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El Pin Malvinero

domingo 27 de noviembre de 2022 | 6:00hs.
El Pin Malvinero

“Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar…” Entonaban fervientemente los vecinos de Jardín América al ritmo de la banda militar mientras estruendosos aplausos de reconocimiento emocionaban los pasos de los Veteranos de Guerra de Malvinas, quienes orgullosos, desfilaban por la avenida principal sosteniendo una bandera Argentina de cien metros de largo. 

Agustín, un estudiante de 6º año de la EPET Nº 7,  soltaba las amarras de las lágrimas mientras los héroes pasaban frente a su formación escolar. Semanas atrás  había preparado un video educativo para sus compañeros de curso recordando los 40 años de la Gesta, recopilación histórica que lo había conmovido profundamente.

—¿Por qué llorás fiera? Parecés una nena —le reprochó David, su compañero de estudios, con un acento cargado de mofa.

—¡Es algo que me supera capo! —le respondió entre sollozos—. Estos hombres fueron a la guerra cuando tenían nuestra edad. ¿Te ves vos en el sur argentino temblando de frío, muriéndote de hambre, con armamento arcaico y recibiendo fuego tecnológico de los ingleses por mar y aire? Y no estoy hablando de las batallas virtuales de los jueguitos de la play. Me refiero a una guerra de verdad como la de Rusia contra Ucrania, donde bombardean sin piedad y se “re zarpan”.

La charla se volvió repentinamente tensa. Pintando un óleo de seriedad, David se tomó unos segundos para responder.

—Yo no me veo en ninguna guerra. Tampoco conozco el sur argentino. Ni siquiera sé bien donde queda Inglaterra. ¡Mal ahí!

–¡Si, re mal! Mi viejo me contó que la guerra fue un gran error, que los militares que gobernaban en ese momento la declararon para prolongar su decadencia, y lo hicieron despertando el sentimiento patriótico de los argentinos. Pero la derrota de Malvinas, la muerte de tantos soldados jóvenes y su responsabilidad en el mayor genocidio de nuestra historia,  hicieron caer a ese gobierno.

—Algo de eso también lo escuché decir a mi viejo. Menos mal que este conflicto “ya fue”. Si hoy Argentina entra en guerra y el ejército nos llama para alistarnos, sin dudas “me rajo” a Paraguay y “ni ahí” que me van a encontrar.

—¡Qué bobo que sos y estás diciendo cualquiera! Nuestros héroes acaban de pasar y vos ni siquiera los aplaudiste. Ellos defendieron con coraje nuestra Patria y no huyeron como ratas. Muchos dejaron sus vidas en las Islas. Se merecen el mayor de los respetos. Y vos te merecés un cero en historia y un cero en valentía.

En ese momento, un hombre alto con rostro adusto tocó el hombro de Agustín. No necesitaba presentación. Las medallas que exhibía en su pecho anunciaban la presencia de un excombatiente. El joven sorprendido lo saludó afablemente.

—¡Buenas jefe! ¿Todo bien?

—Hola muchacho. ¿Cómo estás? Me llamo Osvaldo González, veterano de guerra del Municipio de El Soberbio. Estaba cargada la ruta y llegué tarde al desfile. Pero lo observé junto a ustedes y no pude evitar escucharlos. ¿Cómo te llamás?

—Agustín jefe.

—Agustín, quiero agradecerte por los conceptos que vertiste sobre nosotros. Realmente muchas gracias.  Es muy cierto lo que comentabas. Malvinas fue una guerra injusta, improvisada y decidida bajo los efectos del alcohol. Muchos soldados regresamos con estocadas en el alma y otros quedaron custodiando con su sangre nuestra perla austral.  ¿Sabés cuál es la diferencia entre los soldados de San Martín que combatieron en la guerra de la independencia y nosotros que combatimos en Malvinas? La diferencia es nuestra presencia terrenal. Ellos están en el bronce de alguna plaza,  en la letra de una canción patria o en el cartel de alguna calle. Nosotros estamos trabajando en las fábricas, enseñando en las escuelas, sirviendo en alguna fuerza de seguridad y morando en algún barrio como buenos vecinos. Pero  lamentablemente cada vez somos menos. Llegará el día en que concluirá esta circunstancial diferencia y el desfile de excombatientes será sólo un recuerdo, una remembranza, una anécdota valiosa que le contarás a tus nietos.

Agustín lo escuchaba y su rostro dibujaba un crepúsculo de admiración.

—Te quiero obsequiar este pin. Me lo entregó el Ejército. No hace falta ser excombatiente para usarlo, basta ser argentino y recordar siempre la Gesta de Malvinas en honor de los 649 héroes que cayeron en combate y los cientos de camaradas que a su regreso se suicidaron por no haber encontrado contención en su mismo país. Pórtalo siempre con orgullo. Y no olvides jamás que las Malvinas son y serán siempre argentinas. ¡Viva la Patria!

González se despidió del estudiante y marchó hacia la plaza para saludar a sus camaradas. Agustín lucía en su pecho el pin malvinero y un insondable  sentimiento patriótico lo abrazó con ímpetu. Desde entonces recorre las escuelas con su video explicando a sus iguales la importancia y el legado de la Guerra de Malvinas.

 

Inédito. El relato forma parte de un próximo libro a editarse. Rodríguez ha publicado Cuentos con Esencia Misionera y Poemas con Esencia Misionera.

Marcelo Rodríguez

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