Expansión de la literatura misionera

miércoles 15 de julio de 2026 | 6:00hs.

El libro es un conjunto de hojas escritas una tras otra que da cuenta de la historia de la humanidad. Imprescindible desde que el hombre aprendió a leer y escribir y siempre nos desasna.

La historia señala que el primer libro escrito en Sudamérica, ya que otros anteriores se editaron en México, fue consumado en este pedazo de tierra colorada y verde vegetación en tiempo de las misiones jesuíticas. Lo concretó el padre José Serrano en el año del Señor de 1770, aunque recién tres años después, en fecha 5 de septiembre, el Virreinato de Lima otorgó el permiso para imprimir como se exigía en la época. En consecuencia, debe considerarse ese día como la fecha de expansión de la literatura misionera. Entendiendo que la misma es el arte que utiliza la palabra como instrumento de expresión.

En el presente, una calle de Posadas recuerda el nombre de aquel cura imprentero venido de Andalucía a los 24 años de edad, que inspiró a escribir a Nicolás Yapeguay, un guaraní de pura cepa considerado el primer escritor misionero,

Este primigenio libro realizó el cura Serrano en la imprenta de la Reducción de Nuestra Señora de Loreto. Instrumento tipográfico ideado y moldeado por el lúcido sacerdote austríaco Juan Bautista Newman en el medio de la selva.

En la actualidad, por cosas del destino, descansan en el cementerio de Loreto los restos de José Serrano junto al gran héroe misionero olvidado Antonio Ruiz de Montoya.

Años después de su muerte en Lima, guerreros guaraníes de a pie fueron en busca de sus restos mortales y lo trajeran a pulso desde la capital del virreinato. Un corto relato épico recuerda aquella epopeya.

 

Fueron a Lima a buscar

el cuerpo del Padre Antonio

con el fin de sepultarlo

en camposanto misionero

de su querida Loreto

el pueblo que tanto amó

Y eligiera vivir en paz.

Cien misioneros guaraníes

recorrieron a paso cansino

mil cien kilómetros de ida

mil cien kilómetros de vuelta

a rescatar al Padre Antonio

y ofrendarle en su responso

eel Réquiem de adiós terreno

en su última morada.

 

“Descansa en paz noble Señor. La nación misionera agradecida, te agradece”.

La historia da cuenta también de que después de 58 años de esa primitiva fabricación montaraz, llegará al Río de la Plata la primera imprenta importada por el Virrey Vértiz, momento en que se cumplía dos años de la expulsión de la Compañía de Jesús del continente americano, hito que marcará por siempre la irreversible decadencia de los treinta pueblos de las misiones jesuitas.

Se construyó la imprenta en el medio del monte con tesón y cariño, usándose para tal fin el mejor cerne de madera de la región, elaborando los tipos mediante aleación de hierro y estaño impregnados con tinta extraída de variadas especies de jugos vegetales, incluida la hoja de la yerba mate.

Recordemos que en las antiguas Misiones los habitantes de los pueblos se autoabastecían en alimentos y vestidos, luego el excedente de la producción se almacenaban en la reducción de Nuestra Señora de la Candelaria a 20 kilómetros de Posadas actual. Desde ese lugar se comerciaba y de lo obtenido se utilizaba en la adquisición de papel destinado a la elaboración de libros; de metales utilizados en la fabricación de elementos de labores agrícolas, íconos sagrados, instrumentos musicales y las letras tipográficas.

Además, en los desparramados pueblos de las Misiones también se escribían libros sin que existiera máquina impresora en cada uno de ellos, sino que esta única se transportaba de un lugar a otro en forma organizada a través de la selva. En la actualidad, este instrumento tipográfico se exhibe en el museo del Cabildo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El primigenio libro impreso en las Misiones fue copia de un texto del “Martirologio Romano”, catálogo donde se describe ordenadamente los nombres de santos y mártires de la iglesia católica. Luego siguieron otros narrados en idioma castellano, en el primitivo idioma guaraní y el mixturado con el castellano. Todo un esfuerzo lingüístico.

Un suceso trascendente que conmovió a propios y extraños ocurrió en la Misión Santa María, debido al breve escrito en guaraní titulado “Explicación del Catecismo”, cuyo autor intelectual fuera el cacique del pueblo Nicolás Yapeguay, representando de hecho al primer escritor misionero. Es decir, y sintetizando, en la organización comunitaria misionera con respecto a la hechura de libros hubo escritores, diseño gráfico, producción intelectual e industria impresora, todos amalgamados en magnífica labor creadora que cala y reconforta el espíritu provinciano. De toda manera, debe admitirse que en aquel momento histórico el conocimiento intelectual y de las letras provenía y fluía de la selva.

En conclusión, pienso y divago que ese conocimiento del pasado bien misionerista debería estudiarse en nuestras escuelas.

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