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Ariel

domingo 26 de noviembre de 2023 | 3:42hs.
Ariel

En el barrio Primero de Mayo, de Puerto Iguazú, donde la selva linda con las precarias viviendas de gente que le ha ido ganando al monte espacios para vivir, lejos, muy lejos del fulgor esplendoroso que convierte a la ciudad en la meca soñada de todo turista que se precie de haber viajado por el mundo, en un domingo soleado que pinta para la fiesta en familia, temprano aún, la mejor hora para trabajar, cuando al periplo del sol le falta para castigar con toda su fuerza en estos trópicos, el Negro Ariel se fijó que las chapas nuevas que ¡al fin! había podido comprar, calzaran bien, bajo su implacable mirada de entendido en estos asuntos.

Cuando el dolor de sus piernas se hizo sentir con fuerza por su incómoda posición de trabajo, se sentó sobre el todavía precario techo, estirándolas, para mitigarlo.

Pasó un par de minutos contemplando su faena lo que le hizo exclamar con satisfacción ¡Está quedando! Y una alegría infantil le fue ganando el alma. Luego, caviló con amargura. ¡Cuántas madrugadas descubriendo goteras nuevas en ese techo de chapas herrumbradas y podridas por el tiempo! Sintiendo que se inundaban de humedad sus hijos y el reproche mudo de su compañera que, repitiendo siempre la misma mentira, con palabras de "yo lo arreglo", para despreocuparlo, pero dejando ver en sus ojos mansos, la pesadumbre que dá la pobreza, soportando la impotencia de los necesitados, esperando un mañana que tarda en llegar y, sin remedio ninguno, dejando su casa rumbo al trabajo. Mejor, no pensar.

Dejó vagar su mirada en el remolino de aves en la arboleda cercana y sintió que también él, era un pájaro haciendo su nido.

La quietud trocó en furia al recordar al funcionario de tierras, que andaba pidiendo papeles de tenencia y esas cosas.

¡Tenencia! Como si un papel pudiera justificar la injusticia de trabajar y no tenerla.

Por más que insistan, murmuró para sí, de acá, no me sacan más.

Y con tozudez y fe y esperanza, volvió a su trabajo.

 

Cruz Omar Pomilio

El relato es parte del libro Cuentos Misioneros IV. Pomilio reside en Puerto Iguazú y ha publicado Cicatrices del alma (poesía), La licorera y otros cuentos y Los 33, (novela), entre otros.

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