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Cristina Solís y el arte rebelde de decir

“Nadie puede callar cuando tiene sentimientos tan encontrados”

En tiempos que parecen apocalípticos, la artista misionera recuerda que el teatro permite evocar, rebelar, denunciar y también profundizar en autoconocimiento y emociones

sábado 03 de febrero de 2024 | 6:05hs.
“Nadie puede  callar cuando  tiene sentimientos  tan encontrados”
Cristina juega, se descubre en nuevas maneras de crear, combinando artes. foto natalia guerrero
Cristina juega, se descubre en nuevas maneras de crear, combinando artes. foto natalia guerrero

Escritora, dramaturga, artista plástica, música, teatrera, Cristina Solís tiene siempre las emociones a flor de piel porque entiende que el sentir define todo el quehacer.

“Uno jamás puede ser otro, uno siempre es uno”, marcó, más allá de todas las personalidades que  se permite navegar en la práctica teatral, por ejemplo.

Se define como apartidaria y es visible cómo le duele en el alma lo que está viviendo hoy la población argentina con la crisis reinante y la quita de derechos.

Con su libro arte Luna 5 también cosecha sentimientos encontrados. Por un lado, quienes parecen no entender su metáfora y simplemente le aclaman la ilustración de la obra y por otro, decenas de fans que se reúnen en Rosario a debatir su poética y ponerla en práctica.

Desde su búnker en Villa Sarita, Cristina pinta, esculpe, escribe... crea arte con distintos medios.

Obras icónicas como Atrapa sueños no sólo dejaron huella en artistas hoy consagrados sino que también la oficiaron como ‘hada madrina’ de historias de amor que perduran bajo la bendición de ese inicial encuentro cultural.

Después de un verde camino  que aleja todo el bullicio de la ciudad llegamos a su cueva. Espejos, plumitas, cristales, llamadores, pinturas, vitrales, esculturas pero sobre todo mucho, mucho color definen su morada. Dice que su gato Magic le salvó la vida. Más adelante también le endilgará ese rescate al teatro, donde vibra más comunitariamente.

Por eso, buscando mantener el ánimo en tiempos de desguace cultural, Cristina emprende esta semana un nuevo ciclo de capacitación abierta a todos los curiosos que se comprometan con su sentir. Desde el 7, cada miércoles de 20 a 22 en Sala Tempo desatará un entrenamiento actoral con toda su impronta, desde lugares poco comunes.

¿Por qué creés que el verano se postula como ideal para arrancar este taller?

Porque no hay trabajo, porque nadie se fue y porque si hay algo que se necesita cuando hay tanto dolor y tanta angustia, como se está se está viviendo en estos tiempos, es el teatro. El teatro, en general, ayuda un montón a socializar y a sincronizar. Además hay aire acondicionado en el lugar, lo que nos permitirá no morir en el intento. Está bien difícil la cosa, entonces me parece que está bueno por lo menos divertirte un rato haciendo algo distinto que no tenías idea de que podría llegar a gustarte.

¿Permite explorar otras facetas, quizás o sumar expertise para quienes estén trabajando algún personaje?

Exactamente, es tanto para los actores ya hechos como a los nuevos que están buscándose. Una de las cosas que siempre se dice es: ‘Me gusta hacer teatro porque puedo ser otros que en la vida real no soy’.Uno jamás puede ser otro, uno siempre es uno. Puede encontrar formas de ser uno, y eso es lo bueno del teatro. Uno siempre va a ser uno, pero puede ‘mentirse’ dándose permiso para ser otros.

Como ponerse otras máscaras...

Es ejercer otras fuerzas, me parece. Lleva a encontrar en otros tonos, otras posturas y muy posiblemente a encontrarse con otros lugares de uno que no tenía idea de que los tenía, eso es seguro. Uno nunca imaginó transformarse en varios, ¿no? Y en esos varios es un permiso, porque en este lugar es lo permitido. En ese permiso puedo jugar y muchas veces encontrar cosas muy interesantes de ser así.

Y como profesora, ¿qué te aporta o que encontrás en este juego?

Mirá, yo tengo 35 años de docencia, lo que más veo es lo que sucede en el cuerpo y en la forma del decir. A mí siempre me sirve mirar a las personas porque siempre me miro a mí misma desde puntos, de lugares, sumamente diferentes. Me miro a mí misma, en el sentido como humano, no como Cristina. Miro, a través de lo humano, las distintas maneras del sentir. Yo trabajo en eso, escribo sobre eso. A mí siempre me aporta todo lo que sea este trabajo en conjunto. Siempre es interesante porque, primero, no se hace demasiado y, segundo, es bueno porque cuando te está mirando otro, uno saca otros lugares que nunca imaginó. Es la típica cuando uno conoce a alguien nuevo, se presenta a sí mismo y se va dibujando. Y a medida de la mirada del otro se va dibujando más. Ese es el aprendizaje.

En definitiva es más social que las otras artes que despuntás.

Las artes plásticas y la escritura son artes muy solitarias, llevan una convivencia con uno mismo nomás, a no ser que estés en un taller de escritura y aún así siempre trabajás solito. Y la plástica es peor todavía, mucho más tirana. Entonces, a mí me salvó la vida hacer teatro. Yo creo que si yo no hubiese hecho teatro no seguiría dibujando ni menos escribiendo. El teatro me dio una funcionalidad como persona mucho más interesante y sobre todo me hizo conocerme más de lo que yo pensaba, encontrarme en mí misma. Cuando uno tiene que responsabilizarse de un decir, cambia un montón el decir. Empezás a pensar qué estás diciendo, empezás a ver qué es lo interesante para decir de eso...

Y le estás poniendo el cuerpo también...

 El cuerpo es lo más difícil de poner, es lo más difícil. En realidad el cuerpo se pone solo, el cuerpo no tiene que pensar, tiene que sentir y es ahí donde estamos totalmente delimitados. Creo que hay como una conducta de negar el sentir para no dolerse. Y es al revés, cuanto más asocio lo que siento y más tengo conciencia de lo que siento, más puedo expresar lo que me pasa y liberarme de eso. Cuanto más tapo y cuanto más me aparto de eso, menos puedo solucionar eso que no estoy pudiendo ser. Entonces es como una mirada muy ambigua, pero está dentro de nuestra educación en múltiple choice.

De completar los casilleros correctos...

Exactamente, en vez de hacer el texto, marco bien o mal, blanco- negro, pero el texto es lo que me define no el saber blanco o negro. Ahí es donde debo organizarme y ver qué es lo que sé, qué es lo que leo, qué es lo que entiendo... porque mucha gente cree que lee un montón, pero en realidad solamente sigue el texto y no lo piensa. No existe comprensión de texto. Una de las cosas más difíciles de definir es lo que el otro está diciendo. Si hubiera más comprensión de texto no estarían todos tan difíciles de comunicarse, habría otros niveles de comunicación mucho más profundos. Sin embargo, es todo como liviano y lo liviano lleva a otro hacer.

¿Creés que es todo más superficial?

 Yo creo que han puesto como mirada de distancia para no hacerse cargo de los sentimientos, en general, porque no hay posibilidades de que un sentimiento sea absorbido y entendido. La mayoría de la gente se enamora y no sabe que está enamorada, se enoja y no sabe que está enojada, ni de dónde viene el enojo, o peor aún, envidia y no sabe que envidia y entonces ataca y lastima solamente porque el otro ocupa una posición que él no está ocupando.

Simplemente reacciona...

Y eso tiene que ver con la falsedad de la idea de la emoción. No estoy sabiendo lo que me está pasando, no estoy pudiendo leerme y entonces eso me aparta de un conocimiento, eso me aleja de mí mismo. Es difícil igual... hasta la muerte no vamos a saber quiénes somos.

La búsqueda existencial de toda la vida: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy?

Sí, no hay un método para ser feliz, ojalá lo hubiera, pero tampoco la felicidad es lo que me define, porque en realidad eso es una construcción histórica de un sistema: esto del éxito, de la felicidad y todo eso, obviamente norteamericano con Hollywood y Netflix y todas esas cosas. Entonces es difícil, porque estamos totalmente construidos por pensamientos ajenos, pero tenemos que saber leer entre líneas.

¿Quién es Cristina Solís hoy, a dónde se dirige actualmente?

Hoy estoy con una tristeza infinita por todo lo que estamos viviendo, con un sistema absolutamente decadente como el que estamos viviendo. Pero creo que, como artista, estoy como siempre. Yo siempre estoy en la búsqueda, nunca  tengo ninguna respuesta. Siempre tengo la angustia del hacer, que me mantiene viva. La humanidad entera está viviendo esto, porque si mirás el mundo, no somos los únicos. No es casual que todo el mundo esté así. Nos vienen maltratando desde hace años y fijate todo lo que nos pasó en la pandemia,  qué cantidad de obediencia que tenemos, mirá qué obedientes que nos volvimos. Es tremendo. Ahí también pensaría que por qué no estoy pudiendo expresarme, qué está faltando dentro de mi idea de humano que solamente sigo a la manada sin pensar.

Pero, a su vez, estos tiempos que recluyen al arte también lo hacen más productivo de alguna manera. Tal como pasó con la pospandemia y la cantidad de obras que se estrenaron, por poner un ejemplo cercano...

Siempre nutre toda crisis. Claro, la felicidad no te va a obligar ni te va a poner en ningún vericueto. Por eso la felicidad no existe, la crisis te va a poner en la obligación. Yo trabajé desde antes del Instituto Nacional del Teatro, me recibí en el 89 y fui actriz profesional en Rosario durante diez años, o sea que vi el crecimiento del teatro desde el principio del instituto. Hasta hoy acompañé todo ese tiempo y veo las diferencias. Desde Teatro Abierto en la época más difícil con los militares, por ejemplo, siempre encontramos una manera de decir y creo que eso también nos obliga a construir. Eso ayuda al otro, abre el espacio con el otro y creo que no nos puedan callar porque no podemos callarnos. Yo creo que nadie puede callar cuando tiene sentimientos tan encontrados.

Surgen nuevas formas del arte...

Eso es seguro, cuanto más intenten desvanecer las formas, vamos a encontrar nuevas formas de decir. El arte no va a dejar de existir porque nos dejen de dar plata, que en realidad mucho no nos daban, tampoco. Pero sí se organizaba como sector y eso creo que es una falta tremenda. Porque la organización que hacía el INT sobre festivales, sobre sistematización, sobre los teatros es realmente necesaria y  federal y eso no lo tienen las provincias. Misiones estaría abriéndose ahora con el Ipti, pero creo que va a llevar mucho tiempo porque todas las organizaciones sistemáticas llevan tiempo. Me parece que somos ejemplo, no es poco, pero sí va a ser un proceso. Creo que el  INT no debería cerrarse ni tampoco el Incaa ni el Fondo Nacional de las Artes... creo que son entidades que han pasado por todos los gobiernos y sólo éste, en su única estupidez, busca cambiarlo. Creo que nosotros podemos reorganizarnos y aclarar este sistema lo más que se pueda, no permitir que hagan lo que se les dé la gana.

¿Siempre se encuentra una vuelta, se resiste desde lo independiente, desde donde sea?

Desde donde sea, yo creo que el independiente es el mejor lugar porque no cumple una función de militancia, cumple una función de ser porque existimos por sobre todas las cosas. Y creo que el independiente lo que tiene de bueno es que puede percibir otros lugares que el dependiente no puede decir porque el otro está mirando de arriba, entonces por eso es tan genial este sistema del INT y realmente se cumplió, realmente sucedió, es una mentira enorme todo lo que están diciendo.

Y desde el teatro, este nuevo taller en Posadas, ¿viene a entrenarnos más allá de lo actoral?

Sí, se puede arrancar desde cero, sin experiencia actoral, porque en realidad lo que voy a hacer es especificar el cuerpo del actor. O sea, hacer la división de miembros, poder, sobre todo, trabajar la disociación del cuerpo para ir entrando desde otros lugares a los personajes, sin que sea desde el lugar común que es el pensamiento o la mente. Es un entrenamiento que permite, desde el cuerpo, entrar en otro lugar donde la emoción aparece. Generalmente lo que se hace es buscar el personaje, integrarlo... Esto es al revés.

¿Es un entrenamiento más físico entonces?

Es a través de los físico. A través del cuerpo llegamos a la emoción, entonces es menos mental y menos controlador porque el problema de controlar con la mente es que uno no puede soltar lo que debe soltar cuando corresponde. Entonces eso te traba para entrar en el lugar del decir. Es un entrenamiento que abre otros márgenes para encontrar nuevas figuras. Vamos a trabajar objetos, partes del cuerpo,  todos los sincros posibles para los distintos detonadores de sentimientos. Y vamos a pasar por la mayoría de sentimientos posibles, es un entrenamiento que sí o sí te va a hacer bien.

¿Es terapéutico también?

Es sumamente terapéutico, sobre todo porque no sabemos cuáles son los disparadores que nos hacen este sentir y entonces vamos a abrir nuevos disparadores, sí o sí vamos a pasar por sentimientos. No siempre se pasa por sentimientos en el teatro, hay mucha gente que no quiere pasar ese teatro, entonces esa gente no debería venir al taller. Hay hacedores que dicen que esto no nos sirve, pero yo aprendí un teatro que es un teatro de presencia, un teatro de aquí y ahora y ese es el que intento pasar.

Así, aquí y ahora, con mucho para decir, Cristina insiste en  encontrar nuevas formas de hacer arte. Pensante, reflexivo, que atraviese cuerpo, mente y emociones. Tal como delineó en una de sus últimas producciones conocidas: la trilogía de teatro perfomático y musical: Épica de los tiempos,  Épica pandémica y Épica de los sueños.

“Siempre pienso en el formato de lo que estoy diciendo, que es desde lo escénico y busco que tenga salida porque no podés decir cosas terribles sin salida. Pero no soy light, jamás lo fui. Provoco, pero doy salida y no es tan fácil que me entiendan. Un funcionario me dijo una vez: ‘Yo no sé si vos hablás bien o mal de nosotros’, y yo le contesté: ‘Vos no entendés metáfora, tenés que estudiar más’. Nunca más trabajé para ninguna entidad, me corrieron de todos lados... porque digo lo que pienso”, sentenció.

Frases como ‘al final era el dinero y no la ideología’ o ‘te recomiendo la verdad, el mejor atajo es otra dirección’ se cuelan como fundamentales en las canciones de su obra, y hoy, sin alinearse a ningún movimiento, ‘políticamente incorrecta’, el ‘ista’ que sigue definiendo a Cristina es, sin dudas, el ser netamente: una artista.


Perfil

Cristina Solís
Actriz. Artista plástica. Escritora
Cristina Solís nació en Posadas, donde actualmente reside. Estudió Bellas Artes en Buenos Aires y en 1989 se recibió de actriz nacional en la Escuela Nacional de Teatro y títeres de Rosario. Es creadora nata con una metodología a la que llama “inspiración fantástica”. Trabaja como docente de teatro, danza y plástica en escuelas y universidades. Sus obras más conocidas: Los caminos del deseo, Diferencias en colores, El silencio, trilogía de  épicas, entre otras, Luna 5: libro arte. 

 

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