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Helena y la flor

domingo 27 de noviembre de 2022 | 6:00hs.
Helena y la flor

Ese día al salir de la Facultad de las Cosas Inútiles luego de matricularse en el curso de Historia Decodificada del Renacimiento Conceptual, Helena se detuvo a contemplar una flor de color indefinido cuya tonalidad variaba según el lugar desde donde se la mirara. Sobresalía entre todas las que bordeaban el sendero de acceso a la galería principal del edificio de la Universidad Humanística, Científica y Tecnológica de Oberlandia, y al moverla, la brisa proyectaba destellos luminosos sobre la sombreada quietud del parque.

 Las clases comenzarían la semana próxima y aún no había decidido cuál sería el camino más apropiado para encarar la ida a la Facultad y el regreso a su departamento ubicado a tres cuadras al oeste de la ciudad universitaria. Ingresando al predio por el acceso del noroeste debía recorrer ese largo tramo de corredores, pasillos y galerías hasta desembocar en el salón “Gran Maestro Pitágoras” donde habría de dictarse el curso  de HDRC.

Observó a la flor detenidamente y al mudar de posición para apreciar el cambio de color de sus pétalos, alguien le preguntó  – ¿Vienes de la clase de historia…? Helena  levantó la cabeza  tratando de detectar entre cientos de estudiantes que entraban y salían de las aulas, de quién provenía la voz que la interrogaba, sin ver a nadie en las cercanías. Estaba sola. Volvió a escudriñar los alrededores y nuevamente, como al pasar, la voz se dejó escuchar…

– Por seguir viendo al profesor más hermoso que jamás haya pisado un claustro universitario, y escuchando su voz de ruiseñor y canario mirlo y jilguero articulando excelsas definiciones y novedosos conceptos, aquí me ves convertida en una flor…

Irguiéndose sobre sí misma Helena extendió la mirada en todas direcciones buscando a la persona que le hablaba sin encontrar a nadie. Sorprendida y casi al borde del miedo recordó  las últimas e inquietantes palabras  “…aquí me ves convertida en una flor…” y una flor tenía frente a sí, de pétalos aterciopelados y perfectos, vivaz, casi inquieta, por momentos de un rojo intenso y por momentos tan blanca como el lazo de organdí que sujetaba sus negros y relucientes cabellos. Intentó alejarse de allí pero la voz la retuvo.

– No temas… soy una simple flor perenne que ha decidido quedarse aquí para siempre o hasta que los dioses de las flores lo dispongan… solo para verlo y escucharlo… ¿Te parece tan malo?

– No… no me parece malo… solo extraño… ¿Por qué no puedo ver a quien me habla? -preguntó-  sin darse cuenta de que se había involucrado en un diálogo imposible. 

 – Me estás viendo…  -replicó la voz- Soy la flor que está ante tus ojos… una Dahlia Pinnata, pertenezco a la familia de las asteráceas y me llaman la flor del amor… por amor decidí quedarme aquí.

– No es posible - dijo Helena- debe haber algún truco, alguien oculto con un micrófono que me habla sin que lo pueda ver, quizá para captar los efectos que provoca un hecho tan irreal en quien lo vive.

– No hay ningún truco…   –explicó la flor-  ¿Tú sabes lo que es el amor? Por amor se buscan las piedras y se funden en un abrazo hasta lograr una forma nueva; se persiguen los mares y por alcanzarse se lanzan sobre las tierras que encuentran a su paso convirtiéndolas, a su vez, en mar; los vientos redoblan sus apuros y al encontrarse sacuden el mundo para limpiarlo de hollines, humos y dióxido de carbono y luego se adormecen en la serena quietud de la brisa; las nubes se juntan, se condensan y se precipitan sobre los sembrados para llegar transformadas en frutos a las mesas de los humanos… por amor me convertí en una flor… y  probablemente lo harás tú también luego de conocerlo…

– No sé a quién te refieres… además, todo esto es un disparate, las flores no hablan y no se enamoran de las personas -si es una persona ese sujeto a quien identificas como un profesor con voz de pájaro…

– Alguna vez fui una joven como tú, estudiante de Historia Decodificada del Renacimiento Conceptual, pero terminó el curso y no pude irme, decidí permanecer aquí porque en otro lugar, sin verlo y sin escucharlo, moriría.

– Una muchacha no decide así como así convertirse en una flor… y menos aún, podría hacerlo. Debo irme… y Helena retomó el camino hacia el oeste sintiendo sobre sus espaldas el peso de una extraña mirada. Esa noche no pudo dormir, Dahlia Pinnata volvía una y otra vez a visitarla y a pedirle que, después que conociera al profesor de HDRC, regresara y le dijera qué impresión le había causado. Sin darse cuenta empezó a contar las horas hasta el primer día de clases en que conocería al hermoso catedrático con voz de pájaro mezcla de ruiseñor y canario mirlo y jilguero.

Llegó temprano al aula y se acomodó en el último asiento libre de la primera fila. El salón estaba casi lleno y las chicas y muchachos cuchicheaban por lo bajo. Entre los murmullos alguien preguntó ¿pudiste verlo?... te juro que casi me desmayo cuando se dio vuelta a mirarme… En ese momento, como rodeado de presencias invisibles e iluminado por reflectores conectados a los remotos tableros de la historia, ingresó al recinto el laureado profesor especializado en el descifrado de los códigos renacentistas.

Helena tuvo la sensación de que tenía ante sus ojos una divinidad con forma humana; un raro ejemplar de hombre con signos de haber vivido mil vidas aunque aparentaba tener cualquier edad entre treinta y cinco y cincuenta años; alto, apuesto, de tez ligeramente morena, semblante armonioso y poseedor de la sonrisa más bella que había visto en su vida. Quedó prendada de su encanto… ¿Será humano? –se preguntó y observándolo disimuladamente concluyó que sería un ser escapado de los arcones de la mitología devenido en profesor para ayudar a sus alumnos a encontrar sus destinos de dioses…

Se dio cuenta que estaba divagando en un estado similar a la hipnosis y para despegar de allí centró la atención en detalles menos inquietantes, el profesor gesticulaba con frecuencia y con la amplia sonrisa anticipaba la contundencia de la frase que inmediatamente dejaría caer sobre la concurrencia. Escuchando su voz de pájaro se vio a si misma formando parte de un diálogo sideral, iniciando paseos interestelares y realizando largas caminatas por las nubes. Tuvo la sensación de que sus ojos dejaban caer lágrimas de la fuente sagrada sobre sus mejillas y que con el profesor eran un solo corazón latiendo en la vastedad del espacio infinito; una corriente marina transportando el alma del océano a la quietud de la bahía; el navío y  el navegante confundidos en un solo cuadro elevándose sobre las olas del tiempo.   

Y el tiempo pasó. El curso terminó pero Helena permaneció en el lugar aunque el profesor de la voz de pájaro desapareció de la Facultad de las Cosas Inútiles. Se supo de su paso a la Facultad de Ciencias Muertas donde dicta la cátedra “Elementos Constitutivos de la Atracción de los Cuerpos y las Sustancias”. En los canteros que bordean el sendero de acceso al salón “Gran Maestro Pitágoras” ha brotado una nueva flor, llamativamente blanca y en forma de lazo. La llaman “La flor de Organdí”.


Nielsen es cuentista, poetisa y compositora de música. Tiene varias publicaciones y participó en antologías.

Norma Nielsen

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