El mundo está loco… loco… loco... (XXXIV)*

*Este artículo fue escrito antes del ataque de EE.UU. a Venezuela
domingo 04 de enero de 2026 | 6:00hs.

El presente artículo ilustra las ambiciones de EE.UU., cuando, una vez lograda su independencia de Inglaterra, se dispuso a extenderse continentalmente.  El siguiente párrafo es muy elocuente:

“El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino” (O’ Sullivan). Hay en estas palabras un inevitable parecido con las teorías del espacio vital utilizadas para realizar invasiones en el siglo XX. Es inexplicable que, en la actualidad, muchas personas nieguen la existencia del imperialismo y que, a lo sumo, lo acepten para un pasado que ya no existe. Nada más falso. Eso se debe a una ceguera ideológica producida por la desinformación masiva. Pero, también, a la ausencia de una mínima formación en historia y evolución de los sistemas sociales y de los mecanismos de cambios estructurales y el aumento de la complejidad. En realidad, bastaría con analizar algunos hechos actuales, sin cegueras ideológicas y partidistas, para descubrir la realidad tangible del imperialismo en sus nuevas modalidades. Pero, sin dudas, es muy útil observar el itinerario recorrido en nuestro continente y, sobre todo, las motivaciones, justificaciones y excusas esgrimidas en cada etapa. Los actuales proyectos hegemónicos pueden ser económicos, bélicos e ideológicos y deben encuadrarse en las leyes internacionales consagradas por más de 192 países, algo que, lamentablemente, no ocurre.

Ya hablamos de los dos grandes principios doctrinarios que guiaron, y guían, las políticas expansivas de EEUU: “América para los americanos” y “el destino manifiesto”. Estos principios rectores fueron adoptando luego diferentes formas y proyectos. El primer cambio notable fue la redireccionalidad de la doctrina Monroe. En un primer momento se orientaba hacia la contención de las potencias europeas que proyectaran recuperar las colonias de América. Pero, luego, la mirada norteamericana se dirigió hacia lo que ellos denominaron “el patio trasero”. El presidente Theodore Roosevelt fue uno de los encargados principales de la reformulación de la doctrina. Esto le valió el mote de “Big Stick”, debido a un antiguo refrán africano que estipulaba: “Para ir a una negociación hay que ir dispuesto a hablar, pero llevando un gran garrote” (Big Stick). Luego de muchas décadas, el secretario del Tesoro actual dijo que era más fácil intervenir con la economía y no con las armas, pero no cuestionaba la intervención en sí misma.

El derecho a intervenir ya había quedado sólidamente establecido por Roosevelt a comienzos del siglo XX. El presidente sostenía que los países que “se portaran bien” y razonablemente, no debían ser presionados, pero si afectaban intereses norteamericanos o de ciudadanos de ese país, merecían la intervención de EE.UU.. Esta idea del derecho a la injerencia en cualquier parte del mundo, donde sus intereses sean afectados o amenazada su seguridad, entonces, la invasión o las sanciones económicas serían inevitables. Su flota está esparcida por todo el mundo, en el Caribe o en Medio Oriente; en Taiwán o en el Pacifico central, etcétera. La supuesta inseguridad y la amenaza latente, son la mejor excusa esgrimida para invadir países por lejanos que sean, como Afganistán, Irak, Etiopía, Granada, Libia, y muchos otros lugares. A veces, estos movimientos se realizan con la cobertura de la Otan.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y comenzar la guerra fría, muy caliente para algunos, la URSS y EEUU, se disputaban la hegemonía mundial. Europa era el territorio crucial con las dos fuerzas armadas separadas apenas por “un muro”. La guerra directa era imposible por la existencia de armas nucleares. A su vez, se iba formando lentamente un conglomerado de estados definidos como no alineados. Era el llamado tercer mundo, que, obviamente, se convertiría en el escenario de las disputas indirectas de mayor gravedad y nefastas consecuencias. Algo similar a lo que está ocurriendo actualmente, entre EE.UU. y China en el terreno económico, que no esconde la posibilidad de una guerra de consecuencias inimaginables. A esta situación se sumó como elemento fundamental la descolonización. ¿Hacia qué polo del conflicto que inclinarían los países nuevos? La intervención directa o indirecta de Europa y EE.UU. y de la URSS fueron motivo de sangrientas guerras civiles y nuevas formas de colonialismo, el neocolonialismo. La posguerra obligó a EE.UU. a volver sus ojos hacía América Latina para impedir cualquier aventura socialista o comunista, como estaba ocurriendo en Europa con el Eurocomunismo. No pudo evitar la Revolución Cubana y su posterior alianza con la URSS. Fue el llamado de atención que generó, o potenció, una serie de iniciativas destinadas a impedir que la revolución de extendiera al resto de los países: la OEA, la Escuela de las Américas, la doctrina de la seguridad nacional, el Plan Cóndor, el espionaje diplomático, el apuntalamiento de dictadores dóciles y vehementes anticomunistas, etcétera.

A medida que surgían movimientos insurreccionales, guerrillas urbanas o rurales, o movimientos de masas nacionalistas, las presiones fueron cada vez más fuertes e invasivas. La nómina de todas las intervenciones de EE.UU. en el mundo y, particularmente en América Latina, ocuparía todo el espacio de este texto. En muchas de estas acciones intervinieron agentes de la CIA, la DEA y otros servicios. Primero, eran organizaciones destinadas al espionaje, pero luego, se convirtieron en verdaderos artífices de las operaciones encubiertas incluyendo los asesinatos selectivos u organizando golpes de estado. Esto ha sido bien documentado por los propios EE.UU. Los intentos de atentar contra los líderes cubanos fueron innumerables y se puso una recompensa de 50.000.000 de dólares por la cabeza de Maduro. Este exceso de poder ilimitado apuntó también contra todos los intentos de integración de nuestro subcontinente por considerar que un bloque sólido y autónomo podía afectar sus intereses. No podemos abandonar este tema, ya que estamos viviendo una incertidumbre de gravedad y los líderes del Mercosur están divididos y enfrentados. Paz o guerra, esa es la cuestión. La seguimos en la próxima.

Por Roberto Carlos Abínzano
Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones 

¿Que opinión tenés sobre esta nota?