Reflexiones sobre la longevidad humana
Un pequeño pero atractivo libro italiano ha salido hace poco, su autor es un médico italiano muy prestigioso—Umberto Veronesi— que fue ministro de Salud y senador por su país.
La principal cuestión es la real actitud general de los adultos mayores ante el real aumento de la longevidad de la especie humana. El autor cita como ejemplo llamativo que una niña que nazca hoy tiene una expectativa de vida de 102 años.
Me llamó la atención el estudio y los múltiples aspectos vivenciales señalados por Veronesi, de los mayores de 80 a 100 años, fenómeno muy poco tratado en Argentina.
Un fenómeno que está bastante difundido es que Japón es el país más longevo del mundo; y que su región de mayor longevidad es Okinawa, región en la que los centenarios llegan al 20% de la población.
El autor señala que una cuestión vital para una sana longevidad es el hábito de informarse de noticias mundiales o locales, por medio de periódicos, radio o la TV, que junto a juegos como Sudokus, ajedrez o crucigramas también estimulan a los adultos mayores.
Otro organismo fundamental son las hormonas; éstas integran uno de los sistemas más antiguos del envejecimiento: el sistema endócrino; compuesto por el hipotálamo y la hipófisis. Veronesi afirma que del equilibrio del sistema endócrino depende el envejecimiento humano.
Las hormonas son quienes estimulan, reducen o bloquean el funcionamiento de diversos órganos y aparatos humanos: algunos son sencillamente vitales.
El autor afirma que la decadencia es mayor en las mujeres, con la menopausia, atrofia vaginal, osteoporosis, etc.
También juega un rol destacado el sistema inmunológico: es el que nos defiende de las infecciones peligrosas; disminuyendo su capacidad de reaccionar ante agresiones externas y perdiendo precisión en los mecanismos autoinmunes.
Otro de los elementos importantes de los adultos mayores para mantenerse en buen estado de salud es la actividad física: seguramente no es una condición fundamental para alcanzar la longevidad personal, ya que ayuda a mantener la función de las articulaciones y la respiración así como el bienestar mental.
Es notable descubrir que el ejercicio aeróbico mantiene la capacidad del corazón de contraerse eficazmente, habituarse a los momentos de carga variable, pero el autor señala la teoría que nuestro corazón humano está programado para latir unos treinta mil millones de veces, y no más que eso…
Esta aparente ley es apenas una recomendación de cómo, antes de lanzarse a una cierta actividad física, debe evaluarse cuánto de sabio es acelerar nuestro corazón.
También señala que moverse es importante, no aceptar la pereza o la inactividad porque sí. Por eso existen para cada edad ejercicios apropiados, variados gimnasios y escalinatas. Caminar es uno de los mejores ejercicios; unos veinte minutos al día de paseo normal protege el corazón y reduce el riesgo de desarrollar algunos tumores.
En cuanto a la alimentación diaria, quien come poco vive más. En los países en los que aún reina el hambre los niveles de mortandad son tremendos, no existiendo la longevidad. En general comemos demasiado diariamente: recargamos las reacciones químicas, el corazón debe bombear para hacer circular la sangre, los pulmones intercambiar oxígeno y anhídrido carbónico y los riñones filtrar lo que viaja en la sangre para eliminar --a través de la orina—las sustancias inútiles.
Y para no hablar del hígado: una verdadera central operativa del metabolismo: azúcares, grasas y proteínas pasan por allí y encuentran el camino más adecuado para el equilibrio; con los años con exceso de trabajo obligamos a las células a más esfuerzo que el normal y vivencial.
Otra cuestión es el consumo de carne, especialmente vacuna; estimula la proliferación de las células enfermas en algunos tumores y aumenta el riesgo general frente a enfermedades cardiovasculares o tumorales. Esto implica que quienes consumen carne roja tienen más riesgo de contraer tumores o padecer enfermedades cardiológicas que los que son más vegetarianos.
Afortunadamente poseemos un cerebro “plástico”, maleable que almacena cuanta información le brindemos. Tan es así que va evolucionando día a día, hora a hora, minuto a minuto; nuestro cerebro aprende siempre. Lucha contra nuestras discapacidades, accidentes o enfermedades. Modifica nuestro carácter, crea y destruye hábitos, pasiones, inventa escenarios e historias, y su mayor mérito: es curioso.
Viviremos tanto como queramos; nuestra sobrevida es una cuestión de que longevidad tendremos. El autor de este librito afirma que todos tenemos diversos planos en nuestra vida, el amor es uno de los que más nos aferra a la vida. Puede ser amor por los animales, las plantas, un hobby, alguna actividad fantasiosa; aunque las mujeres parecen estar mejor preparadas para estas cuestiones afectivas.
La producción de hormonas y de las sustancias que regulan el funcionamiento de nuestro organismo está influenciada por el sistema nervioso, protagonista a su vez, de la curiosidad y del deseo de vivir que nos caracteriza.
La longevidad es un patrimonio; cualquiera sea nuestra convicción sobre lo que sucederá después de nuestra muerte, es necio e inútil subestimar el periodo que aun viviremos
El autor afirma que no existen reglas para establecer cuándo y cómo envejece el cerebro. Los humanos nos hacemos viejos porque en nuestra evolución natural el tiempo tiene un rol: así está inscripto en nuestro código genético. El cuerpo y la mente se modifican y no van hacia la decadencia; solo se transforman respecto a lo que eran en la niñez, en la juventud y la madurez.