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Qué es una paradoja

miércoles 05 de junio de 2024 | 6:00hs.

Esta es una palabra muy usada, aunque muchas personas que la usan no saben lo que es ni lo que significa… Obviamente, uno puede consultar un diccionario o con Internet, pero no alcanza para apreciar cuántas paradojas vive uno diariamente.

La paradoja es muy usada por los lógicos; ejemplos como la paradoja del mentiroso y otras similares ya se estudiaban desde la antigüedad en Grecia. Por ejemplo la graciosa pregunta: ¿En qué momento un montón de arena deja de serlo, al ir quitando granos de arena?

Se considera que una paradoja es algo contrario a la opinión común, pero también se considera paradoja a una proposición verbal en apariencia falsa que no implica una contradicción lógica –en contraposición a un sofisma– que sólo aparenta ser un razonamiento válido.

También hay paradojas vinculadas al infinito; por ejemplo: “Un hotel de infinitas habitaciones puede aceptar más huéspedes, incluso si está lleno”, lo cual lógicamente es correcto, aunque sea imposible de existir.

Las paradojas también son un estímulo para la reflexión, ya que a menudo los filósofos las usan para revelar la complejidad de la realidad. La paradoja también permite demostrar las limitaciones de la comprensión humana: la identificación de paradojas basadas en conceptos que a simple vista parecen sencillos y razonables ha impulsado importantes avances en la ciencia, la filosofía y las matemáticas. ​

Una popular paradoja, de uso actual, es escuchar “la Tierra es plana porque la línea del horizonte se ve recta”, argumento de muchos terraplanistas; a lo cual una persona razonable le podría retrucar: “si subís a una altura comprobarás que ves más superficie cuanto más te eleves”. (Pero este argumento es paradójico, ya que ese fenómeno sucede tanto si la Tierra es redonda como si fuera plana).

Los estudiosos aseguran que una de las paradojas más famosas tiene más de dos mil años y dice así: “Epiménides es un hombre cretense, y él afirma que todos los cretenses son unos mentirosos. Si esta afirmación es verdadera, entonces Epiménides miente, con lo que no es cierto que todos los cretenses sean mentirosos. Por otro lado si miente no es cierto que los cretenses sean mentirosos, con lo que su afirmación sería verdad, lo que a su vez llevaría a que estuviera mintiendo”.

Por ejemplo, Milei también hace uso de paradojas, al afirmar “si soy presidente los suficientes años, nuestro país será como era en 1810 o 1910, con plena libertad”. El problema –paradójico– es que no tiene en cuenta que en esas épocas había un 95% de pobres y un 5% de ricos. Y a no ser que éste sea uno de sus objetivos políticos…

También se sabe que una paradoja es una construcción lógica en la que una proposición aparentemente contradictoria esconde la manifestación de una cruda verdad.

Algo que parece ser una paradoja, como la frase: “¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?”, y que uno supone que aparecieron al mismo tiempo. Consulté con inteligencia artificial y –para mi sorpresa– me respondió: “Las gallinas aparecieron hace unos 30 mil años y los huevos existen hace millones de años: los dinosaurios ya nacían de huevos”.

Yo soy de la creencia de que es de mala suerte ser supersticioso; sin embargo, declararse en oposición a la creencia en supersticiones se puede hacer de cualquier modo, menos creando otra superstición en base a eso, que es la paradoja que yo hago.

Por extensión, se tilda de paradójico a todas las situaciones, hechos o proposiciones que contienen en su interior una situación irresoluble, irónica, contraria a la lógica o retadora del sentido común.

A menudo se habla de las “paradojas de la vida”, para referirse a que frecuentemente las personas nos encontramos en situaciones paradójicas, irónicas o sin solución aparente. En ellas, hacer lo obvio complica todavía más lo que se supone resolvería.

No existe un conjunto “oficial” o definitivo de estas paradojas de la vida, sino que se trata de formulaciones populares, dichas por la gente. Se emplean como formas de pensar en la vida y en su arbitrariedad, en la “lógica” propia de la vida, es decir, como una forma de enseñanza respecto a lo que, paradójicamente, no se puede aprender a prever. Por ejemplo, algunas paradojas de uso diario por todos nosotros: “No hay mal que por bien no venga”; “En casa de herrero, cuchillo de palo”; “Lo barato termina saliendo caro”.

También conocida como el Problema del Mal, esta paradoja de tipo filosófico o religioso contiene la dificultad que existe para conciliar la existencia del mal, el sufrimiento y la injusticia en el mundo, con la existencia supuesta de una divinidad omnisciente y todopoderosa, que además sea benévola, como lo plantea la religión cristiana clásica. Este planteamiento paradójico se basa en cuatro preguntas elementales: a) ¿Es que Dios desea evitar el mal, pero no puede? Entonces no es omnipotente; b) ¿Es que Dios es capaz de hacerlo, pero no quiere? Entonces no es benévolo; c) ¿Es que Dios es capaz de hacerlo y también lo desea? ¿Por qué existe el mal entonces?; d) ¿Es que Dios no es capaz de hacerlo ni tampoco lo desea? ¿Por qué llamarlo Dios entonces?

También hay paradojas ideológicas, como la que decía Machado: “Viajero, no hay espacio-tiempo en este momento… se hace espacio-tiempo al viajar”. Este es un planteo dialéctico: el proceso de la vida es protagonizarla, no dejar que suceda sin nuestra participación en su evolución.

Uno de los objetivos de esta columna es aclarar cuestiones al gran público lector de El Territorio, pero sucede algo notable: aclarar el significado y el uso de las paradojas es bastante paradójico…

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