo del libro es que, si alguien tiene dudas sobre su identidad o piensa que no fue tan así la dictadura, pueda ver de qué se trata aquella historia. Y cómo, a pesar de tanto dolor, muchas personas decidimos convertir nuestra vida en algo distinto e intentar ayudar a quienes sufren, fortalecer a quienes están siendo víctimas de otras situaciones de dolor y ver cómo entre todos podemos salir adelante.

Sobre la protagonista
Victoria Montenegro Torres fue una de los 500 bebés que la dictadura hizo desaparecer, la mayor parte de los cuales continúan desaparecidos. Ella, al igual que otros 130 niñas y niños, pudo recuperar su identidad luego de un largo, doloroso, contradictorio y finalmente liberador proceso. El 13 de febrero de 1976, un grupo de tareas comandado por el coronel Herman Antonio Tetzlaff irrumpió en su casa, en la localidad de William Morris, provincia de Buenos Aires, y la secuestró, con apenas trece días de vida, junto a sus padres Roque Orlando Montenegro e Hilda Ramona Torres. Desde ese momento, los tres pasaron a engrosar la lista de desaparecidos. Tetzlaff se apropió de esa bebé morocha de rasgos salteños y la educó según la ideología que sostenía al Terrorismo de Estado como una forma de vida. Así, Victoria pasó a vivir escondida tras la identidad de María Sol, custodiada por el victimario de sus padres. Gracias a la larga lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, que comenzó en 1984, Victoria logró recuperar su identidad y reencontrarse con su familia en 2001. Se convirtió en una militante por los derechos humanos. En este libro cuenta en primera persona su historia, con sus contradicciones, idas y vueltas, dolores y reencuentros, demás del largo camino de Memoria, Verdad y Justicia que tuvo que recorrer hasta ser Victoria.