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El mundo está loco, loco. Loco…(XI)

domingo 04 de febrero de 2024 | 6:00hs.
El mundo está loco, loco. Loco…(XI)

El imperio ruso se conformó entre los años 1721, con el reinado de Pedro I, y la revolución de 1917. Se extendió por una región inmensa, desde el Mar Báltico hasta el Océano Pacífico. El nombre de este Zar fundador quedó inmortalizado en la ciudad de Petrogrado. Sus dominios alcanzaron 22 millones de kilómetros cuadrados en lo que habitaban 126 millones de personas. Su soberanía se implanto en Europa, Asia y América. Antes de vendérsela a EE.UU., Alaska le pertenecía. Todavía hoy, a pesar de importantes desmembramientos, es el país mas extenso de la tierra. Incorporó a un numero muy grande de grupos étnicos diferentes; aisló a otros, e impuso un sistema burocrático totalmente centralizado ejercido con mano férrea por un funcionariado disperso por todo el espacio. Propagó el cristianismo ortodoxo de cuño propio y respetó organizaciones tan características como las comunidades campesinas hasta la época estalinista. Existen numerosas controversias sobre el período anterior en el que se incubó esta enorme formación socioeconómica y cultural. Lo cierto es que la lengua rusa y la religión se fueron imponiendo a lo largo de tres siglos. Las versiones mas correctas sobre su origen, se refieren a la existencia del Principado de Kiev (1132-1470), precedido por la Rus de Kiev, (882-1240), que es hoy paradójicamente la capital de Ucrania.

Salvo el período de Boris Yeltsin, donde se intentó una aventura neoliberal con funestas consecuencias económicas y sociales, el Estado ha ejercido un poder prácticamente omnímodo. El renacimiento actual de Rusia (Federación Rusa) se debe sin dudas a la recuperación de poder por parte de la estructura estatal, buscando un equilibrio entre el capitalismo interno y externo y el socialismo de cuestiones básicas como la educación, la salud, la vivienda, etcétera. Fue un proceso parecido al de China con una diferencia fundamental: China sólo reconoce la existencia del partido comunista. Sin embargo, tanto Putin como Xi Jinping, por diferentes mecanismos, parecen aferrados al poder sin perspectivas de cambios a la vista y, menos ahora, con el escenario tan complejo de las relaciones interestatales mundiales. En 1917, Rusia transformó drásticamente su historia al comenzar a construir la etapa del socialismo prevista en la marcha hacia el comunismo. Pero, mientras Lenin estaba con vida y podía imponer sus estrategias, basadas en una interpretación lucida e inteligente de adaptación de la teoría a las condiciones concretas históricas de la sociedad rusa, su heredero, Stalin, quiso apurar la marcha con la colectivización forzosa y acelerada, para lo cual debió combatir a muchos integrantes de la vieja guardia revolucionaria. Y lo hizo de la manera más drástica, cambiando la idea de la dictadura del proletariado por su dictadura unipersonal, por sobre el partido, los soviets, el presídium supremo y todo opositor que se animara a cuestionar sus decisiones. El centralismo democrático de Lenin se esfumó. La revolución internacional fue borrada de la agenda y se transformó en el socialismo en un solo país. Y todos los partidos comunistas del mundo operaron para sostener a la URSS en vez de promover sus revoluciones nacionales. Esto tuvo enormes consecuencias geopolíticas, ya que, al comenzar la guerra fría, luego de la segunda guerra mundial, occidente apuntó sus cañones hacia todos los movimientos comunistas de sus respectivos países, comenzando por EE.UU. y su celebre Macartismo. No pudo impedir que algunos países adoptaran modelos socialistas, como ocurrió en Europa Oriental, y tampoco que los comunistas fueran protagonistas importantes en los procesos de descolonización masiva. Las conflagraciones de la guerra fría fueron calientes en numerosas partes del mundo, y todavía lo siguen siendo, en esta renacida guerra indirecta, mucho mas peligrosa y compleja que la anterior. Un enfrentamiento directo entre los grandes colosos sería hoy mucho más devastador que en el pasado. Y como decía la conocida frase de Einstein: “No sé como será la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”. No me demoré en la historia más antigua de Rusia, que sin dudas constituyó la matriz decisiva de las condiciones a partir de las cuales se trató de edificar, por primera vez, un sistema socio-político-cultural y territorial, imaginado como una etapa evolutiva inexorable, para acercarme mas a las condiciones que permitieron el resurgimiento de Rusia, luego del estruendoso fracaso del neoliberal Boris Yeltsin. La desestalinización fue un proceso traumático de enorme impacto, que provocó la descomposición, no sólo de las estructuras burocráticas, sino de la URSS como sistema de articulación entre numerosos estados nacionales, hoy independientes, muchos de los cuales no aspiraban a su independencia y que se consideraron traicionados. Ya hablaremos de estas naciones que hoy comienzan a gravitar lentamente con un acercamiento hacia China y al nuevo camino de la seda.

El fracaso estrepitoso del neoliberalismo, aplicado por Boris Yeltsin, generó un verdadero desastre económico y un gran descontento popular. Esto hizo que se acelerara un regreso hacia una economía capitalista, pero, con gran presencia y participación del Estado en el cual los resortes fundamentales de la economía, la producción, la innovación tecnológica, etcétera quedaron en manos de la burguesía empresarial, nacida de los antiguos cuadros burocráticos. Rusia se sentía humillada frente a Occidente y esto despertó un fuerte nacionalismo proteccionista y una vocación de ingresar en la competencia comercial mundial. Su poderío militar nunca fue abandonado y hoy es el país que posee la mayor cantidad de ojivas nucleares. De todas maneras, aun con enfrentamientos militares indirectos como ocurren en Siria, Ucrania y otros escenarios, la lucha está focalizada en la competencia económica: energía, recursos naturales, mercados, etcétera. Que Rusia no estaba y hundida y que su recuperación era previsible, lo demuestra el hecho de que la Otan no se desactivó nunca desde su creación. ¿Mantener esta alianza, para qué? Para EE.UU. y sus aliados, el orden mundial impuesto por EE.UU., como un modelo unipolar, sólo puede ser sostenido con un respaldo militar. Pero la multipolaridad, que inevitablemente avanza si pausas, se resiste a situar el conflicto exclusivamente en el plano bélico.  Ningún país aspira tanto a la paz como China. Y Rusia, trata de detener el avance de la Otan sobre sus fronteras, cuando en realidad, preferiría dedicarse a no perder el tercer lugar de las economías mundiales. Queda mucho para analizar. Hasta la próxima y cuídense del dengue.

Por Roberto Carlos Abínzano
Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones

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