Cómo me salvé de otro accidente ferroviario similar y muy cerca del reciente

miércoles 22 de mayo de 2024 | 6:00hs.

El reciente accidente ferroviario me hace recordar otro, de gran magnitud, ocurrido hace unos 60 años, apenas a unos 500 metros del actual, en el que estuve indirectamente involucrado.

Yo, además de docente universitario, soy autor de cuatro libros, dos de la editorial de la Unam y otros dos de la editorial de la Universidad Gastón Dachary. Un quinto libro, muy corto (de apenas 20 páginas), escrito porque a los 85 años he pasado en mi vida por siete hechos afortunados en los que pude perder la vida. Uno de ellos es el ferroviario, por lo que reproduzco las páginas pertinentes del librito mío, que se titula ‘Las siete veces que salvé mi vida’:

“Estando avanzados mis estudios en la escuela industrial Otto Krause, de Buenos Aires; con mi familia vivíamos en San Fernando y los fines de semana yo trabajaba de caddie –llevando los palos de golf de golfistas– en el Club Náutico San Isidro, desde la mañana de los sábados hasta la tarde de los domingos, lo que me impedía estudiar en mi casa los fines de semana. Por dicho motivo, y dado que yo vivía a tres cuadras hacia atrás de la estación del ferrocarril Mitre –entonces llamada Victoria–, para caminar menos me acostumbré a estudiar en los viajes hacia y desde Retiro (viajes que duraban unos 40 minutos) sentándome en los últimos asientos del último vagón del tren, donde leía, estudiaba y resolvía ejercicios durante los viajes diarios.

En noviembre de 1958, cursando mi quinto año, conseguí un trabajo de la especialidad en un estudio de arquitectura de un barrio cercano a Retiro –Recoleta– los sábados a la mañana, donde completaba los rótulos de los planos de construcción del estudio. Estaba en un edificio lujoso y antiguo, con escaleras de mármol, dos pisos altos, de muy alta categoría arquitectónica, cuyo portón de entrada era monumental, ya que pesaría unos 500 kilos.

Al salir de este trabajo los sábados cerca del mediodía, tomaba un colectivo hasta Retiro y acostumbraba a tomar un tren que salía desde Retiro a las 12.20 horas hacia San Fernando. Corrían los primeros días de noviembre de 1958, era la hora del mediodía, terminé mi labor y me dispuse a retirarme del edificio; como trabajaba en el primer piso, bajé e intenté abrir el portón, lo que no logré. Pensé que lo habían cerrado con llave al irse el personal y me preocupé porque creí que me había quedado solo.

Empecé a gritar para llamar la atención de alguien, mientras subía los pisos por la escalera; recién en el segundo piso, apareció un hombre que me preguntó qué pasaba, le relaté que el portón del frente estaba cerrado con llave, a lo que me señaló que no podía ser, porque él era quien cerraría al irse. Me acompañó hasta la planta baja, tomó por la punta el picaporte del portón (que tenía como treinta centímetros de largo) y haciendo palanca lo abrió. Era lo que se hacía con puertas y portones antiguos.

Salí y fui en colectivo hasta Retiro, luego me dirigí hasta el andén 1 o 2, de donde salían los trenes eléctricos hacia San Fernando, y veo mi tren que ya se estaba yendo, a unos 200 metros… lo había perdido.

Me quedé esperando el próximo tren, que usualmente vendría en unos diez a quince minutos, pasaron veinte, treinta minutos, hasta que por los parlantes anunciaron que estaba suspendido el servicio y que podíamos usar los trenes de los ferrocarriles Belgrano o San Martín, algunas de cuyas estaciones estaban a muy pocos metros del Mitre.

Entonces, pensé tomar el ferrocarril Belgrano, bajar en la estación Aristóbulo del Valle, barrio en el que hace años yo vivía y conocía sobradamente, subir el Puente Saavedra a la Avenida Maipú, tomar el colectivo 60, ir hasta San Fernando y luego caminando hasta mi casa.

Esperé, subí al primer tren del ferrocarril Belgrano, que salió minutos después, y al pasar por la zona del Aeroparque, súbitamente los pasajeros exclamaron “miren, un choque de trenes”, ya que en las vías del Mitre que corre paralelamente al Belgrano por un corredor elevado, se veía un terrible choque de trenes.

Al llegar a mi casa por el nuevo trayecto, mi mamá me dijo: “…Escuchá la radio, parece que hubo un choque de trenes”; entonces escuché que el tren del Mitre que había salido a las 12.20 de Retiro hacia San Fernando fue embestido por detrás por una locomotora a vapor. Lo que yo había visto en la zona del Aeroparque era el último vagón, partido en dos, ya que la locomotora había matado a 22 de los pasajeros incrustándose en el último vagón”.

Esta información hasta hace cinco años aún estaba en Google, donde se puede verificar.

Obviamente, con mi hábito de viajar en el último asiento del último vagón del Mitre, ese día salvé mi vida, por no saber cómo manejar el picaporte del edificio donde trabajaba… día afortunado, como los otros seis de mi librito, a lo largo de 85 años.

Gracias a Dios en este reciente choque de trenes no falleció nadie… sólo heridos.

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