Entrevista a la licenciada en Psicología Elda Irungaray

El calvario de las víctimas de violencias en el sistema judicial

La profesional advirtió que, pese a los avances en concientización y derechos, siguen los obstáculos estructurales tanto en la prevención como en el acceso a la justicia
domingo 29 de marzo de 2026 | 6:05hs.

La licenciada en Psicología Elda Irungaray analizó en una entrevista con El Territorio  la persistencia en la actualidad de las violencias contra niños y mujeres y las dificultades para acceder a la justicia, que muchas veces termina siendo un nuevo calvario para las víctimas.

La violencia contra niños, niñas y mujeres no es un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más visible. Así lo planteó la especialista con décadas de trabajo en la temática, quien advirtió que, pese a los avances en concientización y derechos, persisten obstáculos estructurales tanto en la prevención como en el acceso a la Justicia.

La profesional es psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Se desempeñó como coordinadora del área asistencial de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital Pedro Elizalde de Buenos Aires y es docente universitaria.

La tensión entre los tiempos subjetivos de las víctimas y los tiempos del sistema judicial es un eje crítico. “Una persona puede tardar años en poder hablar. Eso tiene que ver con el trauma, con mecanismos de defensa como el olvido o la represión. Pero la justicia maneja sus propios tiempos y muchas veces ese desfase entre el servicio de justicia  y la realidad de las personas termina lastimando aún más a las víctimas”.

En ese sentido, la profesional cuestionó las dificultades que aún persisten en la recepción de denuncias: “Todavía hay casos en los que no se les cree a las víctimas, incluso cuando logran reunir el valor para denunciar”.

Uno de los mayores desafíos aparece al momento de judicializar los casos. “En Argentina, la denuncia en situaciones de violencia infantil es obligatoria y la Justicia interviene con dos objetivos: proteger al niño en el fuero de familia y determinar la existencia de delito en el fuero penal.”

Pero ese proceso no está exento de tensiones. “La Justicia necesita pruebas, y muchas veces depende de la palabra del niño”, explica Irungaray. Sin embargo, el trauma puede afectar la memoria, la capacidad de relatar y hasta la posibilidad misma de hablar, “porque hablar implica revivir el hecho traumático” explicó.

Si bien existen dispositivos como la Cámara Gesell, diseñados para evitar la revictimización, la especialista reconoce que no se puede prescindir de la pregunta directa. “El punto es cómo se pregunta: con cuidado, respetando los tiempos del niño y sin invadirlo”, señala.

Más denuncias, más visibilidad

Irungaray dijo que el aumento de los casos registrados no necesariamente implica un incremento lineal de la violencia, sino una mayor visibilización. “Hoy hay más conciencia, más información y más detección, especialmente desde las escuelas. Eso hace que haya más denuncias y que los números crezcan”.

Incluso, “los propios niños cuentan hoy con más herramientas simbólicas para identificar el maltrato y, en algunos casos, denunciarlo”.

“El maltrato infantil ha existido siempre. Si uno recorre la historia de la humanidad, encuentra que incluso fue aceptado y naturalizado socialmente”, repasa. Según señaló, el cambio de paradigma comenzó con la declaración de los Derechos del Niño impulsada por organismos internacionales, que permitió reconocer a niños y niñas como sujetos de derecho y no como objetos de tutela”.

Ese reconocimiento marcó un punto de inflexión: el maltrato pasó a ser social y jurídicamente condenable. Sin embargo, la problemática no desapareció. “Las situaciones de violencia se siguen repitiendo”, afirma.

Avances y deudas pendientes

La licenciada Irungaray reconoce que en las últimas décadas hubo avances significativos en la articulación entre el sistema de salud y la Justicia. “Antes costaba incluso aceptar que estas situaciones podrían ocurrir dentro de una familia. Hoy hay más comprensión y herramientas legales”, afirma.

Sin embargo, advierte que el sistema aún está lejos de ser eficaz. “No está totalmente aceitado. Falta mucho”, resume.

Entre las principales carencias mencionó la falta de recursos, de profesionales capacitados y de una política sostenida. “Son temas muy duros, no todos quieren trabajar en esto. Se necesita formación, trabajo en equipo y apoyo del Estado”, sostiene.

La especialista advirtió que el maltrato no responde a una única causa, sino a una combinación de factores. Entre ellos mencionó el estrés social, las condiciones de pobreza y marginalidad, las adicciones, los trastornos psiquiátricos y las dificultades de los adultos para controlar la impulsividad.

No obstante, insistió en una aclaración clave: “Que existan factores de riesgo no significa que necesariamente haya violencia”.

Desde su mirada “el problema aparece cuando estos factores confluyen. Por ejemplo un adulto hombre que 'no puede controlar su impulsividad', una adulta mujer que no interviene para frenar la situación y un niño indefenso que no puede pedir ayuda: esa combinación configura una situación de maltrato”, explicó.

El trauma en la infancia

Uno de los puntos centrales de la entrevista con la licenciada Irungaray  es el impacto diferencial de la violencia en niños respecto de adultos. “El hecho traumático en un niño es más severo porque su psiquismo está en formación. No tiene los recursos para entender ni procesar lo que le pasa” dijo..

La violencia -ya sea física, verbal o sexual-  deja huellas profundas. Pero el desenlace no es uniforme: “No se puede generalizar. Cada persona responde de manera distinta”, aclaró.

Sin embargo, también señaló  que “sin intervención adecuada existe riesgo de repetición en la vida adulta, ya sea desde el lugar de víctima o de victimario.

Para evitarlo, destaca tres pilares fundamentales: creer en el relato del niño o niña, protegerlo y brindarle tratamiento terapéutico. “Si se le cree, se lo protege, y eso implica sacarlo de la situación de violencia”, remarcó la especialista en este tipo de abordajes.

Una problemática estructural

La especialista concluye que la violencia infantil y de género exige un abordaje integral y sostenido en el tiempo. “Se ha avanzado, pero todavía hay niños que siguen conviviendo con sus agresores o llegan tarde al sistema de protección y también mujeres que padecen la misma situación”, advierte.

En ese contexto, remarca la necesidad de decisiones políticas claras: “Sin recursos y sin una política fuerte, es muy difícil generar cambios reales”.

La brecha entre la creciente conciencia social y las respuestas institucionales sigue siendo, en 2026, uno de los principales desafíos para enfrentar una problemática que, aunque más visible, dista de estar resuelta.

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