sábado 15 de mayo de 2021
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El resurgimiento del parkour

Una comunidad que se desplaza con gracia y espíritu solidario

En distintos barrios, con puntos de encuentro o en soledad, la disciplina acrobática gana fuerza en la búsqueda de generar lazos y obtener un espacio propio

domingo 02 de mayo de 2021 | 6:05hs.
Una comunidad que se desplaza  con gracia y espíritu solidario
Moverse de un punto a otro con agilidad y eficacia, la clave de la práctica del parkour. Fotos: Marcelo Rodríguez
Moverse de un punto a otro con agilidad y eficacia, la clave de la práctica del parkour. Fotos: Marcelo Rodríguez

“Tienen que tener confianza para volar’’. ‘‘No subestimen a las cosas fáciles’’, ‘‘No piensen que porque les sale una, dos, tres veces no les va a salir mal, sobre todo cuando se confían’’; son algunas de las enseñanzas que arroja Edgardo Vallejos (29) a unos pequeños saltarines preadolescentes. Es en el marco de una clase de parkour, una tarde en Villa Sarita.

En la esquina de las calles Amalia Vera y Moritán funciona el Centro Cultural Acróbatas Libres, donde se emplaza la Escuela Integral de Parkour y Acrobacia. Allí, entre pallets y cerca de los que eligen elevarse sobre la tela, están los que evolucionan en el arte del desplazamiento, el parkour. Si bien hay chicos desde los 4 años, la técnica se afianza en los más grandes, que entre 8 y 12 buscan perfeccionar cada paso antes de lanzarse.

Pero mientras la disciplina crece y se vive naturalmente en estas familias, muchos otros practicantes debieron asirse de videotutoriales, prueba y error y otras herramientas autodidactas. Es el caso de la mayoría de los que integran la gran comunidad del parkour en Posadas.

Mauro Dos Santos (16) por ejemplo comenzó a practicar saltos y piruetas en el patio de su casa. A pesar de que es un apasionado del fútbol, en el parkour encontró el sentimiento amigable y de pertenencia que no le dio otro espacio. Por su contextura física de niño, explicó, sufría constante bullying, en especial al hacer ejercicio. Con disciplina y determinación hoy es un acróbata sano, ágil, veloz, curioso, respetuoso y motivador.

Cristhian Díaz (18), en tanto, si bien tiene una trayectoria en varios deportes e incluso es instructor de rugby, también tuvo un acercamiento al parkour, con horas de práctica en soledad. 

Los chicos encontraron en el grupo independiente- que se reúne en las calles posadeñas -una comunidad de aliento y apoyo permanente que busca seguir creciendo y conseguir un espacio propio en detrimento de quienes aún desconocen los alcances de la práctica e incluso la miran de reojo. Padres atemorizados por las posibles lesiones, vecinos preocupados por el deterioro de las luminarias, son algunos prejuicios con los que aún queda lidiar amablemente.

Más allá de los trucos particulares, el equilibrio y el cuidado de las articulaciones, la síntesis del parkour es moverse de un punto a a otro con agilidad, de una forma segura y eficiente. Tras la eficiencia, se le suma alguna ‘pirueta’, y se convierte en arte.

Hermanados con el tricking, las dos disciplinas se pueden combinar y se busca probar nuevas destrezas e intercambiar saberes.

‘‘Primero preparás al cuerpo, lo entrenás de una forma progresiva’’. refiere Eddy sobre lo que permite generar la confianza y la conciencia antes de dar el salto. Si bien hay grupos segregados en los barrios, chicos que lo practican sin saber que tiene un nombre, el parkour en Misiones tuvo un auge, decadencia y ahora resurgimiento.

Según Edgardo, oriundo de Santo Pipó, encontró la disciplina como estudiante universitario en Posadas. Encuentros Provinciales, un gran espacio de práctica propio (como lograron los skaters y bikers), nichos en los barrios, son alguna de las añoranzas del grupo actual. El eje está siempre en la solidaridad con el compañero, en crear un ambiente en el que se pueda crecer física y psicológicamente. ‘‘Hay un desafío de cuidar a los que recién están empezando. No es lo mismo saltar solo que con la seguridad de un compañero’’, alegó Eddy.

‘‘Me dieron más confianza, no hay burla sino más enseñanza’’, postuló Cristhian sobre el grupo con el que entrena. Además, siempre que puede, hace conocer su arte en el barrio o la escuela. Los más chicos le piden constantemente que enseñe sus destrezas.

Aunar esfuerzos, afianzar los grupos, no cesar en las gestiones y seguir dando a conocer el parkour son objetivos que los chicos persiguen. En ese marco, Estado, instituciones deportivas  y organizaciones de gimnasia artística se mantienen atentas para ver cómo incorporar a esta disciplina, que si bien reúne sus reglas, se pregona libre. 

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