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Pombero en el maizal

domingo 13 de junio de 2021 | 6:00hs.
Pombero  en el maizal

¡Mirá si nos va a hacer tragar el sapo! Que se vaya con el cuento a otros. Que lo que soy yo. Seguro que el Antonio apareció otra vez. Y eso que le dije. Más vale que no se entere tu padre. Pero claro, de todas maneras se va a enterar. Cuando la panza ya no se disimule.

Guainita de porquería, mal aprendida, como decía mi abuela, que mal enseñada no fue. Cuidate. No te dejes engañar. Mirá que los hombres solo quieren una cosa. Lo malo es que yo ya no estoy para cuidar bebés. Ella qué sabe! Catorce años! Al menos yo ya tenía diecisiete. Y qué Pombero ni que ocho cuartos. Nos plantamos frente a papá y él dijo: nos vamos a vivir a mi rancho. Yo soy trabajador, tengo un terrenito. Y dos vacas. Y algunos chanchos. Y gallinas. Y nos fuimos nomás.

Casilda rememora aquel día, precisamente en el maizal, ella meta carpir, toda transpirada. Y el Venancio que pasaba a caballo. Le pidió agua, del bidón que tenía cerca. Se bajó. Charlaron. Ya se conocían del baile en la colonia. El tenía esa mirada pícara, le sacó una ramita del pelo. Y risa va, risa viene…Comenzó a pasar casi todos los días. Hasta que ella notó que el vestido le ajustaba en la cintura.

¡Mocosa mentirosa! En vez de quedarse a cuidar a sus hermanos, qué tuvo que ir al maizal. Choclos no había. Y, por las dudas, nunca la mandamos a carpir los yuyos. Es que una no puede andar vigilándola todo el día. Ahora cómo le digo al Venancio que habrá una boca más. Como si no fuera suficiente ya. Menos mal que en el hospital me ataron no sé qué trompas. Casi me morí con el último. Y mis piernas, todas reventadas de várices. Pero yo voy a descubrir quién se anda haciendo pasar por el Pombero. La voy a dejar sola una siesta y la voy a seguir. A mí no me va a joder. Y encima me dijo que era rubio de ojos verdes! Ché, ¿no será el Yasí? Porque ese es el que anda cuando el sol raja. Y yo escuché más de una vez el silbido.

Casilda mete las manos en el agua jabonosa de la pileta que está en pleno patio, debajo de un paraíso. Friega con fuerza la ropa encardida de los gurises todos varones. Desde allí divisa el maizal verde que ondula suavemente y eleva sus penachos prometedores de buena cosecha. Sí, ve que las plantas se mueven, aunque no hay viento. Su vista cansada alcanza a divisar – o a lo mejor solo imagina- un sombrero de paja que se aleja.

Debo de estar soñando. ¡Qué Pombero ni Yasí! Aunque tenga que recorrer todas las chacras, ya me voy a enterar de quién anduvo haciéndose el vivo!

De próxima edición “Pombero en el maizal y otros cuentos. Escalada Salvo ha publicado más de treinta libros de cuentos, poemas, novelas, teatro y antologías compartidas.

Rosita Escalada Salvo

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