Colonia Liebig

domingo 08 de noviembre de 2026 | 6:00hs.

Un día, jamás pensado, llegamos a Colonia Liebig, localidad situada sobre el nordeste de la provincia de Corrientes, en el límite con la provincia de Misiones.

El arroyo Chimiray señala la frontera entre las mencionadas provincias, unidas por el puente homónimo. Fundada en 1924, donde alemanes, polacos, ucranianos y brasileños, en su mayoría, se radicaron e iniciaron arduas industrias yerbateras como agropecuarias y forestales. Comunidades pujantes en las que la cultura del trabajo y el cooperativismo imperan fuertemente. Y aquí estamos, ya en nuestra etapa de esperado relax, después de cuatro o cinco décadas de productividad en nuestros rubros, con un firme afán de disfrutar nuestros tiempos, cada quien de acuerdo a nuestras predilecciones: caminatas, clases de gym, la música y la escritura, así como viajes (cada vez que nos organizamos) y visitar nuestros nietos en Posadas de vez en cuando.

Asimismo, Liebig, mansa y pintoresca, nos brinda una calma apacible, en cierta forma alegre, los verdes multiformes de su variada vegetación, los múltiples colores de sus flores y el sol radiante, a veces, recalcitrante de sus somnolientas siestas cuando una orquesta sinfónica de aves que no identifico edifican cortinas musicales que nos regocijan permanentemente.

Estos paisajes que van transformándose a lo largo de los días y de las noches no cobrarían relevancia si no destacáramos los recursos humanos que los habitan y vibran en ellos. A través de mi vida he disfrutado sobremanera de la observación.

El perfil humano no ha sido la excepción. En este contexto, existen rasgos de las personas que me atrapan hasta alcanzar altos niveles de emotividad y movilización: la sencillez auténtica como la generosidad espiritual cuando surgen con naturalidad, sin estridencias ni ostentación pueden, por lo general, sensibilizarme a punto de escalofríos y lágrimas.

Vivido esto en una plaza pueblerina o en el ceremonioso recinto de una parroquia, me siento viva e inundada por las emociones. Desbordada. En un mundo de avanzada, con la tecnología copándonos y quemando nuestras neuronas, donde el sistema se impone al extremo de determinar nuestra pertenencia o no, Liebig es sinónimo de oasis balsámico para almas inquietas que bregan por evadir la polución en su más amplio y estricto sentido.

Por Mercedes Griselda Romero
Docente, licenciada en Inglés

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