Testimonios por una investigación

NN en La Piedad: los entierros en el cementerio de Posadas

Documentos del 2006 revelan el circuito silencioso de inhumaciones sin identidad durante la dictadura en Misiones
domingo 22 de marzo de 2026 | 6:05hs.

El cementerio La Piedad de Posadas guarda, entre sus pasillos de tierra y cruces dispersas, una historia que durante años permaneció apenas susurrada. En 2006, una serie de documentos y testimonios arrojaron luz sobre uno de los capítulos más oscuros de la última dictadura cívico-militar en Misiones: el entierro sistemático de personas como “NN”, sin nombre ni identidad.

La investigación se activó en el marco del Juicio por la Verdad, una megacausa que buscaba reconstruir el destino del ingeniero Alfredo González, exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Misiones, secuestrado y asesinado durante el terrorismo de Estado.

En los libros de inhumaciones de los años de dictadura aparecían anotaciones inquietantes: varios cuerpos enterrados el mismo día o en jornadas consecutivas, todos identificados como NN. Por ejemplo, entre el 26 y el 28 de agosto de 1978, cuatro personas fueron sepultadas sin identificación. En otras fechas, hasta tres cuerpos en una sola jornada.

En aquel entonces, el año 2006, los libros de entrada de fallecidos durante la última dictadura fueron solicitados por el juzgado Federal de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional de Posadas (a cargo en ese momento de Ramón Claudio Chávez) que fueron sometidos a un exhaustivo análisis por la parte querellante, integrada por la familia de González y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (representada en el caso González por Rafael Pereyra Pigerl y la titular de la delegación Misiones, Amalia Báez).

También estuvieron presentes en la diligencia de la víspera el abogado Fernando Cantelli, la historiadora Yolanda Urquiza y Graciela Franzen, que se desempeñaba como delegada del extinto Inadi.

El recorrido por el cementerio estuvo guiado ese mayo del 2006 por Juan Adriano Lugo, sepulturero desde 1974. Su testimonio, bajo juramento, aportó una reconstrucción cruda y reveladora. “Enterramos a varios acribillados como NN”, había asegurado mientras señalaba los sectores donde se realizaban las inhumaciones.

No había un lugar específico destinado a los cuerpos sin identificar. Sin embargo, Lugo recordó zonas puntuales -sectores Uno, Tres, Cinco y Seis- donde la frecuencia de estos entierros era mayor. También precisó que en algunos días llegaba a sepultar hasta tres NN en un mismo turno.

El sistema del cementerio, además, contribuía a borrar rastros. Aquellos cuerpos por los que nadie pagaba un espacio eran exhumados a los cinco años. Sus restos eran trasladados al osario -una pequeña sala de apenas dos metros cuadrados- y luego, con el tiempo, llevados en “camionadas” a fosas comunes ubicadas en los rincones del predio.

Ese circuito hacía prácticamente imposible, ya en 2006, identificar a las víctimas. Las propias fuentes judiciales reconocían que determinar quiénes habían sido esos NN -y si alguno de ellos era González- resultaba una tarea casi inviable.

Pero los documentos no solo aportaban datos administrativos. También daban lugar a escenas que, por su crudeza, permiten dimensionar lo ocurrido. Lugo había recordado particularmente un caso: el de un hombre al que identificó como “un polaco”, que llegó al cementerio con ropa de alta calidad, pero con el cuerpo prácticamente destruido por los disparos. “Le llamó la atención que el cuerpo estuviera acribillado casi completamente. Lo único que tenía sano eran los pies”, reconstruyen los registros. Llevaba puestos unos mocasines en perfecto estado. Un compañero de trabajo se los quitó antes de enterrarlo.

“Le habrán tenido mucha bronca para acribillarlo de esa manera”, había reflexionado el sepulturero. 

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