Más que fútbol, resiliencia y patria
Es inevitable hablar de fútbol este domingo, incluso para quienes tenemos menos deportes que una ojota. El Mundial lo habilita. Es un momento en el cual todos y todas tienen permiso para hablar, sentir y opinar, sin exhibir de antemano el currículum futbolístico.
Algo inexplicable sucede en las últimas semanas; aflora más, mucho más que fútbol. Si bien debe reconocerse que el éxito de la Scaloneta se convirtió en tema de conversación universal en la calle y las oficinas -con ansiedad, vértigo, sufrimiento, festejo y catarata de memes-, lo que pasa en la cancha trasciende las fronteras. Pausa, vale una aclaración. Lo mío en esta columna siempre fue educación, salud, y ciencia; prometo seguir esa línea, pero usaré la Selección Argentina como disparador de una reflexión que resuena en mi mente.
La ocasión lo amerita: analizar al equipo liderado por un inigualable Messi desde la Psicología o desde la Cultura.
Lo que deja el conjunto Albiceleste no sólo se trata de juego, de tácticas o técnicas, sino que impone una reivindicación de valores. La lista es inmensa, pero me arriesgo a mencionar algunos.
Primero y principal, resiliencia, esa capacidad de adaptarse a los obstáculos y seguir adelante. Cito a un psicólogo deportivo, el misionero Raúl Barrios, quien hizo una lectura después del partido frente a Egipto. “Esta Selección no es la primera vez que hace algo épico. Parecería que la adversidad genera un estímulo útil o positivo”.
Y sigo con la lista de valores: unidad, patriotismo, sentimiento de pertenencia, trabajo en equipo, liderazgo, disciplina, perseverancia, constancia, esperanza, fe.
Por otro lado, el Campeón del Mundo nos conduce a capítulos sensibles de nuestra historia. Nuestro pasado es parte de quienes somos, es identidad cultural. Resulta lógico y predecible que se reaviven fechas y símbolos que nos marcaron, como la Guerra de Malvinas en 1982, y que la memoria salte de inmediato al Mundial de 1986, y “la mano de Dios”. Si ese grito de soberanía improvisado en la sábana de un hotel, vivido el miércoles, emociona hasta las lágrimas a los argentinos, más a los veteranos, que así sea.
Lo hizo Diego, lo volvió a hacer Messi. Messi, palabra mayor. Increíble todo lo que inspira el 10, desde el dominio de la pelota hasta sus conquistas personales viviendo desde pequeño lejos de su hogar, de su tierra. Por algún motivo vuelve a mí la mirada del magnífico Hernán Casciari en su cuento La valija de Lionel. Este último, escrito en 2022, hizo llorar al astro del fútbol, que nunca perdió sus costumbres en un país extranjero, se impuso y triunfó, transformándose -quizás sin imaginarlo- en la persona más famosa del planeta.
Ninguna esfera de la sociedad argentina es indiferente a lo que acontece en el otro hemisferio. Los duelos mundialistas abren otros debates e incluso suman a los dirigentes políticos. Se pronunciaron desde el presidente hasta artistas, músicos, psicólogos, modelos, deportistas, y fanáticos de todas las profesiones, oficios y rubros.
Como lo dije al principio, no es una columna de fútbol, es una reflexión sobre los valores y la necesidad de que ese sentir se replique. Más que nunca hoy, me quedo del lado de la esperanza. Elijo creer…