La mala leche

miércoles 26 de junio de 2024 | 6:00hs.

Mala leche en el diccionario castellano significa persona con mala intención. Es una expresión que indica que alguien está de mal humor. Su origen se basa en la antigua creencia de que la leche con que se amamantaba influía en el carácter.

El consumo de la leche de origen animal es uno de los temas debatidos por expertos de la salud y la nutrición, ya que por varias generaciones se ha convertido en un alimento indispensable en la alimentación diaria de niños y adultos.

La expresión tener mala leche tiene sus raíces en el ámbito popular del idioma español. Su origen exacto no está claro, pero se cree que proviene de la asociación de la leche materna con la ternura y el amor, por lo tanto, “mala leche” se refiere a la falta de estas cualidades.

Su origen se remonta a tiempos antiguos en los que se creía que la leche con las que se amamantaba a los bebés influía en su carácter. Era algo muy común contratar a nodrizas que se encargaban de amamantar a los hijos de otras mujeres que acababan de parir y que no podían alimentarlos. Y la selección de la nodriza no era al voleo, sino que seguía ciertos parámetros teniendo en cuenta los orígenes de la persona, el nivel cultural, que no tenga antecedentes penales y ningún problema psíquico o emocional.

Para darnos cuenta de lo que significaba la leche antiguamente, podemos ver lo que sucedía en tiempos de Aristóteles y San Agustín. Aristóteles, el filósofo de la Antigua Grecia, estaba convencido de que todas las personas que habían mamado la misma leche formaban parte de la misma estructura social dentro de la aldea en que habitaban.  Por su parte, San Agustín aconsejaba que los niños cristianos no fueran amamantados por mujeres paganas, porque esto influiría negativamente en su fe.

Según el relato bíblico el primer personaje con mala leche fue Caín, quien mató a su hermano Abel por celos, pues cuando ambos brindaron sendas ofrendas a Dios, Él prefirió la del futuro occiso y no la de Caín. Es decir, los celos en los individuos son generadores de mala leche.

En la actualidad esta expresión se utiliza para describir a alguien con mal genio o malas intenciones.

Por su parte el payé en nuestra cultura misionera es parte de una creencia ancestral y pagana, y padres jesuitas nunca lograron desterrar entre los guaraníes, puesto que seguían practicando en forma clandestina en los treinta pueblos de la república misionera.

En las tribus, el chamán, “hombre que sabe”, actuaba como el curandero y brujo que podía obrar entre el bien y el mal, anticipar acontecimientos, interpretar a los dioses, comunicarse con el diablo e influir con el tiempo concediendo beneficios o males según su criterio personal, mediante dádivas recibidas de terceros a cambio de sus hechizos.

En nuestra actual cultura regional, la encargada de hacer el payé es una curandera especializada en ojeos. La superstición indica que el mal del ojo es quien puede producir trastornos a través de la mirada. Por tanto, al ojear a una persona se le provoca algún tipo de daño

Auto conferida con poderes sobrenaturales para hacer beneficios o maleficios, en esto último, hace uso de rezos, yuyos, sapos y culebras e invoca al diablo para hacer el mal, es decir, a pedido puntual de un individuo (mujer o varón) de mala leche. En nuestra niñez se hacía mención al Mencho Cirilo en un chamamé de moda. Personaje muy popular, al Mencho, las guainas le pedían fotos y él contestaba “no les voy a dar, a lo mejor me hacen un payé. 

Si nos atenemos a la política, podemos decir que no existe el mal de ojo ni curanderismo alguno para hacer el mal a un gobierno, pero si se puede afirmar que hay mala leche.

Si analizamos los mandatos presidenciales desde el regreso de nuestra democracia, el gobierno de Raúl Alfonsín fue a quien la oposición confrontó de mala manera, es decir actuó con mala leche. Todo comenzó con la pretendida Ley de Reforma Sindical, que aspiraba a regular las internas de los gremios introduciendo reglas de transparencia y pluralismo a las que debería someterse la dirigencia sindical. Fue aprobada en Diputados, pero el Senado lo rechazó, pues “la contra” ejercía la primera minoría, lo que le permitía bloquear y cambiar según su parecer los proyectos presidenciales.  Desde ese momento la oposición ejerció presión para a entorpecer el desempeño del frágil gobierno quien, durante su mandato, debió soportar trece paros generales. Alfonsín no pudo terminar su mandato y entregó antes el poder.

Al actual gobierno de Milei le ocurre lo mismo. Trata de que le aprueben leyes para poder gobernar, pero, según él, una casta de políticos en el Congreso lo traban porque desean verlo fracasar. Y a quienes salen de ese círculo vicioso y lo apoyan porque creen que son normas jurídicas que beneficiarían al país los tratan de traidores. Todos estos señores que se tiran a la retranca (algunos de ellos propician un putsch) y sueñan con volver al pasado actúan con mala leche. Como también periodistas, un canal de televisión, dirigentes piqueteros que se afanaron sin misericordia plata del Estado y políticos fracasados reconvertidos en prohombres que añoran su anterior estadio de gracia.  Y ese Estado de corrupción que hubo en Argentina jamás volverá, pues si fracasa el gobierno de Milei y no cubre las expectativas, no será reelecto en las próximas elecciones y vendrán nuevos gobernantes. Pero tenemos la esperanza de que ese Estado corrupto y de corrupción ya no volverá.

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