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Día del Inmigrante con sabor amargo

miércoles 04 de octubre de 2023 | 6:00hs.
Día del Inmigrante con sabor amargo

El día 4 de septiembre pasado se celebró el Día del Inmigrante. Efeméride que vio la luz en 1949 mediante el Decreto Nº 21.430, recordando aquella otra resolución del Primer Triunvirato de 1812, que fomentaba la inmigración en este extremo sur de la América que buscaba independizarse de España, fomentando la acogida a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio, asegurándoles el pleno goce de todos los derechos.

Desde ese día se honra el aporte histórico y cultural que las y los inmigrantes tuvieron y tienen en el suelo patrio.

En esa línea, Argentina, fue de los países que más inmigrantes recibió entre 1880 y 1930. Si bien en términos absolutos la cantidad fue inferior en comparación a los que se dirigieron a los Estados Unidos, la Argentina fue el país que tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total. Tal es así que, de los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por extranjeros.

Se recuerda que en 1876 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda se promulgó la ley de “inmigración y colonización”. En sus fundamentos exponía: no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes.

Refiriéndose a Misiones Gonzalo Peltzer nos dice: Es el lugar donde se consigue la mezcla casi perfecta de americanos originales y de todas las razas del mundo que se quedaron pegados en la Tierra Colorada. La historia es larga, desde los aborígenes (que todavía no se sabe bien de dónde llegaron a América), los guaraníes que vivían soñando con la Tierra sin Mal; de misioneros que se llamaban así por su misión y le imprimieron la marca a Misiones; de su expulsión injusta y codiciosa que dejó a los guaraníes a merced de esa misma codicia; de la unión de los reinos de España y Portugal y de la separación, 60 años después, que marcó nuestra América para siempre. Después vinieron el Ejército de Belgrano, el de Guacurarí, las tropas de la Guerra Grande, la Trinchera de San José y la gran migración de fines del siglo XIX. Todos aportaron al crisol de razas que hoy nos identifica y que seguirá dándole a Misiones esa identidad que nos distingue y nos une a la Argentina y a Nuestra América.

Después de la diáspora guaranítica, urgentemente, Misiones, debía poblarse para protegerla del sempiterno asedio lusitano. Ya no estaba Andrés Guacurarí y Artigas, el General Indio, para cuidar sus fronteras. Entonces nada mejor que enviar gringos europeos para que se afincaran, colonizaran y levantaran pueblos. Es decir, hombres, mujeres y niños desarraigados para que se arraigaran. La primera oleada oficial organizada por el gobierno comenzó en l883 en la zona sur de Misiones, donde antes se habían desarrollado los pueblos jesuitas: Concepción, San José, Apóstoles... cercanos al río Uruguay. La colonización privada, -a través de compañías colonizadoras formadas al efecto- se dio inicio en 1920 y se distribuyeron sobre la ruta 12 bordeando el Paraná, teniendo de epicentro a Eldorado. Una tercera, extraoficial, se asentó simplemente cruzando los ríos: grupos de europeos, brasileros y paraguayos. Luego de la segunda guerra mundial vinieron los japoneses y en los noventa coreanos y chinos de Taiwán. Los laosianos llegaron no como inmigrantes sino con el estatus de refugiados. De esta forma, la Provincia de Misiones, se erige en fiel exponente y paradigma del asentamiento de seres venidos desde distintos puntos del planeta. La de mayor conglomerado de razas, “el crisol según los poetas”, la más cosmopolita en componentes de nacionalidades. Quien esto escribe desciende de un nieto de españoles y una paisana correntina. La Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá, se ha convertido en la fiesta por antonomasia de las colectividades extranjeras asentadas en Argentina.

Estudios han determinado que la inmigración fue fomentada por la Constitución de 1853 y por el proyecto de organización nacional de Alberdi, Mitre y Sarmiento, que buscaban poblar y civilizar el territorio con mano de obra europea. Pero también la inmigración generó conflictos, desigualdades y movimientos obreros que desafiaron el orden establecido por los conservadores.

Según cálculos la Argentina tiene hoy más de dos millones de inmigrantes, la mayoría provenientes de países limítrofes, pues se terminaron las migraciones de europeos en masa de los siglos pasados caracterizadas por distintas situaciones según el contexto económico, político y social y por sobre todo debido a las grandes guerras.

Hoy, la situación en Argentina es al revés. Se observa con estupor como hijos de esta bendita tierra emigran a otros países en busca de mejores horizontes que aquí ya no tienen. Oleadas de argentinos emigran con una característica particular:  son jóvenes calificados que tendrá un alto costo para el país. El sueño de emigrar se generaliza motivado por la crisis recurrente sin viso alguno de solución. En este presente más de un millón de argentinos están radicados en el exterior; diáspora impensada en los hombres de 1880 que abrieron las puertas de una Argentina próspera para que entraran migrantes cansados de hambres y miserias.

Es que la mishiadura llegó a nuestra Argentina. Según datos del último Indec, en 40 años de democracia el 40% de la población vive en la miseria. El índice de pobreza alcanzó a 18,4 millones de compatriotas, y 4,3 millones con lo que ganan no les alcanza para comer todos los días. Indigna que el 56% de los menores de 14 años son pobres y que de cada 6 de 10 adolescente viven en hogares pobres, agravado por la altísima inflación que será más crítica al termino del año.

El futuro de estos chicos hambreados es malísimo si repasamos el párrafo del libro “Usar el Cerebro” de Facundo Manes: *La neuroeducación tiene como objetivo el desarrollo de nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje, al combinar la pedagogía y los hallazgos en la neurobiología y las ciencias cognitivas. Se trata así de la suma de esfuerzos entre científicos y educadores, haciendo hincapié en la importancia de las modificaciones que se producen en el cerebro a edad temprana para el desarrollo de capacidades de aprendizaje y conducta que luego nos caracterizan como adulto*.

Esto se dará en los niños bien alimentados de hogares normalmente constituidos. No para chicos mal alimentados de las villas miserias de escasa o nula capacidad cognitiva.

Por eso lo del sabor amargo en el Día del Inmigrante.

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