Anunciar el futuro para no explicar el presente

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domingo 27 de septiembre de 2026 | 6:00hs.

Desde hace por lo menos dos meses Javier Milei viene repitiendo como un mantra “en 2027 voy a ser reelecto”. La dijo en medio de una corrida cambiaria. La volvió a decir después de un cruce público con un crítico en la Bolsa de Comercio. La repitió en una entrevista de streaming mientras cargaba contra su propia vicepresidenta. Y lo sostuvo esta semana en uno de los tantos discursos que dio en Nueva York, mientras esperaba que Donald Trump lo atienda, cosa que no pasó.

El patrón es tan constante que conviene dejar de mirarlo como un exceso de confianza personal y empezar a leerlo por lo que probablemente es, un mensaje con tres destinatarios distintos, ninguno de los cuales es el votante de a pie.

Un Gobierno que administra tensiones internas permanentes, que ya no son solamente una pelea con la vicepresidenta si no que incluye tensiones con la principal social política que es Patricia Bullrich, necesita algo que funcione como techo de discusión. Así, su primer destinatario es el interior del espacio.

Decir “voy a ser reelecto” antes de que arranque el último año del primer mandato cumple esa función, cierra de antemano cualquier especulación sobre sucesión, desalienta armados propios dentro del espacio libertario y sus aliados, y devuelve cada diferencia interna a una escala menor frente a la certeza proclamada de que la conducción no está en discusión. Al menos eso es lo que debe estar esperando el Presidente. No lo lee así Patricia Bullrich, por lo que se le escuchó en los últimos días.

El segundo destinatario es el votante que llevó a Milei a la presidencia. El propio Milei lo dijo esta semana “si reelijo el 2028 será el mejor año”. Ahí está la segunda función del anuncio. Si las reformas estructurales, la del Banco Central, la laboral, la previsional, necesitan un plazo que excede el primer mandato para mostrar resultados, entonces declarar la reelección como un hecho consumado es, en el fondo, una forma de pedir tiempo por adelantado.

Es más fácil sostener un ajuste cuando la sociedad cree que ese ajuste tiene un final feliz garantizado dentro de ocho años en lugar de cuatro, aunque la garantía la ponga el propio interesado y aunque falten dos elecciones de por medio para que eso ocurra.

Por último el patrón más revelador, y el que mejor explica el timing exacto de cada repetición. La frase apareció en medio de una fuerte suba del dólar. Apareció en medio de versiones de pelea con su propio equipo económico. Apareció esta semana con el Indec confirmando la caída de consumo, el aumento de la pobreza y la recesión económica. Apareció después de que un ciudadano lo cuestionara en público por la crisis de la microeconomía.

En ningún caso el anuncio de reelección respondió a una buena noticia que mereciera festejarse con una proyección a futuro, siempre llegó como respuesta a un problema del presente. Es la estructura clásica de la cortina de humo, cuando el dato de hoy es incómodo, se cambia de escala temporal y se instala una conversación sobre 2027 que nadie puede verificar ni desmentir todavía.

Leídas por separado, estas tres explicaciones podrían parecer alternativas. Leídas juntas, arman algo más coherente, un mensaje que ordena hacia adentro, pide tiempo hacia el costado, y distrae hacia afuera, todo en la misma frase de seis palabras.

Es, probablemente, el uso más eficiente que se le puede dar a una declaración sin ningún costo inmediato, porque nadie puede reprocharle a un Presidente que diga que planea ganar la próxima elección, aunque falte recorrer todo un año, aunque los números de imagen digan otra cosa, y aunque cada vez que la dice sea, casualmente, un mal día para hablar de cualquier otra cosa.

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