El mundo está loco, loco,loco… XII

domingo 03 de marzo de 2024 | 6:00hs.

China constituye el proceso socioeconómico, político y cultural más notable de la historia reciente, en el pasaje del siglo XX al XXI. Era un gigante adormecido. Es, además, la única civilización que muestra continuidad entre el pasado mas remoto y la actualidad. Durante siglos se fueron sucediendo reinos, dinastías e imperios sin que su estructura abandonara el inmovilismo que siempre le hemos adjudicado a esta civilización. Desde los primeros reinos e imperios el proceso ha sido denominado por algunos estudiosos como el ciclo dinástico. El reemplazo de unas dinastías por otras, que se realizó en el mismo territorio y que abarcó a números grupos étnicos, fue posible por la uniformidad no interrumpida de una lengua cada vez más dominante; por las historias documentadas que las dinastías fueron construyendo para legitimar su propio poder; el mantenimiento de un sistema de escritura, preservado entre los eruditos de las cortes (el mandarín);  la estrategia de aislamiento frente a pueblos como los imperios pastoriles nómades, como los mongoles y otras minorías que, poco a poco, fueron siendo absorbidas por el imperio, o, por el contrario, cuando los mongoles lograron superar el escollo de la Gran Muralla, la cultura china se impuso a sus invasores y los “chinizó”, iniciándose así la época de las dinastía mongolas, pero profundamente transformadas, en una transculturación sin retorno. El único caso comparable es el de Japón, cuyo primer emperador, Jimmu Tenno, probablemente legendario, fundó la genealogía imperial que llegó hasta la actualidad.

Recién, a comienzos del siglo pasado, en China se instaló la primera república de su historia. Esta experiencia tuvo corta vida, ya que muy pronto se desató la guerra civil entre comunistas y nacionalistas que culminó con el triunfo de los primeros. La sociedad comenzó a transformarse rápidamente solucionando uno de sus problemas crónicos más devastadores: las hambrunas. Algunas poesías muy antiguas hablan de las rebeliones contra los emperadores por la falta de distribución de alimentos almacenados en los depósitos imperiales. Durante la edad media occidental, muchos comerciantes, viajeros y misioneros llegaron a China y quedaron maravillados por sus realizaciones de todo orden: artísticas, científicas, arquitectónicas, comerciales, etcétera.

No voy a detenerme en los tiempos más remotos de su prehistoria, pero sí, como una mínima información, mencionaré que algunos de los restos humanos más antiguos (un millón y medio de años) fueron hallados muy cerca de Pekín y recibieron el nombre de Homo pekinensis, una especie del  género Homo. Obviamente, la llegada del Homo sapiens, es decir, el hombre actual, fue mucho más tardía, pero, aun así, podemos hablar de 50 o 60 mil años. Hubo un largo período de cazadores, pescadores, recolectores, etc. Luego, hacia el año 10.000 a.C, apareció la agricultura que tuvo un amplio desarrollo cerca de los grandes ríos, tal como ocurrió en casi todas las más antiguas civilizaciones. Estos cultivadores de agruparon en aldeas indiferenciadas que, con el correr del tiempo, dieron lugar a la aparición de las primeras ciudades las que, a su vez, derivaron en los primeros estados y luego los primeros imperios. Estos cambios se fueron acelerando. Ya la historia había tomado un rumbo de cambios y procesos emergentes.

Todo esto, acompañado por inventos y descubrimientos que convirtieron a China en la potencia más desarrollada durante siglos y que provocaron la admiración de los viajeros árabes y europeos. La posibilidad de que se gestara un gran imperio con un poder centralizado y una férrea organización burocrática, se basó en que la mayoría de la población china era del grupo étnico y lingüístico Han, como hemos dicho, que aún es predominante (90%). Lo paradójico es que, hasta bien avanzada la revolución comunista de Mao Zedong, la mayor parte del territorio estaba en manos de etnias minoritarias.

Desde un punto de vista neo-evolucionista o evolucionista multilineal, China fue categorizada como: Modo de Producción Asiático, Despotismo Oriental, etcétera. Civilización de Regadío, Estado Distribucionista, etc. Este tipo de sistemas, a diferencia de los imperios clásicos, como los persas, griegos y romanos, poseía tierras del estado, de las comunidades campesinas y el culto. Carecía de esclavitud y todos los mecanismos socioculturales parecían diseñados para la persistencia del sistema y no para el cambio. Toda sociedad posee factores y tendencias que garantizan la continuidad y otros que impulsan el cambio de diferente complejidad. De esta tensión dialéctica y contradictoria surgen procesos emergentes, cualitativamente diferentes, que rompen lazos con el pasado, pero que, sin embargo, se sustentan en la matriz de la que surgen. Aun las revoluciones más intensas e innovadoras, conservan rasgos que garantizan la pervivencia de etapas anteriores. En China se observa la vocación creativa, que viene de lo más remoto de su pasado. Es decir que, las grandes innovaciones técnicas fueron mecanismos para hacer posible esa perdurabilidad. Los primeros europeos que describieron este sistema observaron esa inmovilidad, pero se maravillaron por los logros muy superiores a occidente (Marco Polo, Rubruck, etcétera). Darcy Ribeiro habla de “Estados Teocráticos de Regadío”. Nacidos en zonas áridas o muy áridas. El problema central era administrar el uso del agua. De allí la presencia siempre cercana de grandes ríos, a partir de los cuales, se construían canales, acequias, represas, etcétera. Todavía, hace muy poco tiempo existían en el norte argentino y en la zona andina en general, los “jueces de agua” que la distribuían a horas determinadas para el regadío de las parcelas.

A la misma categoría pertenecieron otros estados del mundo como Mesopotamia, Egipto, Camboya, Incas, Mayas, etcétera. En todos ellos, el estado era regido por una clase sacerdotal/militar y tenía en su máximo poder un emperador sagrado. Además, el estado debía distribuir sus riquezas, como las cosechas, entre la población. Cuando esta distribución fracasaba se producían rebeliones que podían obligar a un cambio de dinastía. Eso se ve reflejado en las más antiguas poesías chinas, anteriores a nuestra era, que poseen un impresionante carácter descriptivo de la vida popular y su relación con el poder. Sin embargo, China quedó fuera del desarrollo industrial, que sí adoptó Japón, en el siglo XIX, convirtiéndolo en una potencia económica capaz de enfrentar a EE.UU. en la segunda guerra mundial. El comunismo no consiguió el desarrollo buscado por que no aplicó las reglas fijadas por Marx: primero el desarrollo burgués capitalista recién luego la expropiación de esa clase por parte del proletariado.

China necesitó tres revoluciones para estar en condiciones de abordar una cuarta, la actual, que la ha colocado en la cumbre de las potencias mundiales en casi todos los órdenes. Pero de eso hablaré la próxima entrega. Hasta entonces.

Por Roberto Carlos Abínzano
Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones

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