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Percepciones

“Ansiedad devenida en adicción a pantallas e inmediatez, que quizás años más tarde decantan en otra adicción de la cual no tengo certezas, pero tampoco dudas”

domingo 17 de marzo de 2024 | 6:00hs.
Percepciones

Al día de hoy me sigue llamando poderosamente la atención mi relación con las redes sociales, el manejo de la ansiedad y mi autoboicot en cuanto a mi imagen. Yo, a mis treintas, noto también a muchas personas de mi edad, más/menos, en la misma. ¿Cómo manejamos nosotros ‘los adultos’ esta imagen que damos a los adolescentes? Donde todo es caos y ganas de encajar, en qué, no sé, pero en algún lado queremos encajar; incluso de adultos.

Tenemos miles de amigos, pero ¿cuál es el concepto real de amistad?, los 5 mil seguidores, por decir un número, o los 4 que nos conocen realmente. Recientemente me crucé con un reel de @psicoeducacionhoy, en instagram, que ilustraba el concepto de amistad y las redes sociales.

¿Cuántos son amigos reales?¿Cuántos nos odian y nos siguen sólo para criticarnos?¿Cuántos envidiamos o nos envidian?¿Cuántos nos dan quizás el mal ejemplo del supuesto amor propio que hoy tan en boga está y dista tanto de lo que yo al menos, considero realidad? En esta post verdad, donde cuestionamos todo lo que es verdad verdad, o verdad mentira, o mentira la verdad; a quién creen los adolescentes.

¿Qué imagen tenemos y tienen de lo que es el amor propio? Inyectarse ácido en toda la cara para parecerse más al filtro de TikTok o Instagram, dejar de comer para competir cuán pequeña puede ser nuestra cintura, tapar con comida y comer comer comer por ansiedad a no poder encajar o tapar miserias del día a día.

Ansiedad.

Las mismas redes sociales que tanto nos hacen cuestionarnos, nos sumergen en esta espiral ansiosa de likes, números, algoritmos y visualizaciones, donde cada usuario busca ser ‘importante’ para personas que ni siquiera conoce y quizás no lo haga nunca.

¿Y las infancias?

Me sorprende notar la manera de relacionarse que tienen infancias realmente muy pequeñas, de meses de edad, con la tecnología, los celulares y tablets.

No soy madre, entiendo que quizás sea la manera de distraerlos más sencilla y rápida cuando ni nosotros podemos con nosotros mismos, pero considero que el precio que pagamos haciéndolo es demasiado alto.

Desarrollamos, y me consta, una personalidad adicta desde muy temprana edad. Adicta a las pantallas, a la inmediatez, a no poder esperar una publicidad de 5 o 10 segundos. Irreal ver cómo se enojan al no ver inmediatamente el video, nos enojamos. Festejamos por cómo una infancia de 1 año maneja a la perfección un celular, pero aun no habla, ¿inteligencia? Permítanme dudar.

Ansiedad devenida en adicción a pantallas e inmediatez, que quizás años más tarde decantan en otra adicción de la cual no tengo certezas, pero tampoco dudas. En este adormecimiento que todos buscamos para no enfrentar diferentes situaciones que nos atraviesan, ya sea la situación del país, o un problema personal (más allá del país), esa ansiedad de futuro, de solución, de ser, como persona ansiosa muchas veces intenté e intento adormecer. Suspender así sea un rato, poner en pausa mi cabeza.

Recurrimos a las redes sociales y las pantallas como escape y en realidad estamos alienados a agachar la cabeza y seguir como si nada pasara, o al menos eso parece. Con diferentes programas de TV, stream, TikTok, Twitter (X), Instagram, nos vamos a dormir. Con un mundo ficticio y apariencias que en la perfección hegemónica perseguimos y nunca vamos a alcanzar, porque nunca va a ser suficiente. Según Nietzsche, la verdad es más valiosa que la apariencia, ¿lo es hoy? ‘No hay hechos, sólo interpretaciones’, citando al mismo filósofo.

Por Marulina White (María Álvarez)
Realizadora audiovisual y diseñadora

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