Caminar acompañado

domingo 19 de mayo de 2024 | 6:00hs.

"Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos camina acompañado". La frase refleja la esencia de una profesión que desde hace quince años viene batallando en Misiones por ser legitimada, reconocida y valorada: el acompañamiento terapéutico (AT). En tanto, a nivel país, la historia comienza a escribirse hace poco más de dos décadas. Un simple ejercicio nos invita a la reflexión, por ejemplo, todos sabemos o al menos, imaginamos, en qué consisten las tareas de un médico o un enfermero, pero si nos pusiéramos a pensar ¿qué es o qué hace un acompañante terapéutico? Seguramente las respuestas serían diversas y habría muchos silencios o hasta cuestiones erróneas, propias del desconocimiento de una formación que lucha por posicionarse. No obstante, corresponde darle mérito al extenso trecho recorrido.

De las conquistas del AT, podemos mencionar al menos tres, aunque en el anecdotario de cada profesional habrá muchas más. Primero, la instauración de una fecha, el 3 de mayo se celebra el Día del Acompañante Terapéutico en conmemoración a la creación de la Asociación Acompañantes Terapéuticos de la República Argentina (Aatra), en 2003.

Segundo, la profesionalización. Para tener una idea, en el ámbito provincial existen cinco instituciones superiores, aprobadas con resoluciones ministeriales, que cuentan o contaron con la tecnicatura (un dictado de tres años) en su oferta académica. De ese total, cuatro son públicas de gestión privada y una es exclusivamente pública, con sede en Posadas. Y este es un punto clave para quienes aspiran a la formación académica dado el riesgo que implica caer en instituciones que ofrecen certificaciones sin ningún tipo de validez oficial.

Tercera conquista -y de impacto más local- es la aprobación de la ley XVII – N° 195 en octubre del año pasado, por parte de la Cámara de Diputados de Misiones, que regula el ejercicio profesional como práctica complementaria a un tratamiento de salud de carácter multidisciplinario que requiere de una indicación médica. El marco legal no es poco. Es un paso inmenso de los tantos que faltan para seguir avanzando. El AT es -debe ser- reconocido como un brazo terapéutico que mediante determinadas actividades, y con la palabra hablada como herramienta y escudo, facilita una mayor autonomía de las personas, ayudan a sostener o reestablecer los vínculos de su entorno, familiar, social, laboral, mediando, previniendo o acompañando las situaciones de la cotidianeidad.

El acompañante terapéutico no medica ni diagnóstica como tampoco limpia y plancha. Es decir, no está entre sus obligaciones realizar tareas domésticas salvo que alguna de ellas sean parte de su estrategia terapéutica que, como cualquier estrategia, persigue un objetivo. Su rol es específico del ámbito de la salud y hasta el momento su desempeño se limita al sector privado, con las obras sociales y prepagas o bien de manera particular con las familias.

La legislación, como se describe entre las conquistas del AT, representa sólo la punta del iceberg. Queda pendiente la promulgación de la ley y con ello comenzar a ver acompañantes terapéuticos en hospitales y por qué no en Centros de Atención Primaria de la Salud (Caps). El AT en el sector público, aportando su mirada, su capacidad de acompañar ya sea en un proceso de rehabilitación motriz como en las actividades recreativas de un adulto mayor.

El campo es enorme pero aún desconocido. El desafío es conocer y ahí entonces encontraremos el sentido del proverbio inicial: “caminar acompañado”.

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