El alimento de la casta

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domingo 12 de julio de 2026 | 6:00hs.

Un ministro llega por primera vez a su despacho. No termina de acomodarse en el escritorio cuando un directivo de carrera entra y le entrega un maletín. Lo abre. Hay miles de dólares.

-¿Qué es esto?

-Es suyo, Ministro.

-¿Mío?

-Sí. Es el retorno por una compra de insumos que se hizo meses atrás, en la gestión anterior. 

El funcionario se queda inmóvil.

-No entiendo.

-Si usted no lo quiere, se lo repartirá otro.

-¿Y por qué no lo reparte entre los demás?

-Ya cobraron.

La escena, recreada acá libremente, ocurrió años atrás y lo contó el propio funcionario, cuyo nombre no viene al caso. Refleja una de las formas más comunes de coimas y plantea al mismo tiemplo, una pregunta inquietante: ¿y si gran parte de la corrupción no dependiera de las personas sino de las estructuras?

Los últimos casos conocidos en el país dejan esa sensación, de que los circuitos de la plata negra están funcionando en continuado. Cambian los gobiernos, pero las estructuras siguen intactas.

Esto es concluyente cuando se analiza el fenómeno desde los resultados: La mayoría de los nuevos ricos de Argentina salieron de la política y de negocios con el estado.

El sociólogo italiano Alessandro Pizzorno investigó a fondo esta forma compleja de delito. Y llegó a conclusiones que se repiten sin importar el país:

* La corrupción rara vez es un acto aislado. Es, antes que nada, una red de relaciones.

* Un sistema que sobrevive a quienes lo integran. Cuando una organización corrupta alcanza cierto grado de estabilidad, ya no necesita convencer a cada funcionario de que robe. Le ofrece una maquinaria funcionando. Entrar o no entrar es una decisión individual; pero la estructura ya está allí.

La causa por presunta corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) donde se investiga un esquema de licitaciones direccionadas, cartelización de droguerías y sobreprecios millonarios en medicamentos de alto costo y prótesis, calza perfecto en la definición de Pizzorno. La plata de la coima está, después se ve cómo se reparte la torta, quién se queda con el 3%, por ejemplo.

Cambian los gobiernos, los partidos y los discursos, pero los casos de corrupción reaparecen una y otra vez. Durante las últimas décadas hubo investigaciones que alcanzaron a funcionarios de distintos cargos y signos políticos.

Es lo único que NO se recorta en tiempos de ajustes salvajes: la plata del afano.

¿Cuánto dinero se va en la corrupción? ¿Cuánto perdió el Estado en manos de funcionarios deshonestos en las últimas décadas? Imposible saberlo, pero sin ese robo en continuado y apoteótico, este país sería otro, sin lugar a dudas.

Pizzorno advierte que la corrupción prospera cuando las redes personales pesan más que las instituciones. (¿Acaso habla de la justicia?) En ese contexto, el dinero ilegal deja de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje administrativo.

Quizá la observación más provocadora del sociólogo sea esta otra: no alcanza con que exista dinero disponible. También debe existir una cultura que naturalice aceptarlo.

Los últimos casos conocidos, el placar de los dólares o la cascada del funcionario de gastos postergados, son un ejemplo de eso: no tienen problemas en exhibir su bienestar mal habido.

Aquí es donde vuelve la escena del maletín.

Nadie obliga al ministro a recibirlo (no le ponen un arma en la cabeza). El sistema ya resolvió todo por él. El dinero no deja rastros. Los demás ya cobraron. Si él se niega, otro ocupará su lugar. La corrupción deja entonces de presentarse como un delito extraordinario para convertirse en una rutina burocrática. La incubadora de la verdadera casta.

Este 9 de julio en el Tedeum celebrado en la Catedral metropolitana por el Día de la Independencia ante funcionarios nacionales presentes, el arzobispo de Buenos Aires Jorge García Cuerva denunció cuevas de la corrupción.

Y en un llamado a la honestidad y transparencia en la gestión pública dejó esta frase que puede ser aplicada adonde usted, estimado lector, desee posar su mirada: “Los pobres son cada vez más pobres y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos”.

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